Trópicos

Tiempo de híbridos

Paralelamente al IFE, surgieron otros aparatos del Estado que han permitido maniatar los excesos de una perenne clase política tramposa, corrupta y rapaz.

Así tituló el compositor tamaulipeco Rockdrigo González, el profeta del nopal, una de sus célebres canciones. En su última estrofa concluye, “era un gran tiempo de híbridos, de salvajes y científicos, panzones que estaban tísicos, en la campechana mental, en la vil penetración cultural, en el agandalle transnacional, en lo oportuno norteño-imperial, en la desfachatez empresarial, en el despiporre intelectual, en la vulgar falta de identidad”.

El contexto de esa canción se da en el México de los años 80, que transitaba entre la globalización y el neoliberalismo. Hace una consistente crítica a ese sector de la sociedad que busca adoptar costumbres e ideas de países extranjeros, impulsada por empresas globales y asumida por la clase política gobernante; pero también, define las constantes contradicciones entre el ser mexicano y sus sistemáticos abusos de los políticos, la corrupción, la opacidad, e instituciones como el Ejército que arrastraban fuertes críticas por su actuar en los movimientos estudiantiles de 1968. Miguel de la Madrid fue presidente en esa época de “frijoles poéticos” y “garbanzos matemáticos”, pues gobernó de 1982 a 1988.

Actualmente, López Obrador apunta al sexenio de Carlos Salinas, quien sucedió a Miguel de la Madrid, como el origen de la época neoliberal, con una salvedad, los “tiempos de híbridos” continúan. Salinas, junto a su camarilla del entonces omnipresente PRI, recibió fuertes acusaciones de orquestar un monumental fraude electoral tejido por Manuel Bartlett (quien a la postre fuera su secretario de Educación) e impedir llegar a la presidencia al bloque de izquierda encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas.

En ese entonces, también comenzó, paradójicamente, un andamiaje para fortalecer la institucionalidad de México, exigencias de las democracias en progreso.

Salinas de Gortari, nada ingenuo, a partir del desprestigio que adquirió por las acusaciones de haber llegado ilegalmente a la presidencia, decide crear el Instituto Federal Electoral, una de las instituciones que hasta la fecha, ha sido garante de tres alternancias políticas, primero con el PAN en 2000, luego con el PRI en 2012 y ahora con Morena en 2018.

Con el paso de los sexenios, los mexicanos y mexicanas hemos adquirido una creciente conciencia sobre nuestros derechos políticos y democráticos gracias a esas instituciones, como la importancia de los equilibrios y respectivas fortalezas entre los poderes del Estado mexicano, como una de las principales vías para el desarrollo. Paralelamente, surgieron otros importantes aparatos del Estado, que han permitido maniatar los excesos de una perenne clase política tramposa, corrupta y rapaz.

Pero los “tiempos de híbridos” regresan con fuerza. No sólo porque aquel funcionario neoliberal, entonces acusado por un importante grupo de la sociedad civil de haber colapsado el sistema electoral, forma parte del actual gabinete que dice representa el cambio, sino que compra 13 plantas eléctricas de avanzada edad a Iberdrola, mientras el mundo exige y necesita apuestas por energías limpias, para contribuir y detener el cambio climático: “charros cibernéticos y sarapes de neón”.

También, porque ahora el gobierno que encabeza AMLO busca desmantelar o desaparecer instituciones clave, como el INE, el INAI (que sustituyó al IFAI desde 2014) o el Tribunal Electoral (sujeto a varias reformas, la última fue en 2014, que le otorgó facultades, entre otras, para detectar violaciones de propaganda política en radio y televisión y actos anticipados de precampaña o campaña) y de esta manera, construir un sistema de decisiones concentradas exclusivamente en el andamiaje de su gobierno, es decir, en él. Vivimos una regresión a ese PRI dominante, de cúpulas e intereses sectoriales dominadas por una camarilla: “una medusa anacrónica”.

Un nuevo “tiempo de híbridos”, cuando desde 2018 se prioriza que el Ejército crezca en sus atribuciones antes exclusivas de instancias civiles. El mismo Ejército que sigue cometiendo violaciones contra los derechos humanos, como lo ocurrido en Nuevo Laredo el pasado febrero donde mataron a cinco jóvenes por no estar capacitados para operar entre la sociedad; todo esto mientras se busca que la Guarda Nacional, que debe ser reestructurada y sanada desde su naturaleza civil, se subordine a la estructura militar. Por suerte, la SCJN acaba de echar para atrás esta medida: “un gran rancho electrónico, con nopales automáticos”.

Ese Ejército que cuida y construye aeropuertos, que desarrolla hoteles y zonas turísticas en nuevos destinos de playa. Ese Ejército que puso en jaque al presidente López Obrador para que liberaran al exsecretario, Salvador Cienfuegos, después de negociar con Donald Trump bajo sus caprichos de líder ultrarradical. Ese Ejército que viaja a costa del erario público con familia completa, en jets privados, restaurantes y hoteles de lujo dentro de los destinos más caros del mundo como Venecia o Nueva York.

“Tiempo de híbridos”, cuando para muchos ya es irrelevante preguntarse o responderse si nuestro presidente es de izquierda o de derecha… y es que “era un gran sabio rupéstrico, de un universo doméstico, Pithecanthropus atómico, era líder universal”.

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

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