Antes del Fin

La crisis hídrica y la farsa

El deterioro de los servicios públicos sobrevive a gobiernos de distinto signo. Hay redes que envejecen más lentamente que la paciencia ciudadana.

En 2008, una escena de Sex and the City hizo reír a millones. Charlotte, de vacaciones en México, abrió distraídamente la boca bajo la regadera. Escupió de inmediato.

Horas después, la comedia cobraba su imprudencia. La broma no necesitaba explicación: fuera de México también se sabía que beber agua de la llave podía enfermar.

Dieciocho años después, la escena resulta menos graciosa. El deterioro de los servicios públicos sobrevive a gobiernos de distinto signo. Hay redes que envejecen más lentamente que la paciencia ciudadana y responsabilidades que atraviesan administraciones.

Lo extraordinario es la facilidad con que los partidos olvidan esa historia al cambiar de posición.

En abril de 2024, vecinos de Benito Juárez denunciaron agua contaminada en la Ciudad de México, gobernada por Morena. Clara Brugada, entonces candidata, pidió esperar investigaciones y dejar de politizar el asunto.

Ante la participación de opositores en las protestas, fue más lejos: «anteponen su interés político al bienestar de la población». La alarma sanitaria se convirtió en una sospecha sobre las intenciones de quien la denunciaba.

La capital no dejó atrás sus problemas hídricos con aquella elección. En 2025, Brugada reconoció la paradoja de Iztapalapa: colonias sin agua durante el estiaje y bajo el agua con las lluvias.

En abril de 2026 admitió que persistían zonas sin acceso garantizado. En Ecatepec, otro municipio gobernado por Morena, la Suprema Corte ordenó garantizar el suministro a vecinos que llevaban años reclamándolo. Frente al problema propio, los gobiernos hablan de rezagos, infraestructura, inversiones y tiempo.

En Jalisco, el vocabulario se transforma. El 6 de octubre, diputados federales de Morena exigieron declarar una crisis sanitaria por la calidad del agua en el área metropolitana de Guadalajara.

Atribuyeron responsabilidades a Movimiento Ciudadano y exigieron consecuencias. En el Congreso estatal, Morena y otras fuerzas habían pedido diagnósticos y medidas de fondo. El partido que reclamaba prudencia en Benito Juárez convirtió el agravio de Jalisco en un juicio sobre la capacidad del adversario.

Ahí aparece la doble vara. Para los gobiernos propios, los problemas tienen causas que investigar y décadas que remontar. Para el adversario, su persistencia prueba incapacidad y exige consecuencias inmediatas. Morena decide cuándo denunciar es un deber público y cuándo revela ambición electoral.

Esa elasticidad forma parte de un mecanismo de poder más sofisticado. Morena convirtió agravios dispersos en identidad compartida: un pueblo lastimado, responsables a quienes señalar y un movimiento que reclama su representación legítima.

En la oposición, ese relato une denuncia y organización territorial. En el gobierno, el mismo razonamiento amenaza con volverse contra el partido; entonces aparecen los matices técnicos y el tiempo que antes negó a otros.

En Guadalajara, el calendario ayuda a entender el interés. Carlos Lomelí, Chema Martínez y Mery Gómez Pozos registraron aspiraciones a coordinar estructuras municipales de Morena rumbo a 2027.

La crisis hídrica figura en sus discursos. El agravio pasa de la tribuna a las colonias; la presencia territorial puede transformarse en estructura electoral. No hace falta inventar conspiraciones: sus registros y declaraciones están a la vista.

El PRI tampoco escapó a la tentación del espectáculo: el 20 de octubre llevó recipientes de líquido turbio a San Lázaro y la discusión acabó en empujones. El daño acumulado durante administraciones de distintos colores quedó reducido a una escena para la confrontación.

La salud, como la seguridad, tiene un valor incalculable cuando está amenazada. Su utilización electoral tiene un costo: el miedo de una sociedad se convierte en recurso renovable de los partidos, mientras las responsabilidades envejecen en los archivos.

La polarización también pasa factura. Para sostener que el adversario es incapaz de resolverlo todo, los partidos niegan las capacidades que necesitan compartir. Cada problema se vuelve una frontera política; cada acuerdo, una posible traición.

Las crisis sobreviven a las elecciones y la sociedad hereda el costo de una confrontación que nunca eligió.

ANTES DEL FIN

Morena en Jalisco debería escuchar a Brugada: ¿por qué lo que en el gobierno llama politiquería es autoridad moral desde la oposición?

Charlotte escupió el agua. Dieciocho años después, los partidos aún esperan que México se trague sus contradicciones.

Nadine Cortés

Nadine Cortés

Abogada especialista en gestión de políticas migratorias internacionales.

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