Construyendo

¡Esas promesas traviesas!

La reforma energética de López Obrador nos retrocede en el tiempo al menos seis décadas de avances, que fueron construyendo un mercado en el que la competitividad empezaban a reinar.

Todos lo sabemos, a los políticos les encanta prometer, pero no siempre cumplir.

Los más irresponsables, con singular desparpajo lanzan promesas que no saben cómo podrán cumplir, y que probablemente no tienen la intención de hacerlo. Los más astutos, haciendo un uso casi magistral de la retórica, se manifiestan a favor de solucionar un problema, pero sin que necesariamente se comprometan a hacerlo, por si a alguien se le hubiera ocurrido grabar sus dichos.

Otros se aventuran a hacer predicciones arriesgadas, que sí es posible cumplir, aunque dependen fuertemente de factores externos que no están bajo su control. Si después no sucede, ya verán cómo evadir el tema, total, son expertos en ese difícil arte.

El presidente de México prometió que durante su gobierno no habría ‘gasolinazos’ y que el precio de la gasolina bajaría. Luego dijo que nunca prometió eso, sino que no se incrementaría por encima de la inflación. Hoy los combustibles han incrementado sus precios por encima de la inflación, y tuvo que llegar a una estación de servicio en la frontera con Estados Unidos, donde la competencia obliga a mantener bajos los precios, para poder grabar un video en donde mostraba un costo no tan elevado de gasolina en la pantalla de la bomba surtidora. A lo mejor la competencia que él tanto aborrece, no es tan dañina.

El precio del gas se disparó en todo el mundo y se salió totalmente de control, la respuesta que ofreció fue un intento de establecer un precio máximo controlado a la fuerza, echarle la culpa a la voracidad de las empresas comercializadoras, y crear el Gas Bienestar para hacer temblar a sus competidores y obligarlos a bajar sus precios. Pero eso no ocurrió, el libre mercado tiene una fuerza brutal para echar a perder cualquier intento de controlar artificialmente los costos de los bienes y servicios.

¡Ah, pero cómo se le llena la boca al decir que para aprobar la reforma energética del presidente Peña en 2013, se orquestó una campaña publicitaria en la que se prometió que con ella, los precios de la luz bajarían, y no han hecho sino aumentar! Y colgado de este argumento, pretende descalificar aquella reforma, para intentar que ahora se apruebe la suya, que despedaza la anterior, y nos retrocede en el tiempo al menos seis décadas de avances, que han permitido la existencia de un mercado en el que la eficiencia y la competitividad empezaban a reinar.

Aquella reforma de 2013 no es ni de cerca perfecta, pero es innegable que representó avances importantes. Hoy hace falta reformarla o complementarla, para incluir todo lo que en su momento le hizo falta: regular el almacenamiento, la gestión inteligente, las microrredes y las redes inteligentes, la inteligencia artificial, y muchos otros temas necesarios para el fortalecimiento del sector eléctrico en beneficio de todas las partes interesadas.

No hay duda, las promesas son esas chicas traviesas que siempre regresan a poner en evidencia a quien las haya formulado irresponsablemente.

Raúl Asís Monforte González

E-mail: presidente@amer.mx

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