En petit comité

El verdadero riesgo de los tiroteos masivos

‘El crecimiento de comunidades digitales donde circulan discursos misóginos, teorías conspirativas o glorificación de la violencia representa un riesgo real, especialmente entre jóvenes’, analiza Óscar Mario Beteta sobre la masacre en Teotihuacán.

Más allá del horror inmediato, lo verdaderamente inquietante es lo que el tiroteo ocurrido en Teotihuacán revela sobre la evolución de la violencia en México.

Este nuevo episodio no es solo una tragedia aislada, sino una fuerte señal de alerta.

Durante décadas, el país ha enfrentado una crisis de seguridad profundamente ligada al narcotráfico.

Según cifras oficiales, México registra más de 25 mil homicidios al año en el último sexenio, con tasas que superan los 20 asesinatos por cada 100 mil habitantes.

Esta violencia, sin embargo, ha tenido históricamente patrones específicos: disputas territoriales, crimen organizado, ejecuciones focalizadas.

Pero el ataque en Teotihuacán —que dejó una turista canadiense asesinada y 13 personas heridas— rompe parcialmente con esa lógica.

Aquí no hubo un ajuste de cuentas. Hubo un acto indiscriminado, con características más cercanas a los tiroteos masivos de Estados Unidos.

Las autoridades encontraron indicios de que el agresor se inspiró en la masacre de Columbine, un caso emblemático de violencia imitativa.

Este fenómeno —conocido como “efecto contagio” o copycat— ha sido ampliamente documentado y ha quedado demostrado que la exposición a ataques mediáticos puede detonar conductas similares en individuos vulnerables.

El riesgo para México es doble.

Por un lado, la persistente violencia estructural del narcotráfico genera un entorno donde el acceso a armas, la normalización de la violencia y la impunidad son caldo de cultivo.

Por otro, la importación de modelos de violencia individual —alimentados por redes sociales, foros extremistas y cultura digital— introduce una nueva variable impredecible. La convergencia de ambas dinámicas puede agravar exponencialmente la crisis de seguridad.

No se trata de un escenario hipotético. En Teotihuacán, el atacante no solo portaba armas, también habría mostrado afinidad con ideologías extremistas y discursos de odio. Y este, lamentablemente, es un elemento crucial.

En distintos países, los perpetradores de tiroteos masivos comparten patrones como son la misoginia, el resentimiento social, la radicalización en línea.

Cuando estas narrativas permean en sociedades democráticas, erosionan el tejido social y convierten la violencia en una forma de expresión política o personal.

México no es inmune a estas corrientes.

El crecimiento de comunidades digitales donde circulan discursos misóginos, teorías conspirativas o glorificación de la violencia representa un riesgo real, especialmente entre jóvenes.

La combinación de frustración social, desigualdad y exposición a estos contenidos puede detonar actos extremos.

Minimizar el ataque como un “hecho aislado” —como han sugerido algunas autoridades— es comprensible desde la lógica política, pero peligroso desde la perspectiva de seguridad.

Porque invisibiliza tendencias emergentes. Y porque impide diseñar políticas públicas que atiendan no solo la violencia criminal tradicional, sino también la radicalización individual.

El tiroteo en Teotihuacán ocurre, además, en un momento simbólico: a semanas de que México sea sede del Mundial de 2026, bajo un despliegue de hasta 100 mil elementos de seguridad.

La pregunta de fondo no es si el país puede blindar eventos internacionales, sino si puede contener la mutación de su violencia.

La lección para nuestro país es incómoda pero clara: atravesamos una transición en los patrones de riesgo.

Si el narcotráfico representa la violencia estructural, los tiroteos de inspiración externa representan la violencia difusa, impredecible.

Y ambas, juntas, pueden ser más peligrosas que por separado. Ignorar esa convergencia sería el verdadero error.

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Oscar Mario Beteta

Oscar Mario Beteta

Con más de 30 años de presencia y experiencia en medios de comunicación, Óscar Mario Beteta es un conocido periodista y conductor de televisión mexicano.

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