La Fiesta Está Viva

Olé por ellas

La mujer ha luchado ante el absurdo de no ser considerada igual al hombre, lo han hecho sin violencia, con inteligencia y con el poder del temple.

Celebramos hoy el Día de la Mujer, poco festejo para tan inmensa labor. En la tauromaquia podríamos pensar que la mujer no ha sido una protagonista principal; pensaríamos en toreros, ganaderos, jueces de plaza, pintores, escultores. Casi todos hombres, desde luego que hay excepciones formidables y gracias a Dios cada día hay más y más mujeres en este medio que por machista se fue quedando rezagado en muchos aspectos con respecto a los cambios sociales, no les puedo llamar evolución social.

La mujer ha luchado ante el absurdo de no ser considerada igual al hombre, lo han hecho sin violencia, con inteligencia y con el poder del temple. Dentro de la tauromaquia ha sido igual; toreras que en otros siglos sufrieron lo inimaginable para abrir el camino de otras que han forjado la igualdad. Hoy podemos gozar de la participación de mujeres toreras, rejoneadoras, ganaderas, artistas, comentaristas, apoderadas, etcétera.

Pese al lamentable machismo, mal de la humanidad, la mujer ha estado siempre presente en los toros. Podríamos pensar miopemente que como acompañantes en el tendido engalanando con su porte y belleza las plazas de toros. Lejos de ese pobre primer pensamiento, la mujer ha sido base de la tauromaquia desde muchos puntos de vista.

Si nos vamos al campo bravo, las vacas son la base en las ganaderías. Los hierros tienen momentos buenos y malos dependiendo del juego de los sementales, aquí el macho es el que sube o baja el momento de los toros en la plaza. Si un semental es bueno, la base de vacas hará que la ganadería alcance la gloria, si hay crisis en los sementales la ganadería navegará por mares inciertos, poniendo a prueba la vocación y talento ganadero. Pienso que las vacas soportan las ganaderías y los machos están de paso.

El temple, la poderosa herramienta de la suavidad en el manejo de los engaños para atemperar la violencia innata del poder de una embestida del toro bravo, es un atributo que las mujeres traen dentro, es su esencia. No confundamos el temple con fragilidad, todo lo contrario. Para templar un toro lo primero que debe tener un torero es firmeza, pero sin violencia, la seguridad de encajar el cuerpo en la arena y sólo torear con las yemas de los dedos y las muñecas.

La feminidad del vestido de luces, entallada joya artesanal bordada de flores, con las medias en color rosa, otorga al torero una virilidad que ningún otro atuendo posee y sin embargo es sumamente femenino. La elegancia en los ademanes de la torería, no deben confundirse con amaneramiento, son movimientos y posturas en la transformación del hombre o la mujer en torero, muchos son sutiles y suaves con reminiscencias de ballet.

La vocación de torero tiene muchos de los valores que las mujeres ejercen día a día, sin presunciones. La dedicación, la fe en uno mismo, similar a la fe que tiene cualquier madre en su hijo. El saber soportar las injusticias con estoicismo, sabiendo que llegará el momento de darle la vuelta a las circunstancias, son atributos de la infinita sabiduría femenina. El compadecer con dolor; tras una cornada los toreros asumen sin alardes la felicidad de estar vivos, como la mujer durante un parto soporta dolores inimaginables para el hombre a cambio de dar vida, privilegio único.

Estoy convencido que sería un mundo mejor si la mujer estuviera a cargo, de momento no viviríamos la estúpida guerra que el Putin ruso ha generado. Así que por ustedes mujeres doy gracias a Dios.

Siendo este espacio dedicado a la cultura de la tauromaquia, no puedo dejar de expresar mi reflexión sobre los terribles incidentes del sábado pasado durante el partido Querétaro – Atlas. Esta pesadilla tiene un origen que se llama educación, por tanto, falta de valores aunado a un estado de derecho inexistente. La tormenta perfecta, si sumamos lo que el presidente de este país se ha dedicado en formar, el encono de una sociedad dividida. Mostrando nula capacidad política ni ejecutiva, sembrando el resentimiento social cuyo único responsable es el Gobierno, éste y los pasados. México y los mexicanos somos mucho más que el crimen, la corrupción y el odio que nos imponen. México es color, tradición, cultura y personalidad, esencia.

Con respecto a estas últimas cualidades, me enferma el que quieran cambiar lo que somos. Un pueblo sin orgullo en sus tradiciones es un pueblo sin rumbo. En el futbol nos han quitado nuestra esencia. La idea de “importar” el sentir sudamericano a las canchas y la tribuna es lo peor que le ha pasado a este deporte. Las “barras” en vez de porras, el lenguaje argentinizado de jugadores y algunos cronistas es vomitivo. El mensaje de batalla o guerra ante un clásico está fuera de razón, lejos de promover la pasión y la emoción de un partido lo “venden” como algo bélico. Ahí están las consecuencias, lejos de que se hable de futbol, muchos comentaristas o “analistas” dividen, provocan y agreden. Se preocupan más de sus seguidores en redes al generar conflicto que en la esencia del juego, que tiene valores y que cobardemente estos comunicadores han desvirtuado.

Lo del sábado sí es reflejo del país, tristemente. Entre antes lo acepten, antes podemos encontrar una solución. Por cierto, en la tragedia del sábado no hay una sola mujer actuando como animal, sólo hombres.

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