Innovación, Clima y Capital

Anticiparse al desastre

Bajo lluvias torrenciales que convirtieron las calles en ríos, los delegados analizan cómo hacer de la tecnología un aliado para anticipar, resistir y recuperarse.

En enero, un titular que ya no sorprende decía “2024 fue el año más caluroso en México”. Noticias como estas se repiten con tanta frecuencia que parecen parte del clima, no de la prensa. Cada año se convierte en “el más caluroso”, cada tormenta en “la más fuerte”. El cambio climático ya no es una predicción, es el presente que habitamos.

En Belém, durante la COP30, el mensaje es claro. La adaptación no puede esperar. Bajo lluvias torrenciales que convirtieron las calles en ríos, los delegados analizan cómo hacer de la tecnología un aliado para anticipar, resistir y recuperarse.

Carmen, dueña de una pequeña pescadería en Campeche, lo sabe. Hace dos años perdió casi toda su mercancía tras una tormenta que inundó el mercado. Pero esta temporada, cuando recibió una alerta temprana por WhatsApp, movió su inventario y aseguró su local con sacos de arena. También se coordinó con otras mujeres del mercado para compartir una bodega elevada. Cuando la tormenta llegó, no perdió casi nada. La diferencia no fue suerte, sino la anticipación. Según la campaña global Race to Resilience, cerca de 438 millones de personas ya están mejor protegidas frente a choques climáticos y se han movilizado más de 4.200 millones de dólares para fortalecer la adaptación. Pero todavía falta mucho.

En el sector agrícola (clave para nuestra supervivencia), iniciativas como AgriLLM, el primer modelo de IA abierto para agricultores, buscan democratizar el acceso a datos climáticos y mejorar las decisiones agrícolas. El Banco Mundial calcula que cada dólar invertido en preparación ahorra entre cuatro y siete dólares en reconstrucción. En México, donde más del 70% de las empresas son micro o pequeñas, cada día de operación perdido puede significar el cierre definitivo.

La buena noticia es que existen tecnologías y modelos enfocados en anticipación. Atram.ai, una fintech climática, combina inteligencia artificial con financiamiento para pequeñas empresas y ofrece alertas personalizadas, asesoría y líneas de crédito contingentes antes de un desastre. En sus pilotos en Colombia y Kenia, el 54% de los usuarios alertados por inundaciones evitó pérdidas y todas las mujeres protegieron sus negocios. Desde Argentina, Satellites on Fire utiliza inteligencia satelital para detectar incendios y degradación forestal con hasta 72 h de anticipación, colaborando con aseguradoras y gobiernos en LATAM. A nivel global, empresas como Climate AI, Jupiter Intelligence y 7Analytics desarrollan modelos predictivos para la agricultura, las finanzas y la gestión de inundaciones, mientras Zesty AI emplea imágenes satelitales para evaluar riesgos de incendios y daños en infraestructura. En el sector financiero, Zurich, con su herramienta Climate Spotlight, permite identificar qué instalaciones están en riesgo bajo distintos escenarios climáticos hasta 2100. Por su lado, Google Flood Hub ya cubre 150 países y más de dos mil millones de personas y predice crecidas de ríos hasta siete días antes.

Pero la tecnología solo funciona si la acompañamos de decisiones inteligentes. Las PYMES pueden reducir riesgos con medidas simples y de alto impacto. Lo primero es identificar sus activos más expuestos, qué bodegas, talleres o locales están en zonas inundables o con riesgo de incendio y trasladar inventarios críticos a lugares elevados o más seguros. Luego, adaptar físicamente las instalaciones, reforzar techos, sellar muros, elevar equipos eléctricos y asegurar sistemas de ventilación o refrigeración. Las olas de calor, cada vez más frecuentes, están provocando grandes pérdidas en mercancías perecederas (pescado, frutas, lácteos), pérdidas que podrían mitigarse con cadenas de frío comunitarias o refrigeradores solares compartidos.

Gestionar el inventario con lógica preventiva es otra prioridad, mantener existencias mínimas fuera del área de riesgo, rotar productos y planificar entregas escalonadas. Diversificar proveedores y rutas de transporte, así como digitalizar facturas y registros en la nube para evitar perderlos tras un evento extremo. Preparar protocolos de emergencia y comunicación, instalar sistemas de captación pluvial o drenajes mejorados y usar materiales resistentes al calor son pasos prácticos que fortalecen la resiliencia. Finalmente (aunque esta lista es solo ilustrativa, no exhaustiva), contar con seguros paramétricos, líneas de crédito contingentes y alianzas locales marca la diferencia entre cerrar y continuar. Nada de esto será posible sin programas de asistencia técnica, trabajo constante de sensibilización y capacitación y líneas de financiamiento para adaptación.

En regiones donde las lluvias son cada vez más extremas, aprovechar el agua se vuelve parte de la adaptación. Sistemas de captación pluvial, almacenamiento modular y recarga de acuíferos pueden transformar una inundación en una reserva para tiempos secos. En México, proyectos como Isla Urbana muestran que esto no solo es posible, sino rentable.

Las mujeres, que suelen estar al final de las cadenas de suministro, como en la pesca o la agricultura, son quienes más sienten el impacto del desbalance climático. Cuando las olas de calor reducen la vida útil del pescado o los cultivos llegan dañados por el exceso de lluvias, son ellas quienes asumen las pérdidas. Apoyarlas con herramientas de alerta, financiamiento y tecnología no es solo equidad, es eficiencia económica.

Anticiparnos no es una aspiración, es supervivencia. Las alertas tempranas, la planificación financiera y la adaptación física de nuestros espacios pueden definir quién se recupera y quién desaparece tras un evento extremo. El clima cambia, pero también puede cambiar la forma en que lo enfrentamos.

Nelly Ramírez Moncada

Nelly Ramírez Moncada

Especialista en desarrollo internacional con más de dos décadas de experiencia en América Latina y África.

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