Qué difícil es para algunos digerirla. Buena, mala o regular, hay muchos que la evaden porque esta no se acomoda a su estructura de pensamiento, intereses o preferencias. La realidad es lo que es, se tiene que repetir en muchos espacios de decisión. Implacable, a veces se personifica sin contemplación.
Si es demasiado buena, tiende a producir miedos o inseguridades. Si es regular, produce una incomodidad superlativa a quienes la medianía choca. Y si es mala, incentiva la negación o la impotencia en múltiples seres u organizaciones.
Es su definición más simple, la realidad es aquello que acontece de manera verdadera o cierta, nos guste o no, nos convenga o no, la entendamos o no. Es lo que efectivamente es, existe y se plasma de forma subverticia o neutra (aunque esto último parezca contraintuitivo). Es la oposición a lo que pertenece a la fantasía, la imaginación o la ilusión.
¿Cómo asegurar que nuestro ecosistema de negocios lo estemos viendo siempre con los lentes de la realidad y la objetividad más nítidos a nuestro alcance? Aquí tres puntos para la reflexión directiva:
1) Empecinémonos en distinguir los hechos de la opinión.- Es la obsesión de las escuelas de negocios. Qué pasó o está pasando exactamente, antes de que lluevan las interpretaciones o lecturas de tirios y troyanos. ¿Qué dice el número? ¿Cuáles son los elementos del caso? ¿Qué sí sabemos?, y luego todo lo subjetivo que resulte necesario.
Describirlo de forma ordenada, proporcionada y respaldada, sin contaminar la exposición con opiniones u emociones, es una virtud. Verificar sus alcances de múltiples maneras para validarlo o dimensionarlo antes de reaccionar es una cualidad directiva.
2) Distingamos cuando la realidad se nos acomoda.- No es lo común pero pasa. Los acontecimientos se presentan en el ‘timing’ óptimo para ti. Se abrió una oportunidad inesperada que estás viendo con nitidez. Emergió un problema para el cual tú estás más que capacitado para resolverlo.
Y aunque es lindo cuando los planetas se te alinean, las más de las veces son las empresas las que se deben adaptar a la realidad que enfrentan, a las fuerzas competitivas, a los efectos de nuevos jugadores o a los cambios en su econósfera que afecten la continuidad.
3) Una cosa es el anhelo y otra es el piso que estás pisando.- Podemos aspirar a ciertos resultados. Esperar determinados acontecimientos. Incluso, rezar para que algo favorable pase. Ello demuestra optimismo y fe, pero no elimina lo que transita por los pasillos de tu compañía: fortalezas relativas, sí. Carencias y debilidades, también.
Es un magnífico hábito acostumbrar a pensar en nuevos horizontes o mejores niveles de desarrollo de negocios. Y entre que eso se pueda materializar, como diría el boxeador Finito López: “a Dios rogando y con los guantes dando”.
Filosóficamente, la realidad es una cualidad relativa a la cosa real, pero intelectualmente es una lectura, un constructo razonado y nunca deja de tener un grado de relatividad circunstancial o posicional en función del contexto de cada empresa o persona. Buscar entender la realidad es buena idea. Evadirla es un despropósito.
En las empresas, la realidad se moldea al entenderla como la suma o agregado de todo lo que vemos, medimos o percibimos como real, con efectividad, con números, con reportes oportunos y bien pensados, que reduzcan el natural y perpetuo espacio para la duda.
Nadie puede abrogarse la realidad absoluta, ni alegar omni-comprensión continua. La realidad del ecosistema de negocio es compleja y de tu microsistema productivo, más. Bien dicen los que saben que, en los negocios, ‘leer la realidad es como leer entre líneas: lo importante casi nunca está escrito en negritas”.