Emisiones y residuos: el reto inconcluso de empresas y gobiernos
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Emisiones y residuos: el reto inconcluso de empresas y gobiernos

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Emisiones y residuos: el reto inconcluso de empresas y gobiernos

02/12/2019
Actualización 02/12/2019 - 13:50

En el mundo ideal, ninguna persona, entidad productiva o gobierno debería desentenderse de los residuos que su actividad produce.

En un mundo responsable, cada persona física o moral que forme parte de un proceso productivo, además de buscar entregar el mejor producto o servicio posible a sus clientes, debería de eliminar el impacto de su huella ambiental local y global.

En su definición más simple, un residuo es la parte o porción que queda de un producto, proceso o servicio después de cumplir el uso primario para el que se diseñó y que se convierte en material no deseado que se busca desechar de la forma más inmediata y cómoda posible. Se le suele equiparar a emisiones, descargas o, simple y llanamente, a basura.

¿Cómo lograr que las actividades productivas y gubernamentales transiten hacia la eliminación de residuos dañinos al medio ambiente, sin subestimaciones del costo-complejidad y con el sentido de urgencia que requiere el deterioro acelerado del planeta? La respuesta es multifactorial, pero aquí tres reflexiones para provocar conversaciones:

1) El control de residuos (salidas), debe equipararse al de insumos (entradas).- Bajo la premisa de que no se mejora lo que no se mide, las organizaciones no reducen lo que no controlan cuantitativa y cualitativamente.

Hace mucho le escuché decir a un gobernante que la ciudad más limpia no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia. Parafraseándolo, el mejor residuo gestionado no es aquél que se quema o se confina, sino aquél que se elimina, se reusa o se recicla.

2) Los residuos son coresponsabilidad del productor y del usuario del producto.- La visión de un residuo (líquido, gas o sólido) como un material que sólo suministra uno o sólo desecha otro para que un tercero (sociedad o gobierno) resuelva su disposición final es tan anacrónica como irresponsable.

Una visión empresarial y gubernamental circular es tan necesaria como funcional. Evaluar cada insumo o producto consumido desde el origen hasta la disposición final del material que deja de ser funcional debe ser el ‘nuevo normal’.

3) Reusar y separar ya no es suficiente.- Es igual o más importante el correcto acopio de lo que se tiene que desechar y la localización de (o en su caso inversión en) centros de distribución y procesamiento para su adecuado manejo final.

Y sí, todo inicia con el consumo responsable o la proveeduría ambientalmente amigable, pero además del análisis de materiales (preferentemente no contaminantes y biodegradables), se requiere corresponsabilidad por el procesamiento y destino final de todo líquido, gas o material equiparable a basura que nuestra actividad individual o colectiva produzca.

El medio ambiente seguirá siendo impactado por la actividad humana, pero no tiene que ser afectado en la forma y magnitud que lo hacemos hoy. Personas, empresas y gobiernos podemos aprender que cada ecosistema tiene una relación: aire-agua-tierra que hay que cuidar en cada acción productiva o decisión de política pública.

Rediseñar procesos productivos con cadenas de reciclaje y tratamiento de aguas y gases; corregir impactos negativos al ambiente, atenuar aquellos impactos imposibles de eliminar y darle la adecuada prioridad para que lo que hoy es un residuo sea mañana un insumo productivo para alguien, es y debe ser parte de la responsabilidad empresarial y gubernamental.

Todos contaminamos en cierta proporción, pero no todos colaboramos positivamente con el medio ambiente. Y entre que terminamos de aprender mejores formas para vivir saludablemente en el planeta, enfoquémonos en procurar cuerpos de agua sanos, aire saludable y residuos que siempre tengan un destino final bien pensado, bien ejecutado y adecuadamente procesado. Así de simple y así de complejo.

Empresario y conferencista internacional.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.