Apuntes Globales

Trump, padrino del Partido Republicano, acecha la Oficina Oval

Con cielos despejados, el patrón de los republicanos se acerca con momios muy favorables a la primera prueba, la elección de medio término del próximo noviembre.

El cálculo de los analistas era que, si perdía Trump ante Biden en la elección de noviembre de 2020, este último se hundiría en las múltiples acusaciones legales y que sus propios correligionarios le darían la espalda.

Una vez más, Donald Trump ha desafiado con éxito las tradiciones políticas y al establishment de analistas. Al acerarse la elección del medio término del próximo 8 de noviembre, el expresidente ha colectado con su propia maquinaria 120 millones de dólares, el doble que el propio partido, y se ha convertido en el padrino de facto de los aspirantes republicanos.

En un artículo ampliamente comentado, publicado en The New York Times, “Mar-a-Lago Machine: Trump as a Modern-Day Party Boss” (La maquinaria de Mar-a-Lago: Trump como el moderno patrón del partido), se detalla la literal peregrinación de todo tipo de candidatos –ya sea para gobernador, senador o diputado– a su lujoso hotel y campo de golf en Florida.

Todos los días hay eventos en Mar-a-Lago; todos los días Trump utiliza un pódium para introducir a los precandidatos, quienes tienen que invertir, pues hay que pagar costos altísimos de utilización de instalaciones. Y estos no sólo pagan las instalaciones, sino que le rinden pleitesía al padrino, generalmente empezando sus discursos insistiendo en que la elección de 2020 fue fraudulenta, por lo que Trump debería estar despachando en la Casa Blanca.

Hasta el inicio de abril, Trump había respaldado a más de 140 candidatos, lo que da una idea de su enorme poder. La práctica de respaldar (endorse) es muy particular del sistema electoral en Estados Unidos. Y Trump la ha utilizado con gran éxito, tanto político como empresarial. El riesgo para un candidato republicano es que, si Trump no lo respalda, es probable que se convierta en su enemigo y aliente a un candidato, generalmente más trumpista, para que evite que llegue a la boleta.

Como bien dice un asesor político altamente controvertido y varias veces enjuiciado, pero muy cercano a Trump, Roger Stone: “Los líderes políticos no han jugado el papel de Trump, pues él, simplemente, no está atado a las reglas convencionales”.

El poder de Trump no es convencional. Aprovecha su poder para ir sin piedad tras sus enemigos y para promover sus causas, como el de la elección fraudulenta que lo sacó de la Casa Blanca.

Al gobernador de Alaska, Mike Dunleavy, le condicionó su respaldo a cambio de que no apoyara a su vez a la senadora republicana pero no trumpista, Lisa Murkowski, y, desde luego, lo logró. Otro ejemplo es el candidato a gobernador de Michigan, Perry Johnson, quien ha comprado tiempo en televisión para denunciar el fraude electoral de 2020, en un esfuerzo de complacer al padrino.

Además del dinero y poder que amasa Trump, la creciente insatisfacción de los electores con el presidente Biden, quien ha caído hasta 30 por ciento de aprobación, en buena medida por su errática conducta y la inflación, pareciera despejarle completamente el camino a Trump para regresar en 2025 a la Oficina Oval.

Con cielos despejados, el patrón de los republicanos se acerca con momios muy favorables a la primera prueba electoral, la elección de medio término del próximo noviembre. Todo indica que los demócratas perderán sus magras mayorías en ambas cámaras legislativas. De suceder, la presidencia de Biden se hundirá aún más en un pantano legislativo. Y si la presidencia de Biden acaba en desastre, el triunfo republicano es prácticamente un hecho.

No se aprecia ningún obstáculo mayor. Todo indica que Trump hará historia como un expresidente que regresa después de cuatro años.

Lo legal no es impedimento, pues es evidente que ni Biden ni su procurador de justicia, el exjuez Garlan, tienen los arrestos para hundir judicialmente a Trump. Y los republicanos, trumpistas y no trumpistas, le temen al nuevo padrino.

Soy pesimista. Considero que Trump acecha la Oficina Oval para 2025 con grandes posibilidades. Y si los líderes nacionalistas y populistas salen caros al mundo entero, imagine usted lo que nos costará el hombre colorado, como lo llaman nuestros paisanos en Estados Unidos.

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