En enero de 2026, la mediana del consenso de analistas para la estimación del crecimiento del PIB de este año reportada en las principales encuestas del mercado se ubicaba alrededor de 1.5%. En los más recientes sondeos, dicha mediana tocó un mínimo de 1.1%, cifra similar a la que reveló Banco de México (Banxico) en su más reciente informe trimestral después de haber publicado una proyección de 1.6% en su informe previo. En INVEX, nuestra estimación se ha mantenido en 1.0% desde que inició el año.
Desde nuestro punto de vista, el 2026 empezó con un inusual optimismo. El presidente Donald Trump había relajado el tema de los aranceles al enfocar su atención en asuntos geopolíticos, comenzando con la captura de Nicolás Maduro en Caracas a principios de enero y el traslado del hoy exmandatario a una prisión de Nueva York. Al parecer, los temidos aranceles no habrían impactado negativamente sobre México y todo estaba listo para la revisión del T-MEC a mediados de este año. Una vez resuelta la incertidumbre del tema arancelario –o al menos eso pensaron muchos analistas– nuestro principal tratado se extendería con algunas concesiones y todo regresaría a la normalidad. En particular, todo apuntaba a que, además de un incipiente impulso a la economía brindado por la celebración de la Copa Mundial de la FIFA que arranca este jueves en la Ciudad de México, un panorama más claro para el T-MEC permitiría que se reactivara esa variable que lleva tantos meses deprimida a la espera de buenas noticias: la inversión privada.
Al parecer este optimismo se desvaneció. Y rápidamente. Todo inició con las declaraciones del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sobre revisiones anuales al Tratado México-Estados Unidos-Canadá en lugar de la ansiada extensión por 16 años más. Poco tiempo después, la modificación de “estable” a “negativa” que sufrió la perspectiva para los instrumentos de deuda soberana de nuestro país por parte de Standard & Poor’s (S&P) y la rebaja en la calificación de estos instrumentos por parte de la agencia Moody’s al límite del grado de inversión abonaron al pesimismo a pesar de que el tipo de cambio prácticamente no se movió después de estas noticias y las probabilidades de default (principalmente los credit default swaps) no aumentaron. Si bien todavía el país cuenta con 24 meses para evitar caer en el terreno de bonos inferiores a grado de inversión (también conocidos comúnmente como “bonos basura”), el panorama luce complejo.
Uno de los principales argumentos de las calificadoras para empeorar nuestra evaluación es la dificultad que enfrenta México para lograr la consolidación fiscal del déficit hacia niveles más bajos. No sólo se trata del subsidio al precio de las gasolinas, que sin duda ha contenido el avance de la inflación no subyacente, pero también obstaculiza el descenso del gasto. Los ingresos tributarios, en un entorno donde la inversión probablemente no repunte este año conforme a lo previsto, podrían crecer a una tasa menor a la proyectada por la autoridad hacendaria. Asimismo, habrá que ver si algunas negociaciones del T-MEC no perjudican las perspectivas de ganancias para la industria, principalmente la automotriz, sobre todo si se acepta la propuesta de incrementar el contenido de insumos producidos en Estados Unidos exclusivamente.
El panorama es complicado, aunque no catastrófico. Aún no se prevé una recesión para la economía mexicana porque precisamente, con todo y lo que se tenga que ceder en el terreno comercial, el comercio con Estados Unidos se mantendrá como un fuerte motor de la actividad.
Por otra parte, tampoco resulta sorpresivo que los estimados de crecimiento del PIB de este año continúen a la baja. De hecho, todavía podrían recortarse más. Y eso que no se tocó en este espacio el tema de la inflación, misma que muestra resistencia en la parte subyacente y se encuentra frágilmente contenida por el subsidio al precio de algunos combustibles en un entorno donde el precio del petróleo no cede debido a la falta de acuerdos concretos que permitan una total solución al conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Sin duda hemos vuelto al pesimismo. Lo bueno es que nada es permanente.