Despertador

Los datos electorales de la Ciudad

Mientras la oposición sí construyó eficazmente un anclaje social que se reflejó electoralmente, Morena en la CDMX no construyó un fuerte anclaje social que se manifestara electoralmente.

A pesar de la dolorosa resistencia de la oposición, Morena y sus aliados obtuvieron una victoria diáfana y holgada en las pasadas elecciones del 6 de junio a nivel nacional. Doce gubernaturas de quince y casi 300 escaños de 500 en la Cámara de Diputados lo corroboran.

Sin embargo, aún y cuando el resultado general haya sido favorable, la votación no fue uniforme en los diversos estados y entidades federativas.

La Ciudad de México es un ejemplo de esa heteregoneidad. En la capital, la oposición alcanzó triunfos en nuevos territorios.

¿Qué es lo que explica este resultado inesperado?

Evidentemente son varios factores. Sin embargo, el núcleo esencial de la respuesta debemos encontrarlo en un dato: de 12 mil casillas electorales, Morena ganó en 7 mil y la oposición en 5 mil.

Si Morena ganó en la mayoría de las casillas, ¿por qué eso no se reflejó en una holgada victoria de Morena en la Ciudad?

La respuesta de ambas preguntas debe encontrarse en otro importante dato: en las casillas en las que ganó la oposición se registra una participación ciudadana de entre 50 y 70 por ciento; en tanto que ahí donde gana Morena hay una participación ciudadana de entre 40 y 50 por ciento.

Esto quiere decir que la oposición movilizó al conjunto de su electorado y Morena sólo movilizó a una parte de su electorado.

El electorado opositor de la Ciudad acudió a las urnas como si se tratara de una elección definitoria del destino. Y el electorado acudió inercialmente a una elección más.

El primero fue con todo el gas. El segundo fue a medio gas.

¿Qué explica todo esto?

En esencia, en el fondo, y esta es la explicación fundamental del resultado electoral del pasado 6 de junio en la Ciudad de México, lo que sucedió es que la oposición sí construyó eficazmente un anclaje social que se reflejó electoralmente y Morena en la Ciudad no construyó un fuerte anclaje social que se manifestara electoralmente.

Se ha dicho que fue la caída de la trabe de la Línea 12 la que provocó el resultado de la elección. Esto es cierto, pero sólo indirectamente. Morena ganó en Iztapalapa, Xochimilco y Tláhuac. En esta última ganó casi todas las casillas y la votación de la oposición fue mucho más baja que la que tuvo en otras Alcaldías. En otras palabras, los usuarios del tramo elevado de la Línea 12 votaron por Morena, en ellos no penetró la campaña de la oposición a propósito de este acontecimiento.

La oposición usó ese hecho, dirigiéndolo hacia su electorado, hacia la base de clases medias y altas en las que enfocó su campaña de distorsión de la realidad.

Fue en esos sectores que no usan el metro entre los que la oposición explotó políticamente la tragedia.

Esto nos remite al tema aquí planteado. La oposición construyó un anclaje social entre clases medias y altas y logró movilizarlas electoralmente y Morena no construyó - o mejor dicho aún, no fortaleció- su anclaje electoral entre las clases populares.

Una fuerza política debe dirigirse a todas las clases sociales, pero de acuerdo a su programa puede encontrar una mejor respuesta en la parte de la sociedad cuyos intereses representa con mayor fuerza. Ahí debe estar su acento. La oposición logró expresar ese acento con nitidez, a Morena le faltó fuerza y claridad en la estrategia de anclaje. Por eso, la oposición movilizó al conjunto de su electorado y Morena a una parte.

Ahora bien, hay otros elementos que Morena debe poner en la balanza de su evaluación para analizarlos objetivamente. Tales como: la convocatoria del perfil de sus candidaturas, la efectividad de sus gobiernos en las Alcaldías, la incorporación de todos sus destacamentos y militancias, la inclusión de sus liderazgos, la unidad estratégica de su campaña en el conjunto del territorio y sobre todo: la respuesta eficaz a la incesante campaña de ataques y de insidias calumniosas en su contra. Morena tendrá que estudiar si cumplió con esos ejes estratégicos a conciencia o no.

La Ciudad de México es progresista, tiene una larga historia de lucha, cuenta con una sólida construcción de ciudadanía y presume de derechos sociales y civiles que no existen en otros lugares. Morena tiene todo para recuperarse y recuperar la Ciudad.

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