Antes del Fin

En Guadalajara, Morena no está leyendo su derrota

‘Morena no parece estar leyendo bien su fuerza; más bien sigue leyendo mal su derrota’, explica Nadine Cortés.

No hay una revocación de mandato contra Verónica Delgadillo. Hay, hasta ahora, una solicitud presentada ante la autoridad electoral. La diferencia no es de trámite: es de naturaleza política.

Entre una solicitud y un proceso formal median requisitos, validaciones y etapas que todavía no ocurren. Sin embargo, incluso antes de que existiera un avance institucional real, la escena pública ya había sido ocupada por dirigencias, legisladores y cuadros partidistas; lo que debía proyectarse como impulso ciudadano apareció, desde el arranque, bajo una lógica partidizada.

El problema de fondo no está sólo en la forma, está en la lectura. Morena no parece estar leyendo bien su fuerza; más bien sigue leyendo mal su derrota. En 2024, Verónica Delgadillo obtuvo 41.64 por ciento de la votación en su candidatura a la presidencia municipal de Guadalajara.

Morena, como partido, obtuvo 29.09 por ciento. La distancia entre ambos fue de 12.55 puntos porcentuales. Luego puede hacerse la suma de aliados y construirse otra fotografía. Pero el dato políticamente más exigente sigue siendo este: frente a Verónica, Morena por sí solo quedó claramente abajo.

Ese dato, por sí mismo, no explica toda la elección; lo que termina de explicarla es el comportamiento del electorado tapatío. Morena ganó tres de los cuatro distritos locales de Guadalajara, mientras Verónica Delgadillo retenía la presidencia municipal.

La ciudad no votó en línea recta, separó boletas, distinguió perfiles y repartió poder. Esa combinación obliga a leer algo más que marcas partidistas: obliga a leer el peso específico de una candidatura.

Ahí aparece el punto ciego de Morena; el factor diferencial de aquella elección no fue una coyuntura pasajera, sino Verónica Delgadillo. No estaba enfrente una improvisación electoral ni una figura construida al vapor. Estaba una política de carrera.

Fue diputada local, diputada federal, senadora electa por mayoría relativa y hoy presidenta municipal de Guadalajara. En el Senado ocupó una vicepresidencia de la Mesa Directiva y dentro de su partido se convirtió en la primera mujer en presidir el Consejo Ciudadano Nacional.

Eso no obliga a compartir su proyecto, pero sí a reconocer que se trataba de una figura con densidad propia, trayectoria verificable y capital político acumulado.

También por eso resulta insuficiente reducir su victoria a un simple momento simbólico. Verónica no llegó solo por representar algo; llegó siendo alguien políticamente reconocible. Su historial público incluye agenda legislativa en paridad, participación ciudadana, cuidados e igualdad. La diferencia entre una consigna y una carrera política está justamente ahí: la segunda deja huella comprobable.

La falla de lectura, por tanto, no fue solo electoral; fue también de diagnóstico. Morena avanzó en Guadalajara, sí, pero confundió avance con comprensión. Leyó crecimiento donde debía leer límite.

Leyó oportunidad donde debía leer adversaria. Y leyó a la ciudad como si fuera una plaza disponible para la inercia nacional, cuando las urnas mostraron algo más complejo: una ciudadanía capaz de distinguir entre boletas, entre perfiles y entre niveles de poder. Esa es una forma mucho más incómoda de derrota, porque no se corrige solo con más ruido.

Además, el contexto ya cambió; el tablero partidista y el ecosistema de alianzas de hoy ya no son idénticos a los de 2024. Y la próxima intermedia no tendrá ni elección presidencial ni de gubernatura en la boleta.

Las inercias de arrastre que operaron en una elección concurrente no pueden trasladarse mecánicamente al escenario que viene. Leer el presente como si nada se hubiera movido sería, por sí mismo, un error analítico.

Por eso la pregunta relevante no es si Morena logró colocar un tema en la conversación pública. La pregunta relevante es otra: si después de 2024 sigue sin responder con precisión por qué no pudo derrotar a Verónica Delgadillo, ¿no será que su principal problema no está en Guadalajara, sino en la lectura que sigue haciendo de sí mismo?

ANTES DEL FIN

Guadalajara ya mostró algo en las urnas: distingue, compara y decide con más matices de los que algunos relatos partidistas admiten.

Y cuando una fuerza política insiste en interpretar a una ciudad compleja como si fuera una plaza obediente, corre un riesgo evidente: no sólo equivocarse sobre su adversaria, sino volver a equivocarse sobre la ciudadanía.

Nadine Cortés

Nadine Cortés

Abogada especialista en gestión de políticas migratorias internacionales.

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