Abogado experto en marcas

Gas Bienestar, ¿llegó a competir o a destruir?

La llegada de una empresa gubernamental al mercado de distribución de gas no tiene que ser una mala noticia. La clave es respetar la igualdad de condiciones con los particulares.

Atropellado. No puede describirse de otra forma el arranque del proyecto de Pemex consistente en vender gas directamente a los particulares.

Tras unos días de haber iniciado operaciones, se han reportado fallas en la distribución, poca claridad en los precios y un ahorro menor al que muchos esperaban.

Los problemas no paran ahí, parece que a los organizadores se les olvidó registrar el nombre Gas Bienestar como marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) y ahora un par de particulares reclaman tener mejores derechos sobre la denominación. Se trata de Rodolfo Lau Siemers y Carlos Malloy Sánchez, ambos aparecen en la base de datos del IMPI como titulares de solicitudes previas a las del gobierno e incluso el primero inició un procedimiento formal de oposición contra Pemex.

Aún hay más, en redes sociales estuvo circulando la fotografía de una mujer transportando felizmente su Gas Bienestar en un carrito de supermercado. Trascendió que los cilindros llevan impreso el Escudo Nacional.

Los símbolos patrios son venerados por los mexicanos desde edades tempranas, su uso para fines comerciales es de dudosa legitimidad porque implica una ventaja indebida. Un consumidor promedio puede verse inclinado a comprar el producto que ostenta el Escudo Nacional, simplemente por la carga emotiva que este signo le produce.

Para un particular, está prohibido usar el Escudo Nacional como marca, así lo establece la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial (art. 386 fr. XIX). Pemex, en cambio, tiene facultades para usar el Escudo Nacional, pero… ¿en un cilindro de gas?

En la teoría económica se debate si el Estado debe competir contra los particulares en mercados de bienes o servicios. La experiencia demuestra que en algunos nichos es posible e incluso deseable la coexistencia de empresas del Estado con los particulares, así sucede en los servicios de mensajería, educación, salud y muchos otros.

En todo caso, el riesgo es que el Estado no juegue limpio, es decir, que utilice sus ventajas naturales para competir deslealmente. Justo lo que estamos presenciando.

En el último mes se utilizaron tiempos oficiales en medios de comunicación para anunciar el lanzamiento de Gas Bienestar, debieron pagarse comerciales como hace una empresa privada.

Desde el gobierno se difunde el mensaje de que Gas Bienestar es caro dado que “es de mejor calidad”, “tiene mayor poder calórico” en comparación con los que venden otras marcas. Hasta el momento no se han hecho públicos estudios de Profeco que avalen estas supuestas ventajas.

La llegada de una empresa gubernamental al mercado de distribución de gas no tiene que ser una mala noticia. La clave es respetar la igualdad de condiciones con los particulares, de lo contrario se generará un monopolio.

El proyecto de Gas Bienestar podría ser bueno, pero está teniendo una ejecución desafortunada. Si no resuelve sus problemas en el IMPI tendrá que cambiar de nombre, ojalá también renueven su imagen, usar el Escudo Nacional en un cilindro de gas es de mal gusto y un acto de competencia desleal.

COLUMNAS ANTERIORES

Nuevos aires para el IMPI
El negocio de influir

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.