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Joe Biden le enseña los dientes a la industria farmacéutica

La declaración de Joe Biden respecto a las patentes no es una declaración de guerra, pero constituye el primer aviso de que está dispuesto a tomar acciones para generar un cambio.

Mientras Estados Unidos prepara los cohetones para declarar su ‘independencia del coronavirus’ este próximo 4 de julio, la mayoría del mundo sigue luchando por conseguir vacunas. Ante la emergencia, el presidente Joe Biden anunció que apoyará una iniciativa para suspender los derechos de patente sobre las vacunas contra el Covid-19. Se pretende facilitar el acceso global a esta tecnología.

Las declaraciones de Biden fueron recibidas con tremendo júbilo por la Organización Mundial de la Salud y por los gobiernos de algunos países en vías de desarrollo. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro, su nueva política hacia las patentes es más una demostración de fuerza que una medida práctica.

En octubre del año pasado, India y Sudáfrica presentaron una iniciativa ante la Organización Mundial del Comercio para suspender los derechos de patentes sobre las invenciones relacionadas con el tratamiento y prevención del Covid-19. En su momento, la propuesta fue sepultada por los gobiernos de Europa y Estados Unidos, quienes se rehusaron incluso a debatirla.

Con el pasar de los meses la presión ha ido en aumento, India y Brasil enfrentan tasas de mortandad catastróficas. Existe la percepción global de que Estados Unidos han acaparado desproporcionalmente la producción de vacunas e incluso tienen un excedente debido a que muchos estadounidenses se niegan a recibir la dosis.

El reclamo de otros países no se ha hecho esperar. Desde finales de abril, el Instituto Serum de India acusó a la administración de Biden de bloquear la exportación de insumos esenciales necesarios para aumentar la fabricación de vacunas. En efecto, el 21 de enero de 2021 el gobierno del presidente Biden invocó una ley denominada US Defense Production Act con el objeto de restringir la salida de materia prima utilizada para elaborar las vacunas en Estados Unidos.

En su momento la Casa Blanca se rehusó a comentar sobre las restricciones a la exportación de insumos. El gobierno estadounidense enfrentaba una presión internacional importante y necesitaba hacer algo para mostrar su buena voluntad.

Anunciar públicamente su apoyo a la propuesta de suspender los derechos de patente es una jugada estratégica que le ayuda a Biden para reposicionarse como un líder en la lucha contra la pandemia, pero no tendrá ningún efecto inmediato. En la Organización Mundial del Comercio hace falta el voto europeo para que una medida de esta naturaleza prospere y la postura de ese continente ha sido claramente en contra, la canciller alemana Angela Merkel recientemente ratificó esta postura.

No obstante, el anuncio de Biden tiene un efecto positivo práctico pues ha servido para encender las alarmas en la industria farmacéutica. Los grandes laboratorios han recibido el mensaje de que deben aumentar su producción de vacunas o podrían enfrentar medidas extremas como la suspensión de sus patentes. En ese escenario, lo más conveniente para los innovadores sería conceder licencias voluntarias a laboratorios locales para incrementar el abasto.

Se esperaba que esta nueva administración demócrata en Estados Unidos fuera mucho más agresiva contra la gran industria farmacéutica, acusada de aumentar los precios de medicamentos esenciales. La declaración de Joe Biden respecto a las patentes no es una declaración de guerra, pero constituye el primer aviso de que está dispuesto a tomar acciones para generar un cambio.

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