Ética gubernamental, corrupción, acusaciones personales y traiciones fueron varios de los ingredientes que sazonaron las decenas de campañas que culminaron en una histórica elección intermedia celebrada el día de ayer en los Estados Unidos, y que, sin lugar a duda, deja en la picota al trumpismo y sobre las cuerdas a su líder, Donald Trump.
Pero no sólo hay que revisar a los derrotados, sino a las nuevas figuras que comienzan a despuntar en una acuarela de viejos políticos y, al mismo tiempo, que reflejan los nuevos tiempos de entre una sociedad joven, exigente de cambios urgentes.
Debemos poner atención a un político demócrata que cobra especial relevancia por su pasado, pero sobre todo por la fuerza que acumuló en uno de los estados más importantes y disputados, Michigan, donde las traiciones dentro de su partido rayaron en el escándalo, pero, además, desde la Casa Blanca, ejecutaron un estratégico plan para desacreditarlo.
Se trata de Abdul El-Sayed quien jugó por un escaño en el Senado. Su candidatura combinó varios elementos poco habituales en la política estadounidense: médico y epidemiólogo de formación, dirigente progresista, musulmán practicante e hijo de inmigrantes egipcios.
De esta forma, su triunfo cobra especial sentido porque se convierte en el primer musulmán en la historia en llegar al Senado de los Estados Unidos, lo que lo catapulta, de la mano de su gran carisma, personalidad e inteligencia, a convertirse en un símbolo nacional.
Abdul El-Sayed nació en 1984 en Michigan, la misma tierra de otro de los políticos más importantes de Estados Unidos: Barack Obama. Realizó sus estudios en Biología y Ciencias Políticas en la Universidad de Michigan, obtuvo un doctorado en Salud Pública en Oxford como becario Rhodes y se graduó como médico en la Universidad de Columbia. Antes de dedicarse plenamente a la política, desarrolló una carrera como epidemiólogo y administrador sanitario.
En 2018 compitió en las primarias demócratas para gobernador de su estado, impulsado por el ala progresista cercana a Bernie Sanders; no obstante, fue derrotado por Gretchen Whitmer. Antes, fue director ejecutivo del Departamento de Salud de Detroit entre 2015 y 2017. Pero después de su derrota electoral dirigió el Departamento de Salud, Servicios Humanos y para Veteranos del condado de Wayne entre 2023 y 2025.
Ideológicamente, es considerado como un demócrata progresista. Sin embargo, él mismo suele rechazar la etiqueta de “socialista” y se define más bien como alguien que quiere que el capitalismo funcione para la mayoría y no sólo para las grandes corporaciones.
Aunque su plataforma es amplia, tres temas dominaron sus mensajes de campaña:
1, por la “reforma sanitaria universal”. Esta fue su bandera más conocida. Durante años ha defendido el modelo “Medicare for All” (cobertura sanitaria universal financiada públicamente), plasmando en un libro con el mismo nombre. Considera que el sistema sanitario estadounidense genera desigualdad y costos excesivos para las familias.
2, por la “reducción del costo de vida”, un motivo que han enarbolado jóvenes estadounidenses y europeos: Al respecto, argumentó que las familias trabajadoras están siendo golpeadas por el aumento de los precios, el costo de la vivienda, la atención médica y los medicamentos. Al respecto, presentó su candidatura como una lucha contra los intereses de las grandes corporaciones y los multimillonarios.
Y 3, por la “defensa de los servicios públicos y los trabajadores”. Utilizó su experiencia administrativa para reivindicar un gobierno más eficaz. Suele destacar programas impulsados bajo su dirección, como la cancelación de la deuda médica; la distribución gratuita de Narcan contra las sobredosis; la eliminación de plomo en las escuelas; y programas de salud comunitaria. También prometió limitar la influencia del dinero corporativo en la política, a cambio de apoyar donaciones individuales.
Esta agenda sacudió la política del estado de Michigan, pero fue inevitable que, por su perfil, las miradas escalaran a nivel nacional, tan es así que mereció el golpe certero desde la tribuna presidencial más de una vez.
Tras la victoria de Abdul El-Sayed en las primarias demócratas, Trump comenzó a presentarlo como representante de una “América muy diferente a la suya”. Sus diatribas fueron muy variadas y coloridas. Ya durante su campaña para el Senado, Trump intensificó los ataques personales: lo calificó de “comunista”, lo llamó reiteradamente “yihadista”, cuestionando su lealtad al país.
Llegó a afirmar que sería una “amenaza para la seguridad nacional” y bromeó diciendo que necesitaría pasar por un detector de metales para entrar en el Senado. También lo vinculó retóricamente con el extremismo islámico y la Hermandad Musulmana, acusaciones que El-Sayed rechazó categóricamente.
Hay hombres y mujeres que navegan a contracorriente, pero que, llegados a cierto nivel, durante cada metro que avanzan, se engrandecen rumbo a destinos que les permitirán decidir entre cambiar las sociedades para bien o para mal. Esperemos que Abdul El-Sayed se decante por la primera.