En las elecciones de 2024 que trajeron de vuelta a Donald Trump a la Casa Blanca, uno de los resultados más sorpresivos y una de las narrativas más destacadas por los Republicanos fue la capitalización del voto latino. No fue un dato menor, pues el 46% de este sector votó rojo, frente a un 27-32% de las elecciones de 2020. Sin embargo, a menos de dos semanas de las elecciones de medio término, el mapa ha cambiado, mostrando que Trump pudo haber ganado votos, pero no aseguró lealtades.
Las últimas encuestan muestran que el partido del presidente llega debilitado entre los latinos a comparación del impulso del 2024. Según cifras del Pew Research Center, la intención de voto para la Cámara muestra una preferencia del 51% por el partido demócrata frente a un 24% al republicano. En este espectro, destaca la amplitud porcentual de personas que no eligieron a uno u a otro. Así mismo, de los latinos que votaron por Trump en 2024, el 65% indica que apoyaría al partido del presidente en las elecciones de la Cámara. Visto en términos proporcionales, aún se conserva una buena parte del núcleo. Sin embargo, surge la duda de si será suficiente. A esto se suma evaluaciones del desempeño de Donald Trump que oscilan entre el 27 y el 31%.
Al igual que está ocurriendo en una gran parte de las elecciones en el mundo, particularmente en América Latina, el electorado está marcando dos tendencias: el voto anti oficialismo y el voto definido por el costo de vida. En Estados Unidos no es la excepción, aunado a la “maldición de medio término” en donde el partido del presidente históricamente ha perdido terreno en las votaciones intermedias.
En este panorama, los altos precios de alimentos, vivienda y energía no desaparecieron con el cambio de presidente. En 2024, los latinos le daban a Trump una ventaja de cuatro puntos sobre Harris en el manejo de la economía. Hoy, les dan a los demócratas una ventaja de 21 puntos en ese tema. Casi dos tercios mencionan a NBC News/Telemundo que sus ingresos se están quedando cortos frente al costo de vida, en una proporción prácticamente idéntica a la de 2024. Esto pone en evidencia que la elección no implica una transformación ideológica, pero sí un castigo al oficialismo.
Adicionalmente, está el viraje respecto a la migración. Una de las grandes narrativas que se destacaron hace dos años fue esta idea de que los los latinos votaron en contra de sí mismos. Sin embargo, ahora esos latinos que apoyaron a Trump han cambiado de postura respecto a sus políticas migratorias, con al menos 67% de ellos alegando un exceso en las prácticas del ICE. Incluso entre los latinos que votaron por Trump, el Pew Reseacrh Center destaca que el 30% considera que se ha ido demasiado lejos particularmente en cuanto a deportaciones. Si bien en principio apoyaban una gestión fronteriza más ordenada y mayores controles, están rechazando su implementación.
Dentro de estos cambios, quizás lo más significativo, no solamente para estas elecciones sino para el futuro de la democracia estadounidense, es que este descontento no implica que haya un entusiasmo particular por los demócratas. Al igual que ocurre en otras latitudes, este partido no ha logrado consolidar una oposición sólida, padeciendo una evidente crisis de liderazgos fuertes, salvo contadas excepciones como el caso de Alaska, en donde el tradicional estado rojo podría cambiar de color el próximo 3 de noviembre. Esto implica que pueden recuperar votos, pero el descontento y la desconfianza siguen latentes.
De igual forma vale la pena destacar que Trump finalmente logró hacer la elección sobre su figura, pero no le está resultando como quería. Entre los latinos al menos, su nombre está generando más rechazo que convocatoria. Al menos 55% de los latinos registrados considera su voto para el Congreso como un voto contra Trump.
Aún está por verse los efectos de estas tendencias pues, como es sabido, las encuestas no son votos. Es importante destacar también que hay una porción significativa de votantes de este grupo demográfico que considera no ir a votar presencialmente precisamente por temor a que estén a la espera autoridades migratorias. Lo que es un hecho es que su presencia en las urnas puede hacer la diferencia en estados reñidos. Entre el segundo grupo demográfico más grande del país, queda claro que ambos partidos compiten por una lealtad que ninguno posee.
