Mexicanos Primero

¿Sirve La Escuela Es Nuestra?

La Escuela es Nuestra (LEEN) no es perfecta, pero hoy no existe ningún otro programa para atender la infraestructura escolar.

México es un país en donde más de la mitad de las escuelas públicas arrastran carencias básicas: escuelas sin agua, sin luz, sin baños, y también sin accesibilidad y conectividad. Arrastrar durante tantos años estas necesidades básicas lleva a una pregunta casi obligada: ¿sirve el Programa La Escuela es Nuestra? La respuesta no es sencilla. La Escuela es Nuestra (LEEN) no es perfecta, pero hoy no existe ningún otro programa para atender la infraestructura escolar. LEEN sirve, y sirve porque es prácticamente la única política pública que transfiere recursos directos a las escuelas para mejorar sus condiciones físicas y de operación.

El programa parte de una premisa correcta: acercarse a las necesidades reales de las escuelas. Durante décadas, la atención a la infraestructura educativa estuvo atrapada en esquemas centralizados, burocráticos y poco sensibles a los planteles. Con LEEN se busca romper con esa lógica al apostar por la gestión comunitaria directa, a través de los Comités Escolares de Administración Participativa (CEAP), integrados por madres, padres, docentes y directivos.

Pero es justo esa integración de la comunidad lo que también obliga a poner más atención en lo que pasa con los recursos. Lo que sigue no lo dice Mexicanos Primero, lo dicen las auditorías de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) que muestran que la implementación no ha estado exenta de problemas. Entre 2020 y 2023 se promovieron 58 acciones derivadas de cinco auditorías, con observaciones recurrentes sobre falta de documentación, procesos inconclusos, errores en padrones de beneficiarios y deficiencias en la supervisión. En los casos más graves, se documentaron recursos no comprobados por más de 550 millones de pesos en 2020.

Y aquí no me malinterpreten: estos hallazgos no significan que LEEN no sirva, sino que sirve a pesar de tener debilidades estructurales importantes. La apuesta por la autonomía comunitaria no fue acompañada –al menos en los primeros años–, de capacitación suficiente, asistencia técnica permanente ni mecanismos sólidos de supervisión. Delegar responsabilidades sin fortalecer capacidades en madres y padres genera riesgos previsibles: errores administrativos, subejercicios, obras inconclusas y dificultades para comprobar el gasto.

Pero ¿cuál es el problema de fondo? LEEN está cargando en solitario con una responsabilidad que debería formar parte de una política integral de infraestructura educativa. No sustituye una planeación nacional de largo plazo, ni resuelve por sí misma la falta de conectividad o de mantenimiento constante. Tampoco puede operar de la manera más efectiva si persisten vacíos normativos, ambigüedad de responsabilidades entre la SEP y la Secretaría de Bienestar, y debilidad en los sistemas de información y seguimiento.

Preguntemos de nuevo: ¿sirve La Escuela es Nuestra? Sí, porque hoy, sin LEEN, muchas escuelas simplemente no tendrían ninguna vía para atender sus condiciones materiales más urgentes. Pero también es claro que no basta con transferir recursos. Si el Estado no acompaña, capacita, supervisa y corrige, el riesgo es convertir una buena idea en una política vulnerable al desgaste, la opacidad y la desconfianza. Para Mexicanos Primero, reconocer que LEEN sirve es el primer paso; a partir de ahí toca fortalecerla, profesionalizarla y articularla con una visión nacional y de largo plazo.

María Teresa Gutiérrez

María Teresa Gutiérrez

Directora de Monitoreo de Indicadores Educativos en Mexicanos Primero

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