Construyendo

Energía en la nube, oportunidades y riesgos

Un sistema completamente digitalizado de energía gestionada desde la nube será de mucho valor, pero habrá que estar preparados para los riesgos de ciberseguridad que esto conlleva.

Prácticamente no hay industria o sector que no se esté subiendo a la ola de la transformación digital, en esta columna hemos recomendado al hablar de este tema, que los hombres y mujeres de negocios, debemos poner el foco también en la primera de esas dos palabras y no solo en la segunda. Es decir, no se trata solamente de que lo que hoy hacemos se siga haciendo igual, solo que en un medio digital, sino de buscar la transformación de los procesos en nuestras empresas con el objetivo de hacerlas más eficientes, productivas y por consiguiente rentables, y en esta gran labor, usar las herramientas digitales a nuestro alcance puede multiplicar la efectividad y la rapidez de implementación de dichas medidas.

La industria de la energía, en especial la de origen limpio y renovable, no es ajena a esta necesidad de digitalizarse. Su imparable crecimiento está ya generando la necesidad de contar con equipos y métodos capaces de administrar y distribuir la energía, del modo más eficiente posible. Por motivos ambientales y de combate a la emergencia climática actual, que amenaza la existencia de la propia humanidad, es indispensable una transformación gradual, pero imparable y rápida, hacia el dominio de la generación de electricidad desde fuentes limpias y renovables.

La red y los sistemas de control pueden gestionar sin mayor problema una penetración relativamente alta de renovables, pero no están preparados para administrar una generación 100 por ciento renovable, a menos que se realicen ajustes y mejoras. Simplemente no fueron preparados para este tipo de energía que algunos llaman maliciosamente ‘intermitente’ pero que se describen mejor con el término ‘variable’. A propósito, en Yucatán el líder de la Canacintra, Jorge Charruf Cáceres, explicaba recientemente que aunque ha mejorado mucho el abasto de gas natural, al pasar de 60 a 140 millones de pies cúbicos diarios, aún no se satisface ni de cerca la demanda real, que es de 350 solamente para la generación de electricidad. Cuando el combustible que genera el vapor que mueve las turbinas tradicionales no está disponible, estos sistemas son tanto o más variables, y problemáticos, que las renovables.

Para que los operadores de los sistemas eléctricos aseguren a sus usuarios un suministro estable, confiable y seguro de la energía eléctrica, el desafío más importante a vencer estriba en mantener dentro de un rango muy estrecho el delicado equilibrio entre la carga (demanda) y la generación en todo momento. Un pequeño descuido, puede derivar en apagones, daño a equipos eléctricos y otros problemas.

Para optimizar la gestión de la energía, los sistemas modernos dependen cada vez más de contar con información confiable, pero además digitalizada y complementada con tecnologías de inteligencia artificial, internet de las cosas, aprendizaje de máquinas y automatización. Así, con la información histórica y la actual en tiempo real, será posible conocer quién necesita energía, cuándo la va a necesitar y cuánta, en el transcurso del tiempo, de modo que pueda almacenarse en baterías y distribuirse eficiente e inteligentemente.

Un sistema completamente digitalizado de energía gestionada desde la nube será de mucho valor en el futuro cercano, pero también habrá que estar preparados para manejar los riesgos de ciberseguridad que esto conlleva. Recordemos el ataque informático que sufrió el pasado mayo el Colonial Pipeline en EU, que ocasionó once días de escasez de combustible, impactó las operaciones de al menos siete aeropuertos norteamericanos, y costó 4.4 millones de dólares en pago de rescate a los atacantes, un grupo ruso que se hace llamar The DarkSide Group.

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