No se había visto un proceso tan bochornoso entre los poderes del Estado mexicano, que el ‘plan B’ de la reforma electoral redactada en la Secretaría de Gobernación, impreso con el sello de ‘confianza’ del presidente López Obrador, y la miope y subordinada aprobación de los diputados de Morena y aliados, sin entenderla ni leerla.
Pareciera, además, que el presidente López Obrador fue engañado, y quizá lo siga estando, por dejar en el armatoste que se entregó de más de 400 páginas, y que supuestamente contiene un proyecto que cambiaría al INE, propuestas que afirmó rechazar, por ejemplo: la fórmula en que mantendrían a los partidos pequeños.
Denotó que los supuestos cambios sólo importan a intereses particulares o a grupos políticos, sin importar verdaderamente el fortalecimiento de la democracia en México.
El presidente López Obrador cayó en la vergonzosa contradicción de sus propios dichos, después de que una reportera le cuestionase si sabía —en reciente mañanera— sobre el apoyo incondicional que recibirían estos partidos rémoras y sanguijuelas, a pesar de no obtener el 3 por ciento de los votos el día de elección. Incrédulo, obligó a asistir al día siguiente al secretario Adán Augusto a dar explicaciones, y a comprometerse en revertir ese apartado, de ser cierto.
El presidente, al día después, y confirmar el gol que le metieron, tuvo que usar sus clásicas metáforas, esta vez con duendes y fantasmas, para justificar a los suyos y enmendar una inconsistencia orquestada desde Bucareli, o bien desde San Lázaro. Entendió que no solo le esconden las cosas, sino evidenció que todo mundo está pensando ya en 2024, a costa de sus propuestas de campaña y actos de gobierno.
La sucesión adelantada está generando que las vicisitudes e intereses de las corcholatas, comiencen a pesar más que las del propio presidente.
El ‘plan B’ no se había dado a conocer públicamente. Sólo Adán Augusto y unos cuantos más de incondicionales lo sabían. Los diputados y diputadas, como en el viejo PRI, sólo se encargarían de levantar la mano, incondicionalmente, y ausentes de todo profesionalismo a su investidura, aprobar lo que ni ellos mismos leyeron.
Increíblemente, el mismo secretario de Gobernación se negó a adelantar de qué se trataba la nueva propuesta ante pregunta expresa de la reportera de El Financiero Bloomberg, Martha Alicia Villela, en el preámbulo de la entrega a Diputados. El secretario, burlón, consideró que sería una falta de respeto adelantar lo que comprendía el ‘plan B’, como si los medios y la gente que los ve, no tuviésemos el derecho de saber, ante el trascendente desafío del que se trataba.
Contradiciendo lo que siempre ha dicho el presidente López Obrador, de que no hay que ocultar nada al pueblo y actuar con total transparencia, quien despacha en Bucareli evidenció que su proyecto se realizó por unos pocos, y para los intereses de otros más. Quedó claro que la supuesta falta de respeto, era sólo una quimera, pues ni los mismos diputados ni diputadas, lo leyeron. Así lo absurdo del ejercicio de nuestra democracia.
Con la cola entre las patas, tuvieron que replantear la estrategia y corregir pifias. Buscaron enmendar el párrafo que permitía la sobrevivencia de los partidos ‘chiquitos’, y a seguir adelante. No obstante, muchas de las propuestas, que en estos momentos están por votarse en el pleno del Senado, siguen siendo inconstitucionales, pues choca con lo dictado por la Constitución mexicana.
A sabiendas de eso, quienes redactaron el ‘plan B’, dejaron que se siguiera pareciendo al plan original, porque lo que buscan es que se vaya hasta las instancias judiciales, para que la Suprema Corte de Justicia de la Nación defina, al final de cuentas su invalidez; mientras tanto, podrán golpear desde el púlpito presidencial y redes sociales a consejeros del INE, y al mismo tiempo involucrarse en el proceso ya en curso, de selección del nuevo ministro o ministra presidente de la SCJN.
En su intentona por cambiar al órgano electoral, han reflejado un desaseo enorme entre quienes operan los cambios, dentro del mismo gobierno federal y los intereses externos aliados. Sin consensos, sin diálogo abierto, sin explicar en qué consisten los supuestos cambios, ni sus beneficios, buscan centralizar las decisiones y que la toma de decisiones sea unilateral y unipersonal: el presidente López Obrador tiene la única palabra, a pesar de que el órgano electoral es un poder independiente, cuya existencia y reformas dependen de muchas fuerzas más que sólo la presidencial.
Pero no se esperaban el factor ‘Monreal’, un político que se mueve dentro del péndulo de sus intereses y el peso político que ha sabido forjar, independientemente de cualquier partido, y que, como hombre araña, logra desplazarse de red en red para hilar su propio tejido.
Su voto, y el de los suyos, será crucial para aprobar el ‘plan B’, pero sobre todo, entender si lograron convencerlo de seguir dentro de Morena, y callar a los mariachis, e ir entendiendo, a cambio de qué, vendió su amor. Mientras tanto, la democracia de México camina en la cuerda floja.