Gestión de Negocios

Hay ideas a las que simplemente les llega su momento

Ninguna iniciativa mantiene un avance saludable si no goza de la concentración, energía, tiempo y recursos financieros para su implementación eficiente.

Lo que en un momento fue una simple representación mental de algo que debería o podría hacerse, se torna en una intención manifiesta para hacer cierta cosa, cierto cambio o determinada implementación en la organización.

Las fuerzas que mueven los engranajes de una compañía se mueven alineadas y con designio hacia la nueva realidad buscada; hacia eso que –de pronto– se configura como el nuevo estado deseado de las cosas.

Sean los que sean los factores detonantes de esa propulsión, ¿qué debe asegurar el director de empresa para que esa idea mantenga el impulso hasta su materialización? Aquí tres puntos para la reflexión:

1. Los recursos deben ser adecuados y proporcionados.- Ninguna iniciativa mantiene un avance saludable si no goza de la concentración, energía, tiempo y recursos financieros para su implementación eficiente.

Las ideas mantienen el ritmo óptimo cuando los directivos, como diría Steven Covey, mantienen lo primero siendo lo primero. El costo de oportunidad es un asesino silencioso de cualquier negocio o proyecto.

2. Nada ocurre hasta que tu gente hace nuevas cosas.- Las ideas transitan relativamente rápido. Las capacidades individuales u organizacionales no. Requieren desprendimiento de hábitos, navegación de cierto grado de incomodidad transicional y adopción de nuevos conocimientos que deriven en habilidades evolucionadas.

Un proceso de transformación intencionado somete a los equipos a superar una ensalada compleja de retos durante el tiempo en que dejan de ser lo que eran para convertirse en eso nuevo que quiren ser.

3. La consistencia inicia con los criterios de decisión.- Micro y macro decisiones, directivas y operativas, deben mantenerse alineadas a los propósitos subyacentes de las ideas en implementación.

No debe nutrirse lo que se quiere desaparecer. Debe oxigenarse lo que se busca que termine de nacer bien. Conviene nutrir lo que se busca que funcione mejor y, desde luego, mantener en el curso correcto aquello que se busca que siga avanzando.

Las ideas alimentan su fuerza colectiva al interior de un negocio cuando sus implementadores no sólo piensan que es factible materializarlas, sino que ven en ese futuro alternativo una suma de positivos para el engranaje organizacional, para los más de los clientes que se busca tener o retener y, desde luego, para sí mismos.

Las ideas suelen avanzar a buen ritmo en la mayoría de las empresas que responden a estrategias evolucionarias (no disruptivas) y que son aderezadas por ambiciones plausibles de abundancia, de simplificación procesal, de competitividad comercial o –en entornos de deterioro– de un simple y genuino deseo de sobrevivencia empresarial.

Y cuando alguien cuestione el impulso que recibe tal idea con un determinado juicio de valor, conviene responder con la afirmación más contraintuitiva pero más pragmática que he escuchado en el mundo de la planeación estratégica: no hay buenas o malas ideas, hay ideas alineadas y desalineadas.

Y sí. Hay ideas a las que simplemente les llega su momento.

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