Lo peor que le puede pasar a algún candidato o candidata es sentirse incómoda con la coalición o alianza que le apoya.
En México, esto se vive con una de las dos fórmulas principales rumbo a las presidenciales del 2 de junio. La disyuntiva es notoria, y me refiero a la compuesta por Xóchitl Gálvez, quien sobre sus hombros lleva a cuestas a los empequeñecidos: PAN y PRI, más al insignificante PRD.
Partidos políticos que han navegado a contracorriente en los últimos años, y que solos rondan los 19, 10 y 2 puntos porcentuales, respectivamente, según la reciente encuesta de EL FINANCIERO, publicada el lunes pasado. Y es que siguen representando al pasado corrupto, retrógrado, cupular e impopular; que, por cierto, muchos de ellos ya saltaron al sistema de Morena, cuyo rumbo copia la historia del PRI.
En este contexto, la candidatura de la hidalguense es la ideal para ese triángulo de escuetas siglas partidistas, ya que, aunque pierda, les permitirá naufragar otro periodo electoral, lo que significa obtener jugosos recursos económicos. Esta apuesta tripartita significa que los positivos que obtiene Gálvez, muchas veces los perderá cuando se le vea junto a las ‘prominentes figuras’ de esos partidos.
No obstante, Xóchitl Gálvez ha sabido posicionarse, aguantar la embestida del oficialismo, y finalmente, transitar hacia un camino que es donde buscará desenvolverse, la ciudadanización de su candidatura. A cuatro meses de la elección, aún una eternidad, empleará un sistema de deslinde de esa nomenclatura; veremos si le alcanza, pero, sobre todo, si convence a la gente.
La encuesta referida anteriormente de EL FINANCIERO también puso nerviosa a Claudia Sheinbaum y a su equipo de campaña, ya que por primera vez se mueven de manera importante los números. En tan sólo un mes, cayó cuatro puntos la exjefa de Gobierno, y subió dos puntos Xóchitl Gálvez, lo cual cerró a 16 puntos la competencia a favor de la morenista. Es decir, fueron seis puntos los que se movieron entre los que favorecieron a una y perjudicaron a otra. En diciembre estaban 52-30 y en enero cerraron 48-32.
Paralelamente, Movimiento Ciudadano obtuvo en esa misma encuesta 10 puntos, representando un aumento de tres, respecto a diciembre pasado, lo cual significa que la candidatura de Jorge Álvarez Máynez, a quien le resta puntos, es a Claudia Sheinbaum, y no a Xóchitl Gálvez.
Si mes con mes se moviera la encuesta de EL FINANCIERO, por ejemplo, cuatro puntos a favor de la candidata opositora, el 6 de junio se estaría viviendo una contienda muy cerrada. Por supuesto, para que eso suceda, tienen que ocurrir contundentes nocauts de la candidata opositora.
Por lo pronto, ya salió a la ofensiva con sus ‘conferencias de la verdad’, un logro de campaña porque se posiciona de forma directa con la gente, atrae la atención mediática y discursiva y renueva su imagen, entre otras cosas, porque busca generar comentarios más serios y al mismo tiempo se aleja de los colores del PRI, PAN y PRD. Estos los cambió por el rosa; sí, como los que ha usado la gente en las diversas ‘marchas por la democracia’, un esmero claro de virar su campaña hacia una apuesta ciudadana.
El pasado 26 de enero, Alejandro Moreno, responsable de las encuestas que publica EL FINANCIERO, apunta en su columna que tituló ‘El efecto primavera’, que: “de acuerdo con las encuestas que me ha tocado coordinar y publicar, los cambios más notables en las preferencias se han registrado en los meses de primavera”. Se refiere, al menos, a las tres elecciones presidenciales pasadas, y que, en todas ellas, existieron movimientos importantes entre marzo y abril.
A Xóchitl no le queda de otra más que apostar a diferenciarse de los partidos que, paradójicamente, le apoyan; pero ahí el gran dilema que le corroe, ¿cómo convencer de ser realmente una candidata ciudadana, y al mismo tiempo, desintoxicarse del PAN, PRI y PRD?
Asunto nada fácil, ya que esos partidos son capases de hundir a su candidata, con tal de no ahogarse en el próximo maremoto electoral.