Rosario Guerra

Cambio

Mucha gente votó por un cambio radical, por uno que desterrara abusos y corrupción, que acortara la brecha de la desigualdad social, con crecimiento económico y empleo.

Mucha gente votó por un cambio radical. Por uno que desterrara abusos y corrupción, que acortara la brecha de la desigualdad social, con crecimiento económico y empleo. Con más justicia, libertades y menos muertos, incluidos feminicidio. Artistas, intelectuales, servidores públicos, periodistas, estudiantes, maestros, organizaciones de la sociedad civil, miles estuvieron convencidos de que el cambio, el único posible, era AMLO. Momento de darle la oportunidad de cumplir 18 años de promesas. Ganó para hacer el cambio.

¿Qué cambió? Primero la destrucción de NAICM, por corrupción, no demostrada, por un aeropuerto con problemas de operación del espacio aéreo. Había que pagar a inversionistas, Afores incluidas y se subió el TUA (tarifa aérea) a más del doble y se encarecieron vuelos. Se acabó con el PND y se publicó un manifiesto político. Luego vinieron las ayudas, desaparecieron otros programas como guarderías, comedores comunitarios, refugios de mujeres. Cayeron ingresos tributarios. Se dispuso del Fondo Estabilizador para salvar superávit. Después cambió el seguro popular por un nuevo instituto que no funciona. La distribución y fabricación de medicamentos e insumos se pensó corrupta y se rompió la cadena de abasto.

Más cambios, vino el Covid-19 y se dijo serían seis mil muertos, catástrofe serían 60 mil, vamos en más de 200 mil. Las medidas sanitarias se minimizaron y crecieron contagios. Vinieron los cierres. Llegó la protesta americana por romper cadenas productivas y se reabrieron las fábricas. Los restauranteros abrieron sin permiso. No hubo medidas anticíclicas para ayudar empresas y empleo. Luego desaparecieron todos los fideicomisos públicos, también por corrupción no demostrada, y se acabaron apoyos a ciencia, tecnología, arte, cultura, intercambios, becas. Ante protestas se dijo seguirían apoyos, pero no ha sido así.

Otros cambios. Un Presidente que no une a los mexicanos, sino que polariza a la sociedad con sus discursos. Una crítica y castigo a los libres pensadores, intolerancia a la pluralidad. Las mujeres insisten en el respeto a sus derechos humanos y se alzan muros, sin diálogo ni remedio. Una serie de leyes violatorias a la Constitución: la de Banxico. Las que regresan a los monopolios caros e ineficientes. Una industria eléctrica contaminante y cara, que desplaza energías limpias. Una nueva ley de hidrocarburos que pretende acabar con sociedades de Pemex, barril sin fondo. Una refinación de gasolinas cara y mala. El abandono de la exploración y la explotación de petróleo, sin las herramientas modernas.

¿Qué más cambió? El desarrollo económico. Perdimos 2 millones de empleos. Ya recuperamos uno. Cayó el PIB en 8.5 por ciento y la inversión privada apenas llegó a 11 por ciento, cuando los niveles necesarios son de al menos 25 por ciento.

Más cambios. La austeridad republicana redujo el servicio público y corrió burócratas. La amenaza a los órganos autónomos, cierre al diálogo con gobernadores por falta de apoyo en Covid-19 e infraestructura. La presión al Poder Judicial para pasar sobre el Estado de derecho. Aunque vamos a recuperarnos y crecer en 2021, la inversión extranjera se retira. Ya no estamos en los 25 destinos recomendados por ilegalidad e incertidumbre.

¿Qué no cambió? La corrupción, el hermano, la prima, las adjudicaciones de obras públicas, la militarización del país, el aumento de la pobreza, con 12 millones más. Las prácticas clientelares sin padrones, ni supervisión.

¿Qué cambio necesitamos? Uno en el que impere el Estado de derecho, que impulse empleo e inversión. Uno que realmente proteja derechos humanos de minorías y de mujeres. Que destierre impunidad en feminicidios. Que respete pluralidad y sus expresiones a manifestarse, a publicar, a marchar. Uno que destierre calumnia y mentira como forma de debate. Uno que sea austero, pero eficiente. Uno que no juegue a acabar con corrupción y solo tienda un velo a sus actos. Uno con transparencia de las políticas públicas.

Un cambio para abatir desigualdad, con política social que rompa círculos de pobreza y que no la perpetúe. Uno que respete la división de poderes, que reconozca el profesionalismo de los órganos autónomos, que dote de recursos a universidades públicas y no invente universidades ‘patito’ que frustran sueños. Uno que permita la tolerancia como forma de reconocer la pluralidad y se comprometa a respetar lo diverso que nos caracteriza sin condenas.

Hoy la prioridad para cambiar se centra en dos temas: tu voto el 6 de junio y el respeto al INE como árbitro del proceso. Si, el mismo que ratificó el triunfo de AMLO en 2018.

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