Antes del Fin

La oposición de los 23 gobiernos

‘Una democracia necesita oposición capaz de denunciar. Pero también ciudadanos que distingan entre quien identifica un problema y quien demuestra cómo resolverlo’, escribe Nadine Cortés.

¿Cuál de los 23 estados gobernados por Morena debería tomar Guadalajara como ejemplo?

La pregunta parece sencilla para un partido que gobierna la Presidencia y acumula años administrando ciudades y entidades enteras. Sin embargo, sus aspirantes parecen más interesados en mantener vivo el descontento social que en demostrar cómo han resuelto sus causas donde ya gobiernan.

Hay una forma de soberbia política que consiste en suponer que basta con encontrar ciudadanos enojados para merecer su confianza.

Andrés Manuel López Obrador construyó un movimiento eficaz para convertir agravios en poder. Aprendió a identificar problemas, atribuir responsabilidades y reunir inconformidades bajo una misma causa. Pero aquella fórmula contiene una contradicción que sus sucesores parecen ignorar: el partido que conquistó buena parte del Estado sigue comportándose como si no tuviera cuentas propias que rendir.

Bastaría con mirar su geografía.

En Zacatecas, los homicidios alcanzaron su máximo histórico en 2021, cuando Morena llevaba tres años en la Presidencia. Hoy el gobierno estatal presume haberlos reducido. El descenso es real, pero la historia no comienza donde conviene celebrar su recuperación. La violencia también alcanzó su peor momento mientras ese movimiento gobernaba el país.

Colima, gobernado por Morena, registró en 2024 la tasa de homicidios más alta de México. En Sinaloa, la violencia escaló bajo gobiernos del mismo partido; en Michoacán, la extorsión a productores sigue poniendo a prueba la capacidad del Estado para garantizar algo tan elemental como trabajar sin amenazas.

No son problemas exclusivos de una fuerza política. Pero tampoco puede presentarse como espectadora de lo que ocurre donde gobierna. La responsabilidad no desaparece porque el discurso encuentre a quién atribuirle la culpa.

Guadalajara revela otra contradicción, menos visible y quizá más importante.

En 2020 desapareció el Fondo Metropolitano, que financiaba proyectos de infraestructura en las grandes ciudades. Bajo la promesa de eliminar intermediarios, se modificó la relación presupuestal: las necesidades metropolitanas permanecieron, pero desapareció una vía específica para financiarlas. ¿Por qué sorprenderse, entonces, de que la Federación deba participar en las soluciones?

El 5 de octubre, Merilyn Gómez Pozos sostuvo que Jalisco debía financiar con sus propios recursos el nuevo acueducto. Veintitrés días después, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que participará con el gobierno del estado para construirlo.

Convirtieron en disputa política una responsabilidad compartida, después de eliminar uno de los instrumentos diseñados precisamente para atender necesidades metropolitanas. Desde julio, Vero Delgadillo, alcaldesa de Guadalajara, impulsó, junto con legisladores de su partido, la recuperación del Fondo Metropolitano. En agosto, la iniciativa llegó a la Cámara de Diputados y fue turnada a la Comisión de Presupuesto, presidida por la propia Merilyn Gómez Pozos. Sigue pendiente.

La ironía es difícil de esconder: quienes aspiran a gobernar Guadalajara ya ocupan posiciones desde las que pueden impulsar soluciones. No necesitan ganar la alcaldía para comenzar. Podrían explicar qué harán con el instrumento que su propio movimiento eliminó.

En cambio, la contienda parece avanzar por otro camino. Se buscan titulares que anuncien victorias, se celebran popularidades y se interpreta el desgaste ajeno como crecimiento propio, aunque los datos no demuestren una transferencia de electores. Todo ello cuando Morena ni siquiera ha definido quién encabezará su candidatura.

Como si el descontento ciudadano fuera un patrimonio que pudiera repartirse antes de las elecciones.

Esta forma de hacer política convierte las dificultades sociales en oportunidades electorales. Y cuando el enojo es estrategia, encontrar soluciones puede dejar de ser la prioridad.

ANTES DEL FIN

Una democracia necesita oposición capaz de denunciar. Pero también ciudadanos que distingan entre quien identifica un problema y quien demuestra cómo resolverlo.

Porque si una fuerza política convierte cada reclamo en una confrontación, no deberíamos sorprendernos de que ésa siga siendo su respuesta cuando le corresponda gobernar.

Morena ya conquistó buena parte del poder que decía necesitar para transformar México. Antes de ofrecerle otra ciudad por transformar, habría que exigirle que muestre qué ha transformado donde ya gobierna.

Nadine Cortés

Nadine Cortés

Abogada especialista en gestión de políticas migratorias internacionales.

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