Senador de la República
Poderosas élites económicas de México, y algunas extranjeras, construyeron un discurso para intervenir en el proceso electoral que vive nuestro país, que postula una supuesta defensa de la democracia ante el presunto retroceso autoritario que ha ocurrido con la 4ª Transformación. La expresión más delirante del mismo es la afirmación del cuestionado ex mandatario Felipe Calderón en el sentido de que la nación se debate entre la democracia y la dictadura.
Sin embargo, la realidad es otra. Más allá de deseos, frustraciones, ideologías, nostalgias y pasiones; lo cierto es que entre 2018 y 2021 la democracia y las libertades han tenido el mayor avance que se conozca en la historia de nuestra República.
En el México del 2021 se vive y se goza una libertad que nunca se había tenido.
Los medios de comunicación han sido emancipados. Ahora pueden criticar al gobierno federal. La prensa dejó de recibir instrucciones de la Presidencia de la República. Las líneas de los medios las deciden los medios, no la oficina de comunicación de Palacio Nacional. Se acabó la práctica de pagar para callar a los medios desde la Presidencia.
El ejercicio del derecho de réplica se ha hecho una realidad. Antes se podía difamar, distorsionar y mentir por medios, comentaristas o actores políticos, sin que los afectados tuvieran la oportunidad de defenderse.
Los partidos de oposición se pueden unir sin que intervenga la Secretaría de Gobernación para impedirlo.
La Fiscalía General de la República y la Secretaría de Gobernación dejaron de tener sótanos para esconder a luchadores sociales desaparecidos, como ocurría en la época del PRI. El gobierno federal dejó de dar órdenes de encarcelar, desterrar, asesinar o desaparecer a opositores.
El Zócalo de la Ciudad de México puede ser utilizado con gran libertad por los opositores políticos. Todavía en 2018, el gobierno local de entonces impidió a Morena hacer su cierre de campaña en dicha plaza. Pero ahora, los activistas del Frena tuvieron la libertad de llenar un pedacito de la plaza mayor con carpas vacías sin que estas fueran desalojadas. Las y los manifestantes opositores plasman sus leyendas en muros y edificios (y hasta en monumentos), sin ser encarcelados o reprimidos por ello.
Frente a la pandemia, varios gobernadores exigían el establecimiento del toque de queda, pero el Presidente de la República no cedió a esas presiones y mantuvo intacto el respeto a las libertades y las garantías individuales.
A diferencia de lo que ocurría en los tiempos de Vicente Fox, se respetó el derecho de minorías, que apenas representan la sexta parte de la Cámara de Diputados, a presidir ese órgano legislativo.
También se han dado profundas reformas democratizadoras; por ejemplo: dar el carácter de delito grave a la compra del voto; permitir que las consultas populares puedan realizarse en cualquier año, aunque no sea año electoral; autorizar al Comité de Desaparición Forzada de Naciones Unidas a conocer casos ocurridos en México y establecer la paridad de género en todos los órganos del Estado.
Además, se lograron reformas para democratizar la Presidencia de la República; tales como: que el Presidente pueda ser juzgado por cualquier delito; revocación de mandato para que el pueblo pueda destituir con su voto a un mal gobernante; desaparecer la partida secreta del Presidente en el Presupuesto de Egresos de la Federación; desaparecer el Estado Mayor Presidencial.
De igual forma, se sustituyeron los programas sociales en los que el gobierno condicionaba quien se incorporaba, por políticas universales, en las que las personas adquieren derechos que no pueden ser quitados por el gobierno federal, como la pensión de adultos mayores, la beca para personas con discapacidad y la beca para estudiantes, derechos plasmados en la Constitución.
Con gritos destemplados los opositores dirán otra cosa. Pero hay cientos de ejemplos que demuestran que con Morena hay más democracia y libertad que con el PRI y el PAN.