Las buenas lo tienen. Una secuencia de sucesos calibrados que le dan forma al actuar organizacional armónico. Sin drama, se hace lo que se requiere, en tiempo, con la forma adecuada, en el costo y produciendo el resultado comprometido. Esas empresas tienen un ritmo idóneo.
Lograrlo es un primer paso. Escalarlo sin fracturas un talento. Mantenerlo en balance productivo y funcional es el reto perpetuo. Tic, tac. Tic, tac. Cada día, cada semana, cada trimestre las cosas suceden y los desafíos se resuelven.
En su definición más simple, el ritmo es un orden acompasado (hecho o puesto a compás) en la sucesión o materialización de las cosas. En otras palabras, el movimiento es razonablemente ordenado, en el tono y tino correcto, con las pausas necesarias y saludables y el andar de la organización luce en compás y casi sin esfuerzo.
¿Cómo reforzar el ritmo de una compañía en su operación ordinaria? Aquí tres puntos para la reflexión directiva:
1) Solo la conciencia situacional evita malas sorpresas.- Puede haber algo desafinado. No obstante, el problema emergente de una pieza de tu rompecabezas funcional o la omisión de un tercero que afecta los entregables se sabe a tiempo y directo. Esa es la primera variable crítica del ritmo organizacional.
El problema se atiende al límite del talento y los recursos disponibles puestos al servicio del propósito, pero el tic-tac del conjunto sigue. Nada se paraliza o se desvía sin lógica o razón. Y rencarrilada la desviación, será una nota armónica más que se suma al ritmo procurado del conjunto.
2) Ante las desviaciones, evita la eternización de soluciones temporales.- El ritmo óptimo dura poco. Los desvíos de curso ocurren. Vectores externos y causas internas detendrán o subordinar tareas y la organización tenderá a crear soluciones inmediatas para rencauzar el ritmo.
Pero lo que es virtuoso en la emergencia es un hábito indeseable en la operación estructural. Lo temporal es eso, algo transitorio. Cuando las desviaciones de ritmo se descubren recurrentes hay que atender las causas estructurales y rediseñar.
3) Los ‘puntos de dolor’ deben resolverse bajo la lógica del deber ser.- Nunca desde la irritación o el cansancio. Cuando el ritmo de la organización le produce un dolor o afectación recurrente a un área o una persona, conviene marcar la alerta.
El deber ser tiene que ser el lente con el que revisan las cosas. ¿Cómo debería bien funcionar esa área? ¿Qué nuevo balance debemos ver en esa persona? ¿Cuál es el nuevo balance necesario? El ritmo es tan fuerte como el más vulnerable de sus protagonistas.
Cada empresa procesa distinto su realidad y digiere las presiones a sus ritmos organizacionales de manera distinta. Lo que no suele ser diferente en cualquier corporación es la inestabilidad desorientadora cuando se afecta seriamente su ritmo operacional. Y es que una cosa es la inestabilidad intrínseca del mercado y otra la disfuncionalidad inexplicable de una entidad productiva.
El ritmo de una empresa se diseña, se forja y se convierte en algo identitario. Y sí. Es una secuencia que produce regularidad, sonidos familiares, resultados pronosticables y, en su mejor expresión posible, una sensación fundada de control operacional.
¿Cuál es el tic-tac óptimo de tu organización? La respuesta es individualísima, pero conviene recordar lo que, palabras más, palabras menos, solía decir un exjefe mío: “el éxito no es el resultado del tiempo que dedicamos al trabajo, sino la calidad de tiempo bien invertido en lograr un ritmo constructivo que nunca frene nuestro andar”.