José Luis Angelino, originario de Apizaco, Tlaxcala, nació torero. Hijo de un gran banderillero, Joaquín Angelino «El Pulques», personaje entrañable que, desde el cielo y asomado al campanario de San Francisco, disfrutó el adiós de su primogénito a una carrera honorable en la «tacita de plata», la plaza de toros Jorge «El Ranchero» Aguilar, en la capital tlaxcalteca.
Debutó como becerrista a los 9 años; el 15 de agosto de 1996 lo hizo de luces en una novillada en Huamantla y, cuatro años más tarde, en Las Ventas de Madrid. Dada su capacidad, concepto y valor, lo apoderó en aquellos tiempos el ganadero Victorino Martín. Tomó la alternativa en la plaza del adiós, de manos del maestro Eloy Cavazos, con toros de José María Arturo Huerta. Confirmó en La México en 2003 y en Madrid en 2007.
Sensacional tentador, torero completo. Desarrolló un estilo muy personal, con la esencia tlaxcalteca del Callao, del Pana, de Villanueva, de Ponce de León y de la esencia taurina que el estado posee, pero siempre con sello propio.
No todo fue miel sobre hojuelas: hubo una época obscura en la que José Luis se descuidó y se dejó abrazar por los demonios del alcohol, la depresión y la dureza de la soledad. Hombre íntegro, serio, con una vocación férrea por el toreo, fue el torero quien rescató al hombre. La luz al final del túnel creció y, como los tiempos de Dios y del toro son perfectos, llegó el 4 de enero de 2015: José Luis, con humildad, encabezó un cartel de seis toreros en la Plaza México, cuando él mismo, en otras temporadas, había hecho el paseíllo hasta en cuatro ocasiones, incluso algún 5 de febrero.
Aquella tarde, José Luis desnudó su alma, cuajó de principio a fin a un buen toro de Vistahermosa y le tumbó las dos orejas. Hombre y torero, de la mano, regresaron a la vida.
El sábado 24 de octubre de 2026 lo recordaremos por un adiós maravilloso: una gran tarde de toros, la despedida de José Luis Angelino, con clima ideal y la belleza única de esta plaza, ante seis toros bien presentados de la ganadería de Las Huertas y un cartel de categoría, con Diego Silveti y Juan Ortega como alternantes.
Agradeció en el tercio la ovación antes de la suelta del primero de la tarde; en gesto de compañerismo, invitó a sus alternantes a saludar y, en otro gesto de torería y respeto, ellos declinaron hacerlo, dejando claro que, aunque la competencia en el ruedo no cesa, el reconocimiento a una trayectoria es muy torero. ¡Qué belleza de gestos y valores tiene la tauromaquia!
El toro es el toro, y para el primero del adiós el destino le guardó un toro bravo de verdad. El de Las Huertas fue un gran toro: encastado, poderoso, alegre, con la belleza del trapío del toro bien hecho, que además fue bravo, con lo que quiero decir que tuvo entrega, humillación, recorrido y transmisión en sus embestidas.
Angelino cubrió los tres tercios, disfrutó cada minuto, cada paso, cada llegar y salir de la cara del bravo «Gallo Viejo», que honró la tauromaquia de José Luis con embestidas que solo los buenos toreros son capaces de dominar y, con ellas, crear. Una oreja con el peso del poso y de la bravura. El cuarto, el toro del adiós, bautizado como «Pulques» en honor a su señor padre, le ofreció embestidas entregadas, humilladas y con gran clase. Duró poco y Angelino, con experiencia y oficio, se fue tras la espada en el momento exacto; ante las nostálgicas «Golondrinas» dejó un estoconazo en lo alto, broche de oro a su carrera. Dos orejas y la emoción de un adiós soñado. Su hija y sus sobrinas le cortaron la coleta a un gran torero que seguirá en activo en el toreo, como lo ha hecho desde 2021 al frente del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, entidad estatal en la que ha realizado un gran trabajo.
Al exquisito toreo de Juan Ortega no lo acompañó la exquisitez de la bravura; sin embargo, pudimos disfrutar detalles de la solera trianera del sevillano.
Lo mismo le sucedió a Silveti, quien, pese a su gran voluntad, poca materia encontró en su lote.
Se viene otro gran fin de semana taurino, con festejos en León, Aguascalientes y Tlaxcala, que continúa con su feria. A llenar las plazas de toros: voz del aficionado.