El pueblo cubano está al borde de la asfixia. Los apagones que ensombrecen a más de 60% del país caribeño se han vuelto ya cotidianos. La crisis energética que vive la isla desde mediados de 2024 se ha agravado desde enero pasado por el cerco petrolero que el gobierno de Donald Trump ha impuesto. Los cortes de energía en La Habana no son de una o dos horas al día; son de más de 20 y, a veces, por dos días consecutivos. Largas horas que pasan sin luz, sin ventiladores, sin refrigeradores para conservar sus alimentos… ¿Cómo se puede vivir así?.
Durante años, muchas voces, marcadamente de derecha, han insistido en que “cuál bloqueo a Cuba”, que si la economía de la isla está por los suelos nada tiene que ver con el “supuesto bloqueo” y más bien deriva de la pésima administración del régimen castrista, que tiene sumida a la población en la pobreza mientras la cúpula se mantiene en bonanza.
Y quizá tienen razón hasta cierto punto, pero lo de ahora… lo de ahora es otra cosa. El asedio energético trumpista, con la amenaza de represalias a cualquier país que venda o ceda petróleo al gobierno de Miguel Díaz-Canel, sin duda ha complicado más la situación de la economía cubana, ya de por sí frágil desde hace décadas.
Pero aquí no se trata ya de ideologías. ¿Quién puede negar que el gobierno de Cuba es autoritario? Ahí están los alrededor de 1,200 presos por motivos políticos, según activistas y organizaciones como Prisoners Defenders. El régimen castrista no es precisamente un oasis de libertades. Díaz-Canel podrá ser un tirano. Pero ¿es realmente el bloqueo energético lo que va a traer democracia y libertades a los cubanos? ¿Es asfixiando a la población como Trump va a lograr que Díaz-Canel dimita? Es la población, son los niños, los ancianos, los jóvenes de Cuba quienes están padeciendo la crisis agravada por el acoso estadounidense. Son ellos los que están pagando el precio y no la cúpula, no los dirigentes del Partido Comunista, y eso es lo que, al parecer, no se ha querido entender.
De acuerdo con una nota de la agencia AP de este lunes, citando un informe dado a conocer por el portal oficial Cubadebate, “el cerco energético que agravó las sanciones impuestas por Estados Unidos a La Habana durante décadas ha ocasionado en la isla un incremento de la mortalidad de niños con cáncer, la falta de distribución de miles de toneladas de leche y harina, y la paralización de decenas de contenedores con productos esenciales en los puertos”.
Según el reporte oficial, la tasa de supervivencia de niños con cáncer era de 85% antes del cerco energético que comenzó en enero; ahora es de solo 65%.
Además, el programa de inmunización con 16 vacunas que protege a los niños “está en riesgo” por la falta constante de energía eléctrica.
Otro dato: de los 395 medicamentos del cuadro básico que se producen en Cuba, hoy hacen falta 300 debido a la falta de insumos farmacéuticos.
Bueno, hasta las hostias para comulgar en la iglesia escasean, pues la producción se ha visto limitada por los interminables cortes de energía, según denunciaron religiosos a la agencia AFP.
Y mientras los cubanos padecen la falta de energía eléctrica por el cerco estadounidense, la población de Venezuela, país también azotado por frecuentes apagones, tendrá ahora un mejor servicio eléctrico, pues el lunes pasado el gobierno de Delcy Rodríguez suscribió un acuerdo con el conglomerado estadounidense General Electric.
Eric Gray, director ejecutivo del segmento de energía GE Vernova, una división de General Electric enfocada en generación, transmisión, distribución y almacenamiento de electricidad, firmó el convenio en el palacio de Miraflores con la presidenta encargada de Venezuela.
El memorando de entendimiento constituye “un paso histórico” hacia la “recuperación de un servicio tan esencial para la vida de un país”, consideró Rodríguez.
Sí, Delcy Rodríguez, quien fuera canciller del dictador Nicolás Maduro; la funcionaria que defendiera a capa y espada al régimen chavista, pero que de la noche a la mañana tuvo a bien colaborar dócilmente con Estados Unidos, luego de que el gobierno de Trump decidiera extraer a Maduro, en una maniobra de asalto de un comando SWAT en Caracas, un operativo que, se ha asegurado, se habría llevado a cabo con la ayuda nada menos que de la propia Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional. Es decir, que los hermanos Rodríguez, esos que eran parte esencial del régimen opresor de Maduro, habrían puesto a su líder en bandeja de plata a los estadounidenses.
Sea ello verdad o no, lo cierto es que hoy el gobierno de Venezuela, con los mismos integrantes de antes, Delcy, Jorge y el poderoso Diosdado Cabello, es tratado con algodones por la Casa Blanca, pues decidieron colaborar con los intereses estadounidenses que, hay que aclarar, nada tienen que ver con la búsqueda de la democracia o la preocupación por los derechos humanos, ni en Venezuela ni en Cuba ni en Irán ni en Gaza ni en ninguna parte.
La presión de Washington sobre La Habana aumenta cada día más. Ya declararon prófugo de la justicia a Raúl Castro, expresidente de Cuba, tras haber presentado cargos penales contra él por el derribo de dos avionetas civiles en el estrecho de Florida… en 1996. No se descarta que Raúl corra la misma suerte de Maduro, que Trump decida ir por el hermano de Fidel y llevárselo preso a Nueva York.
Cuba no es Venezuela. Y no podemos saber qué vaya a ocurrir finalmente, pero con Trump hemos aprendido que nada se puede dar por descartado. Y mientras decide qué pasos seguir para tumbar al castrismo –anhelo de siempre del secretario de Estado, Marco Rubio–, los niños, los ancianos y toda la población cubana seguirán padeciendo la asfixia, en tinieblas.