Mexicanos Primero

El verdadero saldo de un ciclo escolar

El cierre del ciclo escolar abre el debate sobre el aprendizaje, las interrupciones de clases y los retos de la educación en México.

Terminó un ciclo escolar más. Como cada año, veremos balances oficiales llenos de cifras: escuelas construidas, becas entregadas, libros distribuidos, programas anunciados, inversiones ejercidas y nuevos compromisos para el siguiente periodo. Pero pocas veces nos hacemos la pregunta más importante: ¿qué aprendieron realmente las niñas, niños y adolescentes de México? Ese debería ser el indicador de toda la conversación pública. Sin embargo, seguimos evaluando acciones cuando lo que importa son los resultados. La primera lección que deja este ciclo escolar es preocupante: hemos normalizado perder oportunidades de aprendizaje.

No importa si las clases se suspenden por un paro, una ola de calor, un huracán, problemas de seguridad, infraestructura deficiente o decisiones administrativas. Para una niña o un niño todas esas razones producen exactamente el mismo efecto: menos tiempo para aprender. El problema nunca ha sido perder un día de clases. El problema es que ya dejamos de sorprendernos cuando ocurre. Cada interrupción parece justificarse por separado, pero nadie se hace responsable del aprendizaje que se pierde ni de cómo recuperarlo. El derecho a aprender termina siendo la primera víctima de cualquier emergencia.

La segunda lección es recordar algo que con demasiada facilidad olvidamos: la escuela es mucho más que un edificio. Cuando una escuela cierra, no solamente se suspenden contenidos académicos. Se interrumpe un espacio de protección, de convivencia, de desarrollo socioemocional y de construcción de ciudadanía. La escuela ofrece estabilidad en contextos muchas veces marcados por la incertidumbre. Por eso, cada cierre tiene consecuencias mucho más profundas de las que solemos reconocer.

Otra lección, quizá la más importante es que México sigue administrando interrupciones, en lugar de garantizar continuidad. Las emergencias seguirán existiendo. Habrá fenómenos naturales, conflictos sociales, problemas de seguridad y condiciones climáticas extremas. La verdadera pregunta no es si volverán a ocurrir, sino si el sistema educativo está preparado para que las y los estudiantes sigan aprendiendo cuando ocurran. Hay enorme evidencia de países que han puesto la educación en emergencias como un tema prioritario en la agenda.

Hoy la respuesta es preocupante. Seguimos sin contar con protocolos suficientes para prevenir, mitigar y recuperar las pérdidas de aprendizaje. Cada crisis se enfrenta como si fuera la primera y el costo siempre termina recayendo sobre quienes menos pueden recuperarlo. Y mientras discutimos calendarios escolares, hay un dato que debería ocupar el centro del debate: solo uno de cada dos estudiantes comprende lo que lee.

Ese dato no habla únicamente de lectura. Habla de la capacidad de aprender matemáticas, resolver problemas, entender ciencia, participar en la vida democrática o tomar decisiones sobre el propio futuro. Comprender lo que se lee cambia la trayectoria de vida de una persona. Por eso, el verdadero desafío no es terminar un ciclo escolar. Es garantizar que cada año escolar deje más aprendizaje que el anterior.

Ahora comienza el receso vacacional. Pero el aprendizaje no entra de vacaciones; simplemente cambia de lugar. Las familias, las bibliotecas, los museos, los parques, los centros culturales y los espacios comunitarios pueden convertirse en escenarios donde niñas, niños y adolescentes sigan descubriendo el mundo. Si queremos reducir las brechas educativas, también debemos pensar el verano como una oportunidad de continuar aprendiendo.

El próximo ciclo escolar no debería comenzar preguntándonos cuántos días habrá de clase o cuánto presupuesto se ejercerá. Debería comenzar con una pregunta mucho más exigente: ¿qué estamos haciendo para asegurar que, pase lo que pase, cada niña, niño y joven siga aprendiendo? Porque al final, la educación no se mide por las acciones que anunciamos. Se mide por los resultados de aprendizaje que logramos en nuestros estudiantes.

Patricia Vázquez del Mercado

Patricia Vázquez del Mercado

Presidenta Ejecutiva de Mexicanos Primero

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