Mauricio Jalife

Histórica resolución de Cofece contra prácticas futboleras

Las sanciones impuestas por la Comisión Federal de Competencia Económica a diversos clubes y directivos del futbol mexicano no son ejemplares, pero sí son emblemáticas.

Las sanciones impuestas por la Comisión Federal de Competencia Económica a diversos clubes y directivos del futbol mexicano no son ejemplares, pero sí son emblemáticas. Si bien el monto de las multas no corresponde a la gravedad y persistencia de las conductas, su sentido sí marca un antes y un después.

A lo largo de décadas el futbol nacional ha marchado con sus propias reglas. Los grandes intereses involucrados, los montos estratosféricos que se manejan y el arrastre popular del deporte del balompié ha dotado a sus protagonistas de una especie de gran isla, alejada del sistema jurídico e instalada en la más rampante impunidad.

No hablamos sólo de las decisiones arbitrarias que el grupo de equipos que dirigen la federación suelen adoptar para cuidar sus intereses, como la eliminación de la figura del ascenso en la división de ascenso, la multipropiedad o la compraventa de franquicias, sino en temas tan puntuales como los derechos laborales de los jugadores, en que ‘pactos de caballeros’ y dobles contratos han sido tan constantes como nocivas.

De estas dos conductas, la más grave y sancionada ha sido la de cerrar a un jugador la posibilidad de negociar con otros un nuevo contrato, mientras existan diferencias o asuntos pendientes con el club al que actualmente se pertenece. Es una muy buena noción jurídica entender que el respeto a los derechos humanos no solo corresponde a las autoridades, sino que todos estamos llamados a su preservación y observancia, en todos los ámbitos. En el tema de los dobles contratos serán otras autoridades, como las de carácter fiscal, las que deberán enviar el mensaje que seguir con esas formas pone a todos sus signatarios en el filo de la cornisa.

La resolución de la Cofece, luego de tres años de investigaciones y el soporte de copiosas pruebas, debe ser el punto de partida para erradicar estas prácticas para siempre. Dada la visibilidad del popular deporte, los efectos benéficos de la sentencia desbordarán los límites de esta industria y llegarán a muchas empresas y sectores del país. Este proceso de culturización es el mejor efecto secundario al que pudiéramos aspirar.

Bajo esta perspectiva, el asunto adquiere especial significado porque es la primera vez que una autoridad determina, con contundente claridad, que existen prácticas en este negocio que vulneran principios de sana competencia. Y cuando se contravienen disposiciones de este tipo, más allá de los daños directos a jugadores, invariablemente existen daños a los consumidores.

Si me preguntan si una resolución de este tipo cambiará la forma de operar del futbol mexicano, mi respuesta es que sí, que de fondo la cultura de los tomadores de decisiones se modificará para evitar transgredir la ley, porque a partir de este momento el radar y la sensibilidad de todos será distinta. Ese es el valor de esta determinación, y el valor mismo de la labor de la Cofece, que es el de incidir en forma directa y decisiva en el comportamiento de los agentes económicos para generar condiciones de piso parejo en el campo de juego.

Por ahora, tomamos como una enérgica tarjeta amarilla la resolución de la comisión, con un atento llamado del árbitro a cumplir las reglas. La próxima no será segunda amarilla, sino roja directa.

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