Trópicos

Sheinbaum se sigue tropezando

La jefa de Gobierno presumió el haber contratado a una empresa ejemplar y que actuaría con transparencia; pero después cambió, desacreditando a la firma noruega y ocultando resultados.

Claudia Sheinbaum se arrojó a las vías del Metro. Quien le haya convencido de negar publicar y de desacreditar los resultados del último estudio de la empresa noruega DNV, debería ser despedido de inmediato por las consecuencias tan negativas que le están trayendo rumbo a sus aspiraciones presidenciales. Se notó inexperiencia y falta de capacidad para prever el tsunami de críticas por actuar como se actuó.

La jugada era a la inversa para salir del embrollo. Primero debió publicar lo que ella misma promovió, y después defenderse con el cúmulo de evidencias que jura tiene en mano, más una estrategia de comunicación bien definida.

No obstante, seguirán siendo indefendibles sus omisiones, así como su equipo, en específico la exdirectora del Metro, Florencia Serranía, quien debería estar ya en juicio acompañada de varios más de la presente y anteriores administraciones. Quizá cuando sea demasiado tarde comience a actuar. Aplicar la justicia está en sus manos.

La jefa de Gobierno se fue en sentido contrario y se precipitó, quedando entrampada en sus propias contradicciones, porque primero presumió el haber contratado a una empresa ejemplar y gritar por todo lo alto que actuaría con total transparencia a partir de los hallazgos encontrados, pero después cambió y terminó desacreditando a la firma noruega y ocultando los resultados.

Fue un búmeran suicida, políticamente, ya que quedó a merced de filtraciones. Si nos apegamos a sus criterios, entonces contrató a una empresa ineficiente; y peor aún, si analizamos la realidad, decidió meter bajo la alfombra los resultados porque le son adversos. Mal por donde se le vea.

Ahora que el diario español El País publicó los pecados de Sheinbaum (y de otros funcionarios públicos), sobre los resultados de la investigación de la empresa escandinava por el colapso de la Línea 12 del Metro, y le responsabiliza directamente por su incorrecto proceder con frases del tipo: “No se cuenta con registros de mantenimiento o reparación de los componentes de concreto o metálicos utilizados en la ingeniería civil que fueran proporcionados a DNV”, la mandataria capitalina demostró moverse desde el miedo y no desde la estrategia.

Aunque es mucho pedir, lo justo sería un careo público entre la empresa DNV y el gobierno capitalino para que contrapongan lo que cada una de las partes defiende, frente a todas y todos los ciudadanos, finalmente fue pagado con erario público, y mire usted, no salió tan barato.

Sheinbaum prometió: ¡transparencia! Al respecto, qué mejor que en un gobierno que se abraza en la bandera de la democracia encare y se abra a sus propias decisiones, primero por respeto a las víctimas, y en segundo a los capitalinos.

La empresa DNV les está dando una cátedra a los estrategas de Claudia en cómo manejar las cosas, y además los tiene contra la pared. Ya no saben qué hacer y obligan a su jefa a seguir dando tumbos. Después de que filtraron el informe al diario español, la obligaron a rectificar y anunciar que, en su momento, dará a conocer los detalles del estudio. La entrega del informe a El País evidencia que, a los ejecutivos escandinavos, las denuncias les tienen sin cuidado.

Demasiado tarde, el daño ya está hecho y la credibilidad de la jefa de Gobierno se precipita, por más que se tome fotos con Grupo Firme y busque infligir la tradición al cambiar una palmera por un ahuehuete en Paseo de la Reforma. Nuevamente sus asesores derrapan en la incapacidad.

P.D. El lunes por la tarde, mientras todos hablaban del accidente que pudo haber ocurrido en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México, cayó como balde de agua fría el asesinato de dos periodistas más. Con ellas suman 11 muertes en lo que va de este 2022, convirtiéndolo en el más letal desde que se tiene registro, y a Veracruz en el estado con más asesinatos desde que inició el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

El lunes fueron ultimadas Yesenia Mollinedo Falconi y Sheila Johana García Olvera en Veracruz. Desde enero hasta la fecha se suman a ese deplorable destino, José Luis Gamboa, también en Veracruz; Margarito Esquivel y Lourdes Maldonado en Baja California; Roberto Toledo y Armando Linares en Michoacán, Heber López en Oaxaca; Jorge Camero en Sonora; Juan Carlos Muñiz en Zacatecas, y Luis Enrique Ramírez en Sinaloa.

¡Se exige justicia, y ni uno más!

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

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