Rolando Cordera Campos

Más allá de los márgenes

El gobierno debe dejar atrás sus no pocas paradojas y prejuicios. Su caduco y oxidado nacionalismo económico y dar, a su convicción patriótica, el sentido desarrollista que a carecido.

En su columna de La Jornada del pasado lunes, León Bendesky habla del margen, o los márgenes, con los que cuenta la economía mexicana para “moverse” en medio de una recuperación difícil e incierta. Muy útil sin duda escoger el vocablo de margen para intentar el trazo de unas perspectivas no solo sobre la economía sino sobre todo la política.

Si el Presidente en sus reclamos contra “los conservadores” se refiere a que hoy poco queda de los márgenes económicos que nos heredaron los más de cuarenta años de aventura neoliberal, puede tener razón. Poco espacio por explorar y exiguos recursos a los que poder recurrir para acometer las tareas urgentes e inherentes a la recuperación y, sobre todo, a las que nos esperan si es que queremos retomar un curso efectivo y durable de desarrollo.

En la exploración de estos márgenes es poco lo que nos espera para tranquilizarnos. Hemos dejado atrás, sin que prive explicación alguna, las oportunidades de inversión que se abrían para el país al calor de su osada apertura y ahora corremos el peligro de incurrir en un mayor desperdicio frente al panorama abierto por el T-MEC y los deslizamientos geopolíticos que marcan la época. Casi de la noche a la mañana podríamos ser grandes proveedores, no solo de alimentos y materias primas sino de insumos industriales diversos. Pero para lograrlo es menester recurrir al tema vital de la política.

Sin economía política no hay modo, y sin política industrial no hay crecimiento ni ocupación. Opciones mayores que el país debe encarar y superar cuanto antes: ubicarse o no frente a la apertura. Disponerse o no a acometer las tareas de la integración regional implícitas en la renovación de nuestro acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá.

Encarar tales dilemas, implica que el gobierno deje atrás sus no pocas paradojas y prejuicios. Su caduco y oxidado nacionalismo económico y dar, a su convicción patriótica, el sentido desarrollista del que hasta hoy a carecido.

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