Apuntes Globales

Estados Unidos-China: la aspiración global de Xi 

China aspira a un mundo ordenado, sin guerras y disrupciones, para que sus exportaciones sigan llegando a todos los rincones del planeta. Pero no va a sustituir a Estados Unidos.

Ayer y hoy tuvo lugar en Pekín la reunión del Grupo de los 2 (G2), Estados Unidos-China, por mucho los países más poderosos y ricos del mundo.

Los temas de la agenda son dos principales: las relaciones comerciales entre los dos colosos económicos y el contexto geopolítico –la guerra en Irán y, en menor medida, la invasión de Rusia a Ucrania–.

Lo que está en juego de fondo, aunque no como tal en la agenda de las pláticas entre Donald Trump y Xi Jinping, es la gobernanza del mundo. Cómo estos dos países hegemones, uno en América y el otro en Asia, proyectarán su poder no solo en su región inmediata sino también hacia el resto del mundo.

El tema inmediato es un posible acomodo económico-comercial entre ambos. Desde la primera administración Trump (2017-2021), se inició lo que se llama en inglés un decoupling; es decir, un desacoplamiento o desvinculación. Esta decisión de Trump tendría un respaldo bipartidista, lo que explica que Joe Biden le metiera el acelerador entre 2021 y 2025.

A su regreso a la Casa Blanca, Trump se envalentonó con los aranceles. En su famoso Día de la Liberación, el 2 de abril de 2025, presentó en unas tablas enormes los aranceles que impondría por igual a países, amigos y enemigos. China fue la más castigada en las tablas de Trump.

China respondió, iniciando un verdadero duelo entre Washington y Pekín. En ese tiroteo arancelario, China acabó con 145% de arancel y Estados Unidos con 125%. Paradójicamente, el primero que pestañeó fue Trump. Xi guardó un as bajo su manga: el casi monopolio de los minerales raros, necesarios para varias industrias clave en América del Norte, como la automotriz, aeronáutica y defensa.

Trump requiere en esta visita que China se vuelva un mayor comprador de bienes estadounidenses, desde productos agrícolas como soya, maíz y carne de cerdo, hasta energéticos –en particular gas natural licuado y petróleo crudo–, aeronaves comerciales de Boeing y manufacturas de alto valor agregado, con el objetivo de reducir el abultado déficit comercial bilateral, que en 2024 superó los 295 mil millones de dólares en bienes.

Cabe destacar que México ha sido el país que mejor ha capitalizado el desacoplamiento económico-comercial entre Estados Unidos y China. De los poco más de ocho puntos porcentuales que China ha cedido en su participación en las importaciones estadounidenses desde 2017 –cuando rondaba el 21.6%, frente al 13% actual–, México absorbió alrededor de dos puntos, lo que le permitió desplazar al gigante asiático y consolidarse, desde 2023, como el primer socio comercial de Estados Unidos.

Geopolíticamente, China ha sacado gran ventaja de la decisión de Washington de seguir a Israel en su guerra con Irán. Es el mayor socio comercial de Irán y tiene gran ascendente sobre el régimen clerical de Irán. Paradójicamente, Teherán se ha ido fortaleciendo, pues ha mostrado capacidad para hostigar a su antojo el tránsito por el estrecho de Ormuz, eslabón neurálgico para el comercio marítimo global: 20% del petróleo, un tercio del gas licuado y volúmenes enormes de fertilizantes.

El único líder del mundo que puede convencer a Teherán de normalizar el paso por el estrecho es Xi.

Pasaron casi nueve años para que Trump volviera a visitar a Xi en Pekín. En la cúspide de 2017, Xi le hizo un tour muy especial a su distinguido visitante por la Ciudad Prohibida –el antiguo palacio imperial–, ubicada al norte de la plaza de Tiananmén y frente al Gran Salón del Pueblo, sede protocolaria de ambas visitas. El mensaje de Xi era que China tiene un pasado imperial en el cual se sustenta su nuevo poderío económico y comercial, pero evidentemente reconoció la primacía económica y estratégica de su visitante.

Para esta visita, el tablero geopolítico se ha movido a favor de China. Washington ha renunciado a seguir ejerciendo su poder suave y se está comportando como un hegemón predatorio. Es decir, un país que aprovecha su superioridad militar para arrebatar, en vez de persuadir.

Lo fascinante es que Xi Jinping no quiere sustituir a Estados Unidos. Pero sí lo quiere rebasar económica y tecnológicamente, e incluso militarmente.

Pekín no está dispuesto a pagar, como lo hizo Washington, por la Pax Americana, casi 80 años de gobernanza global sin precedente. Desde 1945 hasta 2025, Estados Unidos subsidió a las grandes instituciones globales liberales, desde la ONU hasta la OTAN.

China aspira a un mundo ordenado, sin guerras y disrupciones, para que sus exportaciones sigan llegando a todos los rincones del planeta. Pero no va a sustituir a Estados Unidos. Por eso, el mundo Post Pax Americana se asoma más volátil y violento.

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