Gestión de Negocios

El arte de ‘trabajar la sala’

Trabajar la sala es conectar, no con perfección, pero sí con autenticidad. Es abrirte para abrir. Bien dicen los que saben que a los eventos hay que saber llegar, hay que saber aportar y hay que saber regresar.

Abundan quienes llegan a un evento, panean para identificar conocidos e inmediatamente se aproximan a saludar a esos que ya conocen. Hay otro segmento que llega y, no sólo busca la esquina más reservada, sino que es improbable que salga de ese espacio durante su estancia en el salón.

La gente busca hacer ‘networking’ en múltiples eventos, pero más de uno cree que basta con tener acceso a un espacio para que el relacionamiento fluya y ello le abra oportunidades o le ofrezca contactos que potencien su persona, su negocio o ambos. Nada más inocente que eso.

En eventos, el relacionamiento intencionado debe trabajarse. Implica dominar tres habilidades: una, auto-presentarse con asertividad frente a uno o más desconocidos; dos, saber producir la conversación contextual idónea para identificar intereses en común; y, tres, presentar con astucia a alguien que convenga presentar, aún y cuando se lleve unos cuantos minutos de conocerlo.

¿Qué acciones ayudan a trabajar una sala para elevar el relacionamiento intencionado en cualquier evento? Aquí tres para la reflexión y práctica:

1) Voy a rotar.- Claro que se vale ingresar a un salón y acercarte a alguien que ya conoces. Es muy agradable sentir que ya conoces gente ahí e invertir unos minutos para ponerte al día. La clave está en no tardar mucho en circular dentro del propio evento.

Saludar a otros, los conozcas o no, es expandir posibilidades. Platicar con más, te parezcan interesantes o no, es potenciar conexiones. Y, finalmente, presentarte con los más, te de mucha o poca pena hacerlo, es trabajar el cuarto. Todos estamos a un contacto de algún proyecto nuevo, pero todo parte de hacer esa aproximación.

2) Sé interesante, no interesado.- El relacionamiento parte de comprender que las personas primero compramos personas. Alguien nuevo, nos lo presente un tercero o lo conozcamos casuísticamente, primero nos debe caer bien, nos debe irradiar confianza básica y, como diría más de un cuate mío, nos debe de vibrar.

Nada más erróneo que empezar a vender a la primera provocación. No estás precalificando prospectos, estás conociendo individuos. Comparte conocimiento del contexto, lanza preguntas interesantes, agrega sentido del humor. Sé interesante y lo demás vendrá por añadidura.

3) Pide que te presenten.- Si identificas a alguien que te gustaría conocer, no sólo tienes la alternativa de aproximarte cuando la circunstancia lo permita, sino que puedes pedirle a un conocido en común que te lo presente cuando resulte prudente.

Trabajar la sala no significa hacerlo como llanero solitario. Es entender que, si solicitas de buena forma, personas te pueden llevar a más personas. Y todo parte de preguntarte intencionadamente: ¿a quién debo conocer aquí?

Las personas asistimos a los eventos por los contenidos, por las invitaciones circunstanciales, incluso por obligación corporativa o gremial. Nos quedamos gravitando en ellos por la comunidad y por lo que nos aportan. La reciprocidad secreta es que nosotros contribuyamos a ese espacio y ayudemos a nutrir un ambiente idóneo para que la gente conecte más y mejor.

No es nada más llegar puntual y en modo agradar. Es ofrecer una buena conversación. Es ayudar a que otros se relacionen. Es facilitar que los más reservados también participen. Y en su expresión más profunda, es trabajar la comunidad con generosidad contextual para que ese universo, en algún momento, decida apoyar tu persona y tu futuro.

Trabajar la sala es conectar, no con perfección, pero sí con autenticidad. Es abrirte para abrir. Bien dicen los que saben que a los eventos hay que saber llegar, hay que saber aportar y hay que saber regresar. Y todo parte, jóvenes, de dominar el arte de ‘trabajar la sala’.

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