Gestión de Negocios

¿Cómo plantarnos frente a quienes siempre anticipan el caos?

La empresa no debe ser afecta por el caos, pero debe tener claro que puede confrontarse con este más seguido de lo deseable.

Son agoreros permanentes. Su cerebro está entrenado para siempre pensar en el peor escenario posible y para exponerlo a cualquier par de oídos que muestre interés en escucharlos. Así son los afectos a la anticipación del caos.

Y su existencia no es infundada. En cualquier mercado o nación pueden detonarse sucesos que, en efecto, provoquen un caos. Ese momento indeseable de confusión absoluta o desorden involuntario que afecta superlativamente el curso normal de las operaciones de una o varias organizaciones y que requiere intervención tan astuta como extraordinaria.

En dirección, sin embargo, no te puedes pasar escuchando a quienes un día sí piensan que todo empeorará, que algo explotará o que todo acabará. Tu conducta se torna defensiva y la lectura nublada impide ver lo mucho positivo que puede estar incidiendo en nuevas posibilidades.

¿Cómo escuchar entonces a nuestros agoreros del caos sin caer en la inmovilidad o el miedo? Aquí tres reflexiones para el análisis directivo:

1) Asumamos el caos sin concederle posibilidad absoluta.- El optimismo irremediable que solemos tener emprendedores y empresarios, no elimina la posibilidad de situaciones descarriladoras, abrumadoras y totalmente fuera de nuestro control.

Cuidando de no caer en inmovilidad miedosa, conviene escuchar a los negativos naturales para anticipar lo anticipable con un compás de atención que detone preguntas decodificadoras de las causas y delineación práctica de los efectos reales que motiven acciones razonables de prevención y prudencia.

2) Asimilemos que el caos nunca es permanente.- Es tan temporal como el accionamiento oportuno de los afectados lo permita. En ocasiones dura más la sensación de descontrol que el descontrol mismo. Y suele ser más complejo lo abrumador de la situación que la situación misma.

Resolver un caos inesperado o un caos autoprovocado suele ser agotador. Exige una dosis adicional de energía que habrá que reponer con momentos de respiración y descanso, pero siempre hay un final porque nada –ni lo muy malo– es permanente.

3) El caos de unos abre oportunidades para otros.- Un buen caos es la antesala de un nuevo estado de las cosas. No siempre nos gusta, pero tiende a ser el comienzo de nuevos órdenes o maneras distintas de hacer o aproximar cosas.

Jamás interrumpas un competidor en caos. Nunca subestimes los caos propios. Y de ningún modo dejes de analizar los efectos previsibles del caos de terceros que, pudiendo estar lejos de tu espacio pueden acabar incidiendo en tu realidad.

Si bien la empresa no debe ser afecta al caos por el caos mismo. Sí debe tener claro que puede confrontarse con este más seguido de lo deseable. Conviene aprender pensarlo saludablemente.

Y sí. Las empresas trabajan permanentemente en su organización interna para mantenerse ordenadas en su interactuar con los mercados en los que intervienen. Deben construir niveles de confianza en la entrega de lo que prometen entregar y en la condición que fue comprometida. Sin renunciar a ese propósito, hay que escuchar a los agoreros del caos con selectividad, pero con disciplina de método. Y con mucha moderación porque nublan hasta el ambiente más soleado.

Y Alumexico será esta semana en Pabellón M

Comercio bilateral entre México y EU, los requerimientos estimados del proyecto de Tesla en Nuevo León y el horizonte de precios y demanda del aluminio en el mundo serán los temas captarán más atención en Alumexico Summit & Expo 2023 el 30 de agosto y 1 de septiembre próximos.

Dicen los que saben, que el presidente del IMEDAL, Eugenio Clariond, y su VP de Operaciones, Fernando García Martínez, preparan detalles para recibir al gobernador y a conferencistas especialistas como Ildefonso Guajardo, Enrique Quintana y Jesús Villegas. ¡Ahí nos vemos!

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