Trópicos

Ómicron llegará a México

México está perdiendo la oportunidad de adelantarse y prevenirse ante la nueva amenaza. Continúa abierta la posibilidad de que ómicron sea más devastadora que delta.

Es cuestión de tiempo para que la nueva variante llegue a México, así se comportan las pandemias y así lo reconoció el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, en la conferencia matutina de ayer: “démoslo por hecho”, dijo, pues ya está en los cinco continentes. No obstante, esta premisa nos debe ser útil para prepararnos, más no para entrar en pánico.

Todo apunta a que habrá un repunte de contagios en México y en el mundo por la COVID-19, muchos de ellos con la variante delta, pero muy probablemente más con la nueva cepa, ómicron. La comunidad científica es unánime al considerar que, para responder y contrarrestar a esta previsible propagación, se tiene que apostar a la vacunación, pero también al continuo y correcto uso del cubrebocas y a la sana distancia, mientras se siga identificando la contundencia de sus efectos.

Por ello, México juega con fuego al no definir con claridad la necesidad de usar la mascarilla y dejarlo al libre albedrío. Si en la actualidad se debate, en varias partes del mundo, la obligatoriedad de la vacuna, ¿por qué no debe ser necesario, ante la incertidumbre, el uso del cubrebocas? Está de por medio la vida de muchas personas. Por cierto, la OMS también recomienda evitar lugares abarrotados.

El presidente Andrés Manuel vuelve a actuar contrario a lo que dicta la ciencia, al realizar actos masivos, como lo será su mensaje por el tercer año de su gobierno en el Zócalo la tarde de hoy, con bailongo y todo. Al respecto, decidió no exigir el cubrebocas y mucho menos la sana distancia. Se presta a que pueda suceder una propagación masiva de la variante delta y quizá, si ya está aquí, de la variante ómicron. Su convicción política puede más que su visión de estadista.

Hay indicios que señalan que las vacunas ya existentes sólo podrían proteger hasta cierto punto contra la variante ómicron. Al respecto, las farmacéuticas apuran pruebas para calibrar dosis o incluso nuevas vacunas. La información apenas se está difundiendo y clasificando a cuentagotas. Mientras tanto, en México aún actuamos como si no pasara nada.

El presidente mencionó en la mañanera de ayer, donde dedica todos los martes una sección sobre temas de salud, que el problema de que se haya generado la nueva variante en los países africanos es que allá no les llega la vacuna, por la desigualdad. No necesariamente es cierta esta asociación con la nueva variante.

En el caso específico de Sudáfrica, el problema no es que no tengan vacunas, incluso forman parte del G-20, igual que México y cuenta con importantes cantidades de dosis. El problema con ellos es la desconfianza que existe en diversos sectores de la población en vacunarse; apenas 35 por ciento se ha inmunizado en este país. De hecho, el gobierno de los Países Bajos afirma que la variante ómicron ya estaba en Europa antes de que fuera detectada en Sudáfrica. Las variantes no son un tema de nacionalidades sino de movilidad.

Hay países con vacunas pero que no logran convencer a la gente de que se inocule. Hay estados en México, como por ejemplo Chiapas, cuyo porcentaje de personas no vacunadas es alarmante. Su escepticismo y la incapacidad de los tres órdenes de gobierno por persuadir a los habitantes de vacunarse son evidentes. No obstante, no es un asunto de clases sociales, de ricos o pobres, sino de percepciones. Hay personas de clases media y alta que siguen sin creer en las vacunas, por más que en las mañaneras se afirme que es el único camino para seguir adelante.

De regreso a la variante ómicron, ya se diferencian algunos síntomas como cansancio extremo, picazón en la garganta, dolores corporales, fiebre baja, dolor de cabeza y, a diferencia de delta, en esta no se presenta tos o tos ligera, ni pérdida de olfato o de gusto. Otro de los principales factores de riesgo que se está encontrado con ómicron es la facilidad de reinfección en aquellas personas que ya fueron contagiadas con variantes anteriores. Un factor de alta preocupación, sobre todo en aquellas personas con comorbilidades y adultas mayores.

Nuevamente México está perdiendo la oportunidad de adelantarse y prevenirse ante la nueva amenaza. Aunque aún se desconoce la peligrosidad de ómicron, continúa abierta la puerta de que sea más devastadora que delta.

La OMS afirmó el 28 de noviembre que es “preocupante” esta nueva variante, ya que presenta “mutaciones” que podrían generar una mayor propagación o gravedad en los síntomas que la causa. Y remata: “es probable que tardemos días o semanas en conocer la gravedad de los síntomas...” Mientras tanto, hay que actuar. ¿No le parece?

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

COLUMNAS ANTERIORES

Entre priistas y un acosador
Los radicales

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.