Sobreaviso

La disyuntiva

Se sabía que Rocha Moya era un lastre y un peligro, pero se decidió ampararlo, perdiendo la oportunidad de actuar sin titubeos y no al ritmo de la presión foránea.

No cabe el asombro. Era una bola cantada.

Desde hace mucho, el gobierno y Morena sabían que el gobernador sinaloense, Rubén Rocha Moya, era un lastre político y, peor aún, un peligroso frente que Estados Unidos podía abrir a gusto. Pese a ello, resolvieron no actuar cuando y como debían, sino --peor aún-- apoyar y amparar al personaje indefendible.

Increíble.

Ahora, gobierno y partido están ante una disyuntiva mayúscula, donde se jugarán su propio destino, implicando el del país en su conjunto.

***

En la muy difícil decisión a tomar en su respectivo ámbito de acción, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, y la próxima dirigente de Morena, Ariadna Montiel, no pueden perder de vista algo evidente: es nutrido el elenco de cuadros, legisladores, funcionarios y gobernantes morenistas, susceptibles de ser señalados allá y acá por vínculos con el crimen.

La mandataria y la dirigente no pueden confundir solidaridad con complicidad, unidad con impunidad ni depurar con contaminar. La disyuntiva es complicada y exige determinación. Es una decisión de enorme dimensión y trascendencia.

Patear el bote, ganar tiempo, argüir deficiencias jurídicas en la solicitud de extradición o atrincherarse en la idea de que es una balandrona más del megalómano del norte sin efecto… pondría en juego, ahí sí, la soberanía nacional.

Si el valor en juego era y es ese, el de la soberanía, se debió proceder sin titubeos contra quienes la exponían y exponen. Se perdió la oportunidad de actuar por sí, y no al ritmo de la presión foránea. Nomás falta que, sin aviso como ya se ha hecho, el trumpismo resuelva venir por Rocha y compañía o por otras personalidades políticas con olor a carne de reo.

***

Paso a paso, desde el inicio de la gestión de Donald Trump, el gobierno estadunidense fue configurando el escenario que hoy pone contra la pared al gobierno mexicano.

La clasificación de los cárteles criminales como grupos terroristas abría la posibilidad a Estados Unidos de actuar extraterritorialmente y, cierto, el gobierno mexicano reaccionó bien y rápido, al decidir ir contra capos y sub-capos del crimen. Sin embargo, a la política anticriminal se le puso por límite no ir contra los socios políticos de la delincuencia organizada y ese fue un gravísimo error. Con tal de no abrir el frente interno, se abrió el frente externo.

La disonancia entre la política anticriminal y la política anticorrupción era evidente y no pasó desapercibida al socio y vecino del norte. Menos aún, cuando a allá se enviaron sin apego a la normatividad que, ahora, se exige cumplir con todo rigor, a criminales de talla que, en aras de atemperar la pena que se les venía encima, aportaron información sensible sobre el borramiento de la frontera entre política y delito. Tan no pasó desapercibida esa incongruencia que, de forma reiterada, avisaron que luego de los criminales seguirían los políticos. Más claro ni el agua.

Era cuestión de tiempo esperar la segunda fase de la ofensiva que, ahora, pega en la línea de flotación del gobierno y el movimiento.

***

No sin razón, algunos morenistas denuncian la nueva ofensiva estadunidense como una injerencia, cuyo verdadero motivo deriva del fracaso de la gestión de Donald Trump dentro y fuera de los Estados Unidos, con el consecuente apuro electoral en que se verá en noviembre.

Es cierta y fundada esa denuncia, pero no basta acusarla para conjurar el peligro que entraña, sobre todo, cuando era obvio y evidente que México aparecía en la mira del megalómano. Por eso, no cabe el asombro. Si la nueva fase de la ofensiva contra México tenía y tiene aquel punto de partida, tampoco puede ignorarse que, igual acá, se priorizó la idea de asegurar el triunfo electoral de

Morena el año entrante, en vez de la de consolidar el gobierno. En los juegos de poder, la sensatez no siempre tiene espacio.

Los ajustes y cambios hechos en y entre el gobierno y el partido ponen de manifiesto, donde se quería poner el acento.

***

Cualquier decisión que tome la mandataria apunta a provocar una crisis política de considerable envergadura dentro de su partido y, quizá, una oportunidad a la oposición que no ata ni desata, y nomás grita.

Si, finalmente, se acepta detener y extraditar al gobernador de Sinaloa y la orquesta que lo acompaña, será un problema. Si se decide proceder en su contra y enjuiciarlo aquí para no enviarlo, será un problema. Si se decide darle largas al asunto, cualquier día el país se podría llevar una sorpresa mayúscula, sin margen de maniobra.

Asimismo, si tan pronto como el domingo, la nueva dirigente de Morena aborda o no el asunto será un lío, sobre todo, considerando que el gobernador Rocha Moya y el senador Enrique Isunza ya se parapetaron, tomando a la autollamada cuarta transformación e, incluso, al expresidente López Obrador como escudo, casi diciendo si me voy, nos vamos. Y, desde luego, no cabe pensar que por sí esos personajes de un paso al costado para no impactar al gobierno y al movimiento. Si no lo han hecho antes, menos lo harán ahora, cuando la cárcel aparece en su horizonte.

Pese a lo anterior, lo peor que el gobierno y el partido podrían hacer sería darle largas al asunto. La disyuntiva no es sencilla, porque en el fondo se trata de decidir con quién se quiere tener un serio problema. Y, en esa disyuntiva, serán clave los morenistas que, en verdad, creen en el proyecto que impulsan, sin hacer de éste un dogma inamovible o un espacio de veneración para quien fuera su líder. Los morenistas que advierten el peligro de convertirse en una agencia de colocación o en refugio de conversos o malandrines.

***

El tiempo apremia en todo esto y, ante la disyuntiva, será importante tomar decisiones antes que la situación empeore.

COLUMNAS ANTERIORES

Riendas firmes y sueltas
Desafíos de Morena

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.