Stephen Miller, el cerebro migratorio de la Casa Blanca, está exigiendo a la Secretaría de Seguridad Interna (Homeland Security, DHS por sus siglas en inglés) y específicamente a su Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) que detengan a dos mil migrantes al día. Este es el segundo apretón migratorio de Trump 2.0.
El primer apretón migratorio lo exigió el mismo Miller, oficialmente el subdirector de políticas del personal de la Casa Blanca, al arrancar el verano de 2025. Hace poco más de un año, exhortó a DHS a la detención de tres mil migrantes diarios.
Los efectivos de ICE se hicieron sentir en muchos centros urbanos como Los Ángeles, donde acudían a lugares donde era sabido que migrantes esperaban a ser contratados, como las tiendas Home Depot. Este primer intento de endurecimiento migratorio se topó con una serie de protestas en la ciudad de Mineápolis, Minesota, que causaron revuelo nacional. No era para menos, los agentes de ICE, mal entrenados y ordenados a actuar con crueldad, asesinaron a dos ciudadanos estadounidenses que se oponían a las redadas, Renée Good y Alex Pretti.
Los escándalos de Mineápolis acabaron con la carrera de Kristi Noem, entonces titular de DHS, quien se había labrado una imagen de mujer sexy e implacable caza-migrantes.
En sus audiencias para que fuera ratificado como nuevo secretario de Seguridad Interna, Markwayne Mullin destacó que bajo su mandato habría la misma mano dura, pero sin llamar la atención de los medios de comunicación.
Lo característico de este segundo apretón migratorio es que ha elegido como blanco a personas sin récords criminales. Unos ejemplos de esto son personas casadas con ciudadanos estadounidenses, personas que entraron legalmente al país y están pidiendo asilo o bien, el caso de muchos salvadoreños, que tenían un estatus temporal migratorio, pero que esta administración se los quitó.
Según The New York Times, de los arrestados en julio de este año, menos de 4 por ciento tenían récords criminales violentos. En junio, las detenciones alcanzaron 43 mil y en julio, 49 mil. Los estados con mayor incidencia fueron dos gobernados por republicanos caza-migrantes: Texas y Florida. Es decir, ICE se está acercando al objetivo propuesto por Miller –60 mil mensuales–.
La estrategia de ICE durante este segundo apretón es triple: fortalecimiento institucional, excesivo uso de la fuerza e intimidación. ICE, gracias a la llamada “Grande y hermosa ley” (Big Beautiful Bill Act, por su nombre en inglés), es ahora una de las dependencias mejor dotadas de recursos. Su presupuesto alcanza el del FBI y la DEA combinados. La intimidación y el uso de la fuerza son ya el sello de la casa. La intimidación es indiscriminada: te pueden deportar a un recóndito país africano como Esuatini o recluirte en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) en El Salvador.
El apretón migratorio se siente a lo largo y ancho de todo Estados Unidos. No hay migrante que se salve, ya sea el más humilde en el Bronx de Nueva York o el más influyente en La Jolla, California.
La comunidad migrante mexicana está volviendo a pasar por un momento de miedo e incertidumbre. Se han reportado 17 fallecimientos de connacionales desde que arrancó la administración, 14 en centros de detención migratoria y tres en manos de ICE.
La red consular mexicana tiene un gran reto. ¿Cómo seguir defendiendo a nuestros connacionales cuando la relación bilateral está con fuegos por todos lados? En lo comercial, se está revisando el Tratado México-Estados Unidos Canadá (T-MEC), en el complejo contexto del rompimiento de Canadá con Washington y la hostilidad de la Casa Blanca hacia sus principales socios comerciales. Lo más preocupante está en el ámbito de seguridad y drogas, donde las peticiones de Washington de extradición y la cancelación de visas a políticos mexicanos parecen tener secuestrada la relación bilateral.
La red consular sabe bien la receta. Actuar con discreción y efectividad en lo local. Esto significa aprovechar cabalmente todos los contactos con las distintas dependencias federales y locales para visitar a los detenidos y dar información y, en la medida de lo posible, protección legal. También significa profundizar los acuerdos estratégicos con asociaciones pro-derechos humanos como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés).
Un segundo apretón migratorio de esta magnitud exige a México una respuesta que combine firmeza diplomática y trabajo consular fino. La estrategia de intimidación de ICE no dará tregua, y la relación bilateral seguirá tensionada por los frentes comercial y de seguridad abiertos con Washington. El reto no es menor, pero tampoco nuevo para una diplomacia consular que ya ha probado, en momentos de crisis previos, que la protección de los connacionales puede sostenerse incluso cuando la relación bilateral atraviesa sus horas más difíciles.