Gestión de Negocios

La perpetua lucha entre la optimización y la restricción

Optimizar en la empresa se refiere a buscar mejores resultados, impactando en la eficacia y eficiencia de una tarea o un proceso que inciden en la competitividad del negocio.

Ninguna estrategia perdura para siempre. No hay proceso que no deba evolucionar por distintas razones. Ni hay clientes que no dejen de exigir más en su propio interés.

Mantener una empresa funcional y rentable implica la optimización continua de cada acción fondeada de la organización y cada uso de la energía disponible de sus colaboradores ejecutantes, en aquello que le ofrece valor a los mercados que pagan por lo que se hace.

En su definición más simple, optimizar es el superlativo de bueno. En la empresa se refiere a buscar mejores resultados, impactando en cierto balance entre eficacia y eficiencia en el desempeño de una tarea aislada o un proceso completo que incide en la competitividad del negocio.

¿En dónde debe poner el empresario el foco cuando se permite pensar en aquello que puede ser optimizado en su espacio productivo? Aquí tres planteamientos para la reflexión:

1) Identificar algo mucho más potente.- Pretender un estado superior para tu cliente o tu organización, supone enfocarte en algo superlativo: más rápido, más sencillo, más ágil, más flexible, más duradero, más funcional, más reciclable, más apreciado. Lo que buscas es elevar la trascendencia de alguna característica que potencie el valor que tu solución brinda.

Y aunque teóricamente puede pensarse con el lente de la reducción también (por ejemplo:  menos complicado), el disparador no debe ser menos costo. Eso, puede o no, ser una resultante.

2) Iluminar las restricciones o condiciones limitantes.- Y es que van relativizándose con el tiempo. Se van percibiendo diferente en su complejidad conforme a la madurez del negocio. Y se van posibilitando cambios en función de su longevidad. Y sí. Son difíciles de procesar, pero ninguna es permanente.

Las más complejas de superar, sin embargo, son las autoimpuestas. Porque no hay limitación más compleja que la propia, ni criterios más difíciles de sobreponer que los que vienen de una auto-imposición que se retroalimenta.

3) Evitar el costo donde no hay valor percibido.- Toda optimización estratégica debe tener como fin último el valor de lo que se crea, se entrega o se reconoce en el espacio de beneficios que nuestro cliente vive, agradece y aprecia.

Repensar todo costo en función de ese exclusivo criterio facilita distinguir aquello que es necesario para producir flujo o caja de aquello que se quiere o anhela para satisfacer otro tiempo de intereses –legítimos o no– en la corporación.

Las voces de la comodidad operativa siempre estarán tentadas a evitar el ajuste. “Para que arreglamos lo que no está roto”, se suelen decir. “Para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo”, afirman otros. La tentación de no hacer nada hasta que haya dolor en ventas o en ingreso es canija.

Y aunque toda empresa coexiste con sus métricas, sus niveles de confort y su muy particular visión prestablecida de la realidad, de lo que no debe haber nunca duda es que los negocios están condenados a la perpetua optimización rentable.

Y esta semana será IBTM Americas en CDMX

Es el evento comercial más relevante de la Industria de Reuniones. Converge en su piso de exposición la cadena de valor que hace posible cualquier evento corporativo de alta escala: meeting planners, productoras audiovisuales, destinos, recintos, hoteles, transportadoras, burós de conferencistas y las asociaciones especializadas de ese ecosistema productivo.

Dicen los que saben, que Allenamenti Speakers presentará ahí un ‘line up’ de lujo. Para interesados en temas de empresa: Gabriel Vallejo, Jorge Serratos, Juan Lombana, Oso Trava, Spencer Hoffman y Jesús Guzmán. Y para los afectos a los asuntos políticos: José Antonio Meade, Carlos Bravo Regidor, Max Kaiser, Ma. Amparo Casar y Ana Francisca Vega. ¡Ahí nos vemos!

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