Trópicos

El impresentable Macedonio

Salgado Macedonio busca emular a López Obrador. Pero a diferencia del guerrerense, AMLO articuló un movimiento congruente y bajo convicciones inamovibles.

Salgado Macedonio no puede estar lustrando su campaña a base de amenazas, vituperios y descalificaciones bajo ningún motivo, pero menos, cuando pesan sobre él irregularidades electorales, que excesivas o no, las leyes permiten inhabilitarlo para competir por la gubernatura de Guerrero.

Algo que no hizo Morena, cuando sí le otorgó el permiso para ser su candidato, a pesar de las coincidentes acusaciones de varias mujeres que lo señalaron de violador y acosador sexual, una tolerancia inexplicable abrazada desde Palacio Nacional.

Es absurdo que un candidato y un partido político, después de cometer faltas en el proceso electoral, quieran hacernos creer que esas fallas sean consideradas normales y típicas, y que mientras tanto, todo debe seguir su proceso como si nada. La democracia siempre ha estado en juego por este tipo de personajes, y que, sin ser nuevos o exclusivos de algún partido, pareciera que empeoran campaña tras campaña.

Si no deseaban estar en esta situación, debieron cumplir previamente con las leyes, punto. En México nos hemos acostumbrado a eso, a driblar la ley para llegar primero a la meta. O pensar equivocadamente que, si se quebranta ‘poquito’ no pasa nada. O peor aún, que gracias a los alfiles que se tienen como aliados en los altos círculos del poder, sean quienes juzguen a favor sus pecados. Pasaba antes, sigue sucediendo ahora.

Así actúa Macedonio y su partido, quien después de votar o domesticar a hombres y mujeres incondicionales dentro de las diversas instituciones del Estado mexicano, presionan para cambiar la suerte a su favor. Es lo que está sucediendo, por ejemplo, con el magistrado presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, José Luis Vargas, quien después de un sinnúmero de evidencias por corrupción, y arrinconado en su diván, se alinea a los intereses del poder para defender, sin autoridad moral, a los candidatos incumplidores.

Las manecillas del reloj electoral están en marcha, y con ellas vemos y escuchamos lo peor de los candidatos. Es una verdadera vergüenza que un candidato como Macedonio inmortalice frente a un pequeño pelotón de incondicionales uno de los peores discursos en elecciones en México.

Dijo entre risas y excitado: “…pero si no se reivindican… ¡miren!, se los decimos de una vez: los vamos a hallar a los siete, los vamos a hallar, los vamos a buscar y vamos a ir a ver a Córdova… ¿No les gustaría al pueblo de México saber dónde vive Lorenzo Córdova?, ¿sí les gustaría saber donde está su casita de lámina negra que cuando llueve se gotea y moja su cuerpo, sí? ¡Cabroncito, eh!...”. Simplemente, impresentable. Un día después de esta nauseabunda reflexión, el mismo presidente le dirigió desde la mañanera un ‘bájale compadre’.

Macedonio busca emular las campañas de Andrés Manuel López Obrador, que a lo largo de los años confrontó a las instituciones y a los gobernantes de antaño. Pero a diferencia del guerrerense, AMLO articuló un movimiento congruente y bajo convicciones inamovibles. Marcó un pulso a pulso que fue ganando hasta llegar al poder.

La campaña de Macedonio se basa en la caricatura o la ofensa, depende del estado de ánimo de cada quien. Hoy día viven muy pocos líderes que realmente fueron capaces de concentrar simpatizantes a partir de sus ideas o movimientos sociales: Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, el zapatismo de Marcos, y por supuesto Andrés Manuel López Obrador. Han sido liderazgos que han trascendido. Lo que intenta Macedonio es una vulgar aventura para llegar al poder.

Por eso llama la atención que AMLO considere que Macedonio deba estar en la boleta electoral, porque según sus argumentos, el pueblo es quien decide. En realidad, lo que pretende es doblegar a aquellos personajes que dentro de las instituciones del Estado mexicano son contrarios a él, a sus ideas y a su movimiento.

Una democracia no será funcional sin el fortalecimiento del andamiaje institucional, político y económico. AMLO tiene razón al afirmar que, anteriormente, las instituciones en México también estaban cooptadas, y muchas veces de manera ilegal, actuaron en su contra; no obstante, hoy quiere hacer lo mismo, perjudicarlas para que no lo perjudiquen. Lo peligroso dentro de los discursos incendiarios es que las debilita. Y mejorarlas nunca será tarea de uno solo.

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

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