Es un hecho que la inteligencia artificial llegó para quedarse. Pero la pregunta ya no es simplemente si transformará la educación superior, sino qué tan preparadas están las universidades para convivir con ella sin sacrificar la integridad académica. La crisis que enfrenta hoy la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es quizá el primer gran examen institucional de esta nueva era digital.
La máxima casa de estudios del país se encuentra ante una decisión inédita. Más de 158,000 aspirantes presentaron por primera vez el examen de admisión en línea y a distancia para disputar cerca de 22,000 lugares disponibles por concurso. Sin embargo, los resultados encendieron todas las alarmas. Carreras tradicionalmente competitivas —como Medicina y Derecho— registraron puntajes muy por encima de los promedios históricos. Y esta anomalía fue tan desparpajada y tan evidente que la universidad se vio obligada a suspender las inscripciones y conformar un comité de 16 especialistas para tratar de determinar si hubo uso masivo de inteligencia artificial o algún otro mecanismo fraudulento.
El problema trasciende a la propia UNAM. Lo ocurrido evidencia que los sistemas tradicionales de evaluación están quedando rezagados frente a herramientas tecnológicas capaces de resolver problemas complejos, responder preguntas y asistir en tiempo real a quienes buscan una ventaja indebida.
La paradoja es más que evidente. La universidad implementó un sistema de vigilancia basado precisamente en inteligencia artificial para monitorear a los aspirantes. Aun así, alrededor del 2% de los exámenes —unos 3,000— fueron anulados por conductas irregulares y persisten dudas sobre miles más. La tecnología diseñada para evitar el fraude terminó siendo desafiada por otra aún más sofisticada.
Para la UNAM, el daño a su reputación es significativo. La institución no solo administra el examen de admisión más importante del país; también es un símbolo de movilidad social y mérito académico para millones de mexicanos. Cuando se pone en duda la legitimidad del proceso de selección, se erosiona uno de los pilares de su prestigio. Y de paso desenmascara la triste realidad de nuestra sociedad, una en la que la corrupción se ignora, la trampa se aplaude y se alaba el dicho de que “el que no tranza, no avanza”. Una sociedad corrupta que premia con impunidad.
El episodio llega en un momento especialmente delicado para la UNAM, que enfrenta escándalos que han golpeado irreversiblemente su imagen pública, desde el presunto plagio de la tesis de licenciatura de la ministra Yasmín Esquivel hasta cuestionamientos sobre procesos administrativos, paros estudiantiles y conflictos internos. Pero ninguno de esos episodios afectó directamente el corazón de la institución como lo hace ahora una crisis vinculada con la credibilidad de su mecanismo de admisión.
Sin embargo, sería un error pensar que la UNAM es la única institución con este desafío. Universidades de élite en Estados Unidos ya han comenzado a rediseñar sus modelos educativos ante la irrupción de herramientas como ChatGPT. Harvard, MIT, Stanford y la Universidad de California han reforzado las evaluaciones presenciales, aumentado el peso de proyectos prácticos, incorporado defensas orales y modificado programas para enseñar el uso ético de la IA en lugar de intentar prohibirla, porque perseguir la tecnología no es suficiente ni es el objetivo. Las instituciones deben adaptar sus métodos de evaluación para medir capacidades que la inteligencia artificial no puede reemplazar fácilmente, como lo son el pensamiento crítico, la argumentación oral, la creatividad y la resolución de problemas en contextos reales.
La UNAM está en una tremenda encrucijada. Repetir el examen implicaría costos económicos, logísticos y políticos enormes; validarlo sin despejar las dudas podría generar una crisis de confianza aún mayor. Cualquiera que sea la resolución, marcará un precedente para todo el sistema educativo mexicano.
Lo ocurrido debería entenderse como una advertencia y una oportunidad. La inteligencia artificial no es el enemigo de la educación. El verdadero riesgo es que las instituciones sigan evaluando a los estudiantes con herramientas diseñadas para un mundo que ya dejó de existir.
SOTTO VOCE
Guerrero sigue posicionado como uno de los destinos favoritos de turistas nacionales y extranjeros. Este verano, la entidad que gobierna Evelyn Salgado reporta una ocupación hotelera estatal de 71.5%. Acapulco suma 72.3% de ocupación promedio, mientras que Ixtapa-Zihuatanejo registra 86.4%.
En Oaxaca, donde el gobernador Salomón Jara dio un fuerte impulso a las fiestas de la Guelaguetza, autoridades registraron la visita de más de 278 mil turistas, que dejaron una derrama económica de 1,138 millones de pesos, lo que consolida a la entidad como un atractivo polo turístico.
En Michoacán, más de 27 mil personas de 26 municipios se han sumado al proyecto de Gladyz Butanda, quien recorre el estado como parte de su búsqueda por la coordinación estatal de la 4T. La aspirante a liderar la Cuarta Transformación destacó que a sus recorridos se han unido nuevos militantes y sectores productivos, como el de la construcción.
