Debemos observar con mucha atención lo que está sucediendo en Japón. Por primera vez en la historia, una mujer, la carismática y disciplinada Sanae Takaichi, es la primera ministra de la cuarta economía del mundo, cuya historia ha transcurrido entre el protagonismo de los hombres en puestos de mando y poder.
Nació el 7 de marzo de 1961 en Yamatokōriyama, prefectura de Nara. Su padre fue trabajador de una empresa automotriz vinculada a Toyota, mientras que su madre fue integrante del cuerpo de policía de Nara.
En 1984 concluyó la licenciatura en administración de empresas en la Universidad de Kobe; más adelante, ingresó al Instituto Matsushita, semillero de líderes políticos japoneses. De intereses rupturistas, fue aficionada al heavy metal, pero también a la batería y el piano. Su gusto por las motocicletas ha dado mucho de qué hablar; recuerda con emoción cuando tuvo una Kawasaki Z400.
Versátil y visionaria, en 1987 viajó a Estados Unidos como becaria en el Congreso, donde trabajó dos años para el congresista demócrata Pat Schroeder. Eso le permitió contrastar la democracia occidental respecto a la oriental, acuñando importantes bases sobre la política. A su regreso a Japón trabajó como analista legislativa y publicó libros sobre política estadounidense. Ese mismo año debutó como presentadora en TV Asahi.
Su inquietud por participar en política inició temprano, primero como independiente, después dentro de las filas del PLD. En 1993 fue elegida por primera vez miembro de la Cámara de Representantes, en una época con muy pocas mujeres en la política nacional. Desde sus inicios mostró posturas conservadoras, nacionalistas con un énfasis en la seguridad nacional.
Takaichi ocupó múltiples ministerios, especialmente bajo los gobiernos de Shinzo Abe (asesinado el 8 de julio de 2022), principalmente en Asuntos Internos y Comunicaciones y de Estado para Seguridad Económica. Posteriormente, entre 2006 y 2007, ocupó cargos ministeriales como el de Igualdad de Género, Ciencia y Tecnología, Innovación y el de Seguridad Alimentaria.
Su oportunidad para coronar su carrera política llegó el 21 de octubre de 2025, tras la renuncia de Shigeru Ishiba. Bajo una campaña planeada milimétricamente, ganó la contienda interna del PLD y se convirtió en primera ministra de Japón. Astutamente, bajo un cuidadoso juego de ajedrez político, adelantó elecciones en febrero para buscar el control parlamentario; lo logró a partir de su amplia aceptación popular.
De tal manera, en las elecciones generales del pasado 8 de febrero, su partido obtuvo una victoria contundente, lo que le aseguró una mayoría de dos tercios en la Cámara Baja, lo cual le da vía libre para impulsar su agenda política.
Su liderazgo ha sido descrito como una mezcla de conservadurismo y pragmatismo, con inspiración declarada en Margaret Thatcher, lo que le ha valido el apodo internacional de la “Iron Lady” japonesa.
Podríamos sintetizar en siete las promesas de campaña que puso sobre la mesa: 1, reforzar la defensa nacional bajo una nueva agencia de inteligencia. 2, giro económico a partir de dos claves, estímulo fiscal y fin de la austeridad. Prometió una nueva era de gasto público y reducciones en el impuesto al consumo, estímulos fiscales agresivos e inversiones estratégicas en tecnología e infraestructura. 3, reindustrialización y autosuficiencia a partir de tres ejes: la repatriación de fábricas, el impulso a la industria de tierras raras y el aumento en la autosuficiencia tecnológica. 4, aumento de salarios. 5, reformas sociales y el endurecimiento de políticas migratorias. 6, reformas constitucionales, en su marco legal y estratégico. Y 7, su lema de campaña se sintetizó en tres palabras: “trabajo, trabajo, trabajo”, presentándose como una enfocada en la ejecución inmediata de sus acciones.
Japón es un país clave para entender el actual rumbo de las relaciones internacionales. Cobra relevancia a partir del aumento de tensiones con China y Taiwán y un mundo que está mudando del multilateralismo al bilateralismo.
Para México, Japón es un proveedor clave de bienes industriales y tecnológicos como partes y accesorios de vehículos automotores. Los destinos principales son Ciudad de México, Guanajuato, Nuevo León y Baja California. Además, se tiene un Acuerdo de Asociación Económica (EPA) vigente desde 2005, el cual se debe explorar mejor.
En 2025, Japón representó 0.62% de las exportaciones mexicanas y 2.83% de las importaciones mexicanas; es decir, el saldo comercial fue deficitario para México, con –13.4 mil millones de dólares.
Por ello, México requiere expandir e incrementar sus opciones de negocio e inversión hacia otras naciones, y Japón, bajo la batuta de Takaichi, a la par de la presidenta Claudia Sheinbaum, podría ser una de las llaves que permita mayor crecimiento económico, tan estancado y deprimido; eso sí, si así lo quiere la diplomacia mexicana, que por el momento sirve de oropel.