Gestión de Negocios

Sentirse cómodo en la incomodidad

Es una saludable incomodidad convertirte en quien vuelve a recibir instrucción básica.

¿Te has pegado en seco con un vidrio físico? Quienes sí lo sintetizamos de forma casi idéntica: “no lo vi”. Sentías que ibas perfecto en cierta dirección y, en un descuido o falta de atención, ¡pum! El trancazo te desbalancea al punto de que, si te tomó mal parado, te tumba sin el menor decoro.

Al margen del dolor que provoque en tu cuerpo, lo que suele ser más difícil de digerir es el efecto de descontrol absoluto. Una sensación incomodísima de cuestionamiento circunstancial profundo, de pena con quien te observa y de conciencia de tu vulnerabilidad instantánea.

¿Y si te dijera que hay que abrazar esa sensación? Que eso pasa en los negocios. Que un día te vas a pegar con algo y advertirás que tu organización es más vulnerable de lo que piensas y que, ante el hecho, te cuestionarás durísimo porque no pusiste atención en eso que, aunque no a simple vista, sí se veía. Y sí. Te va a dar pena con tu ecosistema.

¿Cómo abrazar la incomodidad al punto de lograr sentirte cómodo en ella? Aquí tres recomendaciones para el empresario activo:

1) Oblígate a ser principiante en algo.- Entre más experimentado y reconocido eres en algunos ámbitos de tu quehacer profesional, más temeroso suele un individuo ser al empezar de cero algo que es completamente ajeno.

Es una saludable incomodidad convertirte en quien vuelve a recibir instrucción básica. Y en el proceso, reconocer tu ignorancia funcional, la impericia para ciertos actos y, en su mejor expresión, la sensación de inexperiencia. El reto es superar el deseo de renunciar.

2) Descúbrete inflexible ante la rutina.- Es cierto que los procesos bien instituidos son una maravilla. Que el músculo rutinario desarrolla consistencia, ritmo y reflejos. Lo que también ocurre es que abona a la rigidez funcional y de criterio.

Es una saludable incomodidad cuestionarte los límites de la inflexibilidad procesal y salirte de la rutina, no sólo cuando el sentido común y la pericia de negocio lo dicten, sino cuando te presiona más allá de tu límite de control o bienestar. El reto es permitir efectos insospechados.

3) Confronta la incertidumbre como un insumo natural.- La aspiración a la certeza es una ilusión que se disipa lento. Es tan atractivo querer saber qué va a pasar en tus horizontes y es tan reconfortante el anhelo de que no se mueva nada que no nos beneficie, que se explica porque muchos rezan por no vivir cambios intempestivos.

Es una saludable incomodidad reconocerse en un mar de oleaje perpetuo. Donde lo único que cambiará es la intensidad de lo que golpea y altera tu vehículo de actuación. Se aprende que las fuerzas de choque están ahí y que el reto es saber identificar corrientes o vientos favorables.

En la empresa siempre aspiramos a controlar lo controlable. A poder ver más allá de lo que nuestra simple mirada permita. A adelantarnos en aquello que nos da ventaja. Y, si me apuran, en las organizaciones premiamos la dirección que ofrece la construcción del futuro deseable. Y está perfecto, lo único que debemos cuidar es la sensación de falso control.

Ese momento en donde puedes estar rodeado de cristales que ni ves, ni quieres ver. Esa etapa en la que te encuentras a gusto, operando lo ordinario, con tus métricas satisfechas y el orgullo inflado. Es ahí donde la vida empresarial me ha enseñado que hay que generar alertas personalísimas. Y, antes de que sentir el descontrol de un golpe con algo que no advertiste, poner atención especial en tus decisiones y caminos alternativos.

Y es que el empresario debe desarrollar muchas habilidades para mantenerse activo y competitivo, pero si tuviera que subrayar una que lo mantenga vivo y funcional esta sería… aprender a sentirse cómodo en la incomodidad.

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