En su Justa Dimensión

Arranca el proceso electoral, plagado de fantasmas

Si a alguien no tiene contento el INE es al nuevo partido Somos. Primero porque los obligó a cambiar su nombre, “Somos México”, argumentando que no puede un instituto político arrogarse la representación de todo un país –en lo cual también tiene un punto el instituto–.

El día de hoy, 10 de septiembre, arranca, ahora sí, el proceso electoral que tendrá en junio de 2027 una jornada que será, nuevamente, “la más grande de la historia”.

Varios son los fantasmas que se asoman en este proceso y que hacen peligrar –no es simple retórica– nuestra frágil democracia. Primero, la enorme polarización. Que, ciertamente, no es nueva (baste recordar 2006, la campaña de “un peligro para México”, el plantón en Reforma…), pero hoy los componentes son delicados. La guerra narrativa “narcopolíticos” vs. “vendepatrias” marcará sin duda las campañas. Las acusaciones de que la ‘4T’ es narcogobierno y Morena es narcopartido no se van a borrar solo con la orden del Instituto Nacional Electoral al dirigente del PRI, Alejandro Moreno, de no utilizar esas expresiones, y menos si los políticos acusados de vínculos con el crimen, Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza para empezar, siguen impunes. Mientras que lo otro, lo de vendepatrias, quizá vaya perdiendo efecto, a menos que Alito se empeñe en ir a chillar a Washington y pedir su intervención para castigar a consejeros electorales mexicanos.

¿Y si se nos cuela otro pillastre como el alcalde de Tequila, ligado al crimen organizado? Ah, no se preocupe, el INE ya instaló su comisión de vigilancia de perfiles de candidatos. Solo que… hay un pequeño detalle, todo será “voluntario” y dependerá de cada partido si da de baja a un aspirante señalado de posibles nexos con el hampa. ¡Valiente comisión!

Y hablando de consejeros, otro factor de suma controversia es precisamente el actuar del árbitro electoral, el INE, una autoridad cuestionada por la oposición no solo por la cercanía de los nuevos consejeros con el régimen, sino por decisiones puntuales que han tomado. Ejemplos hay varios, pero un par de resoluciones recientes ha desatado airadas críticas.

La primera es la decisión de ya no cruzar la lista de potenciales observadores electorales con el padrón de servidores de la nación, esos que van entregando de casa en casa programas sociales del gobierno. Ahora los aspirantes a observador solo deberán asegurar por escrito que no fueron servidores de la nación en el último año. Como si la desconfianza fuera gratuita. Como si no hubiera evidencias de que los partidos –sobre todo Morena– han buscado esa trampa.

Un botón de muestra: el 15 de mayo de 2025, la propia presidenta del INE, Guadalupe Taddei, reconoció que 38 mil solicitudes –hasta ese entonces– para ser observador en la elección judicial habían sido rechazadas, entre otras causas, porque figuraban en los padrones de militancia de algún partido o “haber sido (o) ser en este momento funcionario público con cercanía a los programas sociales, o ser servidor de la nación”. Ahora que ya no se van a contrastar padrones, a ver cuánta gente vinculada a la entrega de programas sociales no se va a querer registrar como “observadores” electorales para presionar el voto.

Otra de las decisiones controvertidas que ha tomado el INE fue la de no anular las boletas “planchadas”, aquellas papeletas en las que viene marcada la preferencia hacia un partido pero, curiosamente, no traen ni un solo doblez, por lo que a todas luces no fueron introducidas en la urna, lo cual sugiere una maniobra fraudulenta. Ese fenómeno ocurrió desde 2024, pero se extendió en la pasada elección judicial.

En la discusión, varias consejeras y consejeros consideraron que el INE no puede inventar causales de invalidez de boletas que no vengan explícitas en la ley –en lo cual tienen un punto–, por lo que al final determinaron que, en caso de hallar boletas lisitas como el bótox de Alito, los Consejos Distritales levantarán una constancia de incidente; esa boleta será reservada, y ya será el pleno del Consejo Distrital el que decidirá si debe sumarse al cómputo.

“No es posible que crean que la gente no tiene sentido común”, se quejó el lunes el coordinador del PRI en el Senado, Manuel Añorve, por lo que el tricolor impugnará la determinación.

Pero si a alguien no tiene contento el INE es al nuevo partido Somos. Primero porque los obligó a cambiar su nombre, “Somos México”, argumentando que no puede un instituto político arrogarse la representación de todo un país –en lo cual también tiene un punto el instituto–. Los del nuevo partido patalearon y advirtieron casi casi el fin de la democracia; impugnaron ante el Tribunal Electoral y también ahí perdieron. Aun así intentaron chamaquear al INE con un nuevo logo, ya solo con la palabra Somos pero, de fondo, la silueta de la República mexicana, o sea ‘Somos México’ de nuevo… y los batearon again.

El punto es que, salvo Morena y aliados, la oposición no tiene confianza en las autoridades electorales, gritan a los cuatro vientos la ‘colonización’ del INE y del TEPJF, y bueno, hasta MC, que no tenía vela en el entierro de Somos, criticó que el INE se hizo de la vista gorda durante meses con tooodas las ilegales precampañas anticipadas de corcholatas morenistas –lo cual es cierto–, pero eso sí, se obsesionó con el nombre y el logo de una nueva fuerza política.

Por si fuera poco, ayer –por qué no a unas horas del banderazo de salida para el proceso electoral– renunció la secretaria ejecutiva del INE.

Y así, con esa desconfianza de varios actores políticos, asistiremos a una elección en la que estarán en juego más de 20 mil cargos.

Esto apenas comienza… y pinta para ponerse peor.

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