Los conflictos de interés no necesariamente van a terminar en denuncias penales, aunque siempre serán amorales, sobre todo cuando un servidor público está involucrado en esa red que busca, a como dé lugar, gestionar sus operaciones en lo oscurito.
Para cualquier mandatario que se ve atrapado por dudosas prácticas, directas o indirectas, en conflictos de interés, tiene la obligación de defenderse con evidencias y no sólo con dichos o reclamos. Máxime cuando el tufo de la pérdida de credibilidad se esparce en una importante mayoría de la sociedad, pudiendo afectar su gobernabilidad.
En el entramado que actualmente sacude al presidente y a su hijo mayor, y que crece a diario, son varias las realidades que se vinculan: el papel de los medios de comunicación y periodistas, las relaciones entre empresarios y familias de los gobernantes, la política y sociedad, y las vías por las cuales se deben resolver los conflictos de interés.
La vivienda en la que habitó el hijo del presidente con su familia en Houston, la ya célebre ‘casa gris’, abrió el primer capítulo de una serie que presume será de varias temporadas. Las palabras para resolver este tipo de situaciones no bastan, lo que cuentan son documentos oficiales que refuten las otras evidencias que contienen los reportajes. La supuesta conversación vía WhatsApp, aún es insuficiente, por ello el fantasma del conflicto de intereses sigue latente.
El hijo mayor presentó una carta exculpatoria sobre sus actividades profesionales para escudar su vida de lujo, no obstante, lo que en realidad sucedió fue que se adelantó a lo que sería otro escándalo mediático al abrirse otro posible conflicto de intereses, relacionado con personas involucradas en el círculo cercano de su papá. Aliados estratégicos del gobierno de la 4T en materia económica al formar parte del consejo asesor empresarial y, al mismo tiempo, supervisores del proyecto del Tren Maya.
Las barras horizontales y verticales de este crucigrama, crujieron entre sí y las palabras correctas del presidente no encontraron cabida en las casillas. Hasta la fecha su estrategia no consiste en convencer de que no existe conflicto de intereses, sino en atacar a quien considera el emisario de quienes se benefician de la “política del pillaje”, Carlos Loret de Mola. ¿Por qué entonces el presidente no va contra esos grupos beneficiarios que atentan (según el) contra su movimiento transformador?
La estrategia del presidente ya está definida, que es confrontar a quienes considera sus adversarios hasta donde tope, incluso ante acciones que signifiquen saltarse leyes. Como la carta que presentó al INAI, el día de ayer, donde solicita que realicen una “investigación para hacer públicas las percepciones, los bienes y el origen de la riqueza” de Loret de Mola.
Pero el INAI hace justamente lo contrario de lo que solicita el presidente, que es proteger los datos personales, o bien, garantizar que “cualquier autoridad en el ámbito federal, órganos autónomos, partidos políticos, fideicomisos, fondos públicos y sindicatos; o cualquier persona física, moral que reciba y ejerza recursos públicos o realice actos de autoridad te entregue la información pública que solicites”. Sin mayor comprensión, es evidente que Loret de Mola y nadie que trabaje para una empresa privada puede ser investigado.
El presidente se sigue envalentonando en la tribuna de promoción de su gobierno e ideología, para arremeter por segunda ocasión con la célebre diapositiva mal redactada, donde aparece el supuesto salario del periodista y conductor, que le hicieron llegar de forma anónima, otro acto que raya en lo caricaturesco.
Galimatías que sacuden cualquier lógica, ya que sin comprobar la información, requisito esencial de la credibilidad, decide golpear primero a quien considera emisario de la mafia del poder, para contrarrestar la percepción de opacidad dentro de su gobierno, que se instala a pasos agigantados en la sociedad.
Del otro lado de la moneda, la opinión pública fiel al presidente ha puesto en duda el trabajo periodístico que realizan reporteros pertenecientes a asociaciones civiles y a empresarios-políticos que han sido abiertamente críticos de la 4T. Al respecto, surge la pregunta sobre si las investigaciones que realizan, sólo tienen como objetivo disparar lanzas directas al corazón del gobierno de Andrés Manuel, y que, aunque están fundamentadas, se duda de su imparcialidad y tarea periodística como beneficio primario de la sociedad y no de unos cuantos.
De toda esta historia, que continuará, además se aprecia la vileza del oportunismo. Miembros de los empequeñecidos partidos políticos de oposición han salido a vociferar contra el presidente, como si fueran dignos paladines de la honestidad y libertad de expresión, cuando lo cierto es que entre sus bases y ‘líderes’ han transitado una y otra vez, conflictos de interés, corrupción y abusos. De vergüenza ajena.
El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.