Rolando Cordera Campos

Por los filos de la sierra

Se esperaba que con los años de aprendizaje en Morena tendríamos un gobierno de clara inclinación progresista, de justicia social, eficiente y transparente. No fue así.

Qué bien que nos acerquemos al cierre de una gestión presidencial que, hasta hoy, podríamos decir estará coronada por un crecimiento prácticamente inesperado de la economía, con tasas de inflación estables o a la baja y una cascada de anuncios de nuevas y promisorias inversiones.

Qué mal que este fin de ciclo gubernamental se concentre, una vez más, en el atrabiliario y atrabancado discurso presidencial y sus huestes contra jueces, ministros y magistrados, hostilidades que llevan a un juego “perverso” como lo calificó José Woldenberg en su artículo del pasado martes en El Universal. Arremetida verdaderamente agresiva, orquestada desde las cúpulas del Poder Ejecutivo, festivamente coreada por quienes forman filas en ese curioso ‘ejército’ que sostiene la gran coalición morenista.

Así las cosas, poco en verdad que celebrar y mucho para preocupar. Para empezar, cuestionarnos si esta guerra, hasta hoy todavía simbólica entre dos de los poderes del Estado, no tendrá repercusiones negativas sobre el todavía temeroso cuadrante de las inversiones y las decisiones que las acompañan y anteceden; si no pone en abierto riesgo el mapa de proyectos que contribuya a recuperar el interés y la respetabilidad que México logró y que sus propietarios, incluidos los habitantes del llamado sector público de la economía, pudieron disfrutar por un buen número de décadas: un desarrollo que muchos calificaron de ‘milagro’ que, sin embargo, no pudo hacerse cargo de sus propios éxitos.

Para no pocos observadores, las críticas del ‘desarrollo estabilizador’ se centraban en una desigualdad de nuevo tipo que implicaba a los nuevos contingentes de trabajadores que se incorporaban, incluso en las actividades más productivas, opiniones que fueron creciendo en años en que los gobiernos ejercieron una represión desusada y, después de la agresión al movimiento social encabezado por los ferrocarrileros de Demetrio Vallejo, el Estado precipitó su estruendosa caída política tras las salvajes agresiones a las universidades, los universitarios y la criminal ‘solución’ que quiso imponerse el 2 de octubre.

Años tristes y duros a partir de los que, como nos lo recordara don Jesús Silva Herzog en un mensaje leído por su hijo Jesús, “todo cambió” pero, por fortuna, de ese nudo represivo que implicaba la perdida de toda legitimidad de gobiernos que se veían a sí mismos como herederos directos y legítimos de aquella gloriosa revolución, que hasta Constitución nos dio, emergieron nuevos y grandes, esperanzadores movimientos proletarios de gran alcance, como el de la Tendencia Democrática de los electricistas encabezados por don Rafael Galván.

Asimismo, el sufrido y castigado campo mexicano auspició importantes e innovadoras iniciativas que buscaban ir más allá de la tradicional demanda agraria y, en un conjunto complejo y hasta contradictorio, el país volvió a vivir grandes jornadas de reclamo social capaces de absorber las ansias libertarias que llevaban a muchos jóvenes a optar por las armas y, al poco tiempo, verse aherrojados en los peores calabozos de lo que sus propios protagonistas bautizaron como guerra sucia. Ese reclamo social de tantas esperanzas no fue encauzado favorablemente y para muchos de esos nuevos proletarios no quedo otro camino que la informalidad laboral más indefensa o de plano la huida al Norte. Y en efecto, como dijera el maestro Silva “todo cambió” aunque sus beneficios e indudables avances no alcanzaran para todos.

Con el reclamo democrático inaugurado por los estudiantes en 1968, a un costo muy alto, se cultivó una veta de aliento y esperanza que aterrizó en un cambio político de grandes proporciones.

Tras años de estreno de reglas y acuerdos democráticos el país no podía cantar victoria, menos sentarse a contar y recontar triunfos y anécdotas como si eso de la vida democrática fuera obra terminada y no un sistema vivo. Imprudencia o miope interés que ha facilitado que la agenda de reclamos y carencias, acumuladas por años de mal crecimiento y peor redistribución de sus frutos, siguiera creciendo. En 2018, muchos esperábamos que con los años de aprendizaje y meditación de quienes ahora habitan Morena, tendríamos un gobierno de clara inclinación progresista, de justicia social, eficiente y transparente. No fue así.

Ahora, hay muchas voces bien intencionadas que alertan sobre un cercano desplome del régimen a medio construir de nuestra transición que, de serlo, sería un verdadero descalabro histórico para el que no estamos pertrechados.

Nuestra indefensión es clara, más nos vale hacernos cargo de ella pronto y con generosidad.

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