¿Qué tan democrático es México? Es una pregunta que reiteradamente nos hacemos ante el discurso de políticos que sobrevalúan o devalúan la respuesta, dependiendo de su ánimo o del tiempo de sus pretensiones y anhelos.
La práctica democrática de las sociedades ha evolucionado con el paso del tiempo. Desde la antigua Atenas (500 a.C.) se emprendieron los primeros esfuerzos para consolidar este término que cambiaría a las sociedades. Iniciaron celebrando asambleas del pueblo, aunque constituidas sólo por hombres.
En el siglo XVI, después de los diversos procesos de independencia en América y con ello la redacción de diversas constituciones, principalmente la de 1787 en Estados Unidos, se abrió paso a la consolidación de las democracias a partir del respeto a las leyes.
Aristóteles se preguntó si la democracia tendría que devenir de un gobierno de leyes, o de un gobierno de masas. Todo ello porque con anterioridad, Esquilo, literalmente, promulgó que la mano gobernante del pueblo sería la que con su mayoría definiera el destino común. Andrés Manuel López Obrador más de una vez ha instituido esta práctica en la plaza pública.
Y aunque fue en 1848 cuando en Estados Unidos inició el movimiento a favor del derecho al voto de la mujer, fue hasta el siglo XX cuando en la mayor parte del mundo se logró la inevitabilidad del sufragio de todas ellas. En México no fue sino hasta 1953, donde por cierto, fuimos el último país de América Latina en concederlo.
Es decir, la democracia ha sido una conquista constante de las sociedades frente a los gobiernos, quienes a su vez deberían garantizarla… aunque no siempre suceda esa premisa.
¿Qué pasa en un país que se dice democrático cuando el partido gobernante practica encuestas para designar a sus candidatos sin que estos mismos las respeten, y por lo tanto, se convierten en mecanismos opacos para elegir a quienes más le convienen a la cúpula de poder?
¿Qué pasa en un país cuando el gobierno desacredita al árbitro electoral en lugar de fortalecer y dotar de recursos y nuevas tecnologías que transparenten, año con año las diversas elecciones que organizan y, al contrario, la prioridad es achicar las instituciones electorales?
¿Qué pasa cuando los partidos políticos de oposición y que ostentan en el poder, desahuciados de ideología, apuestan por personalidades de escasos recursos intelectuales y políticos que frivolizan la gobernanza al considerar que las campañas son un reality show y gobernar una telenovela?
¿Qué pasa cuando en las elecciones que se celebran, año tras año, se impone la mano del crimen organizado por medio de asesinatos y amenazas a candidatos que no les son favorables, o de plano, imponen a candidatos que manipulan?
¿Qué pasa cuando pesa más la voz de un hombre, para el presidente, que las de decenas de mujeres que se quejan de haber sido acosadas por ese individuo?
Esta historia no sólo se ha repetido con un personaje de nuestros quehaceres políticos actuales, sino que la incondicional protección del poder hacia ellos ha ocasionado un retroceso en las garantías individuales ante una lucha irreversible que están ganando las mujeres feministas.
¿Qué pasa cuando año tras año la libertad de expresión se ve cercenada con el sistemático asesinato a periodistas?
En enero de este 2022 sumaron cuatro profesionales ultimados. Cifra alarmante mientras el Estado mexicano sigue ausente y sin estrategias ante un flagelo, que para la ONU, es esencial dentro de sus valores respecto a los principios de democracia y derechos humanos: la libertad de expresión.
¿Hemos avanzado o no en nuestra democracia en los albores de este 2022? Dentro de los aspectos positivos que ‘podríamos’ destacar está la alternancia partidista presente desde el año 2000. No obstante, y aunque se nos haya despertado un gran optimismo, hemos constatado sexenio tras sexenio que no ha habido un cambio sustancial.
Independientemente de si somos una democracia indirecta, representativa o participativa, el éxito de ella no se sustenta en obras y asistencialismo, sino en lograr un engranaje institucional que equilibre los poderes, impulse las libertades individuales y otorgue a la sociedad recursos para su propio desarrollo.
El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.