Retrato Hablado

“El sistema puede funcionar a tu favor si sabes manejarlo”

Fernando Salmerón, coordinador de MC en CDMX, explica su apuesta por crecer sin alianzas y los retos que enfrenta el partido en la capital.

Fernando Salmerón nació en Xalapa, Veracruz, en una familia de intelectuales. Su abuelo, de quien lleva nombre y apellido, fue filósofo, abogado, rector y fundador de la UAM. “Una historia y unos zapatos difíciles de llenar”, dice. Su papá es antropólogo y su mamá socióloga. Creció en una casa con las paredes forradas de libros y, en un acto de rebeldía, les dio la espalda. “Yo nací adentro de una biblioteca y por eso siempre fui un negado”.

Pasó la infancia en Estados Unidos, volvió a Xalapa y finalmente su familia se estableció en la Ciudad de México. “Antes de eso no sentía que vivía en un lugar que me perteneciera. Hasta que en la ciudad nos quedamos para siempre”.

Fernando Salmerón fue un alumno flojo. Un día su mamá le dijo que no había dinero ni herencia, y lo mandó a trabajar con un tío, que era notario. Ahí entendió que con el derecho se podía ganar dinero y decidió ser abogado. Venía del Colegio Madrid y había dado por hecho que estudiaría en la UNAM, donde su abuelo era profesor emérito. Hasta había aprobado el examen, pero su mamá, hija de un bodeguero de la central de abasto de Aguascalientes y de ideas conservadoras, se negó: su hijo no iría a la olla aquella de grillos. Terminó en el ITAM.

“Llegué de chanclas y pantalones raídos y no entendía por qué me reprobaban todas las materias”. Ahí, Salmerón aprendió a operar: consiguió trabajo en la caja de la escuela, lo que le daba preferencia para elegir profesores, y las calificaciones mejoraron en el acto.“Entendí que el sistema puede funcionar a tu favor si sabes manejarlo. Eso también me llevó a la política”.

Su suegra consiguió acomodarlo como pasante en el despacho Solórzano, Carvajal, González y Pérez Correa. Duró seis meses: el mundo corporativo no era lo suyo. En 2009 entró al IFE, al área que arrancó el monitoreo de radio y televisión tras la reforma electoral. Al director que lo contrató lo corrieron –historias de la vida que se repiten– por unos contratos sospechosos; lo rescató una compañera que lo puso a trabajar y después se reencontró con Reyes Rodríguez Mondragón, que había sido su profesor: “Profesor, nada. Ahora somos colegas”, le dijo Rodríguez.

En 2012, un nuevo jefe le hizo ver que tenía sueldo de subdirector sin haber terminado la carrera. Tomó la liquidación que le ofreció para no degradarlo, acabó la tesis y entró a la campaña de Beatriz Paredes por el DF, donde le pagaban casi nada. Reyes lo rescató como coordinador jurídico de la precampaña del PAN entre Ernesto Cordero y Josefina Vázquez Mota. Ahí conoció a Juan Ignacio Zavala Gutiérrez, sobrino del presidente Felipe Calderón. “Hicimos clic de inmediato”.

Zavala lo acercó a Germán Martínez, en cuyo despacho se quedó varios años. “Germán me enseñó todo lo que pudo de política: la operación, lo que significa estar en este juego”.

Salmerón se define como “exchairo”. Acepta sin rubor que lo que lo cambió fue el dinero: con los bonos del despacho empezó a ahorrar, tomó un curso para invertir en la Bolsa y aprendió cómo impactan los gobiernos en los mercados. “Entendí que lo que prometía López Obrador no se podía cumplir”. En 2018, cuando Germán Martínez se fue con Morena, siguió a Roberto Gil Zuarth a un nuevo despacho, dedicado a campañas. Trabajó en la mayoría de los estados para todos los partidos, sin militar en ninguno, hasta la fecha.

Con la reforma judicial en puerta, Salmerón dejó el litigio y fundó con otros socios Infinity, una microfinanciera que ofrece una primera tarjeta de crédito a quien no tiene historial y recibe remesas directamente en ella. Sin embargo, la política es su pasión. Dante Delgado ha sido amigo de su abuelo y vecino de su familia en Veracruz. Lo había invitado al partido un par de veces y él había dicho que no. A principios de este año, Jorge Álvarez Máynez le pidió ayuda con el Estado de México. Un poco después lo hizo secretario de Movimientos Sociales. Para su sorpresa, luego fue nombrado coordinador de la Ciudad de México, cargo en el que cumplió apenas un par de meses.

Su diagnóstico de la Ciudad de México es duro. Desde que se volvió mercado electoral, dice, fue cooptada por el perredismo más clientelar, que construyó grupos de voto corporativo que siguen operando. “Son los mismos de hace 30 años. Se cambian de partido, ahora ya se aliaron PRI y PAN”. Pone de ejemplo a Giovani Gutiérrez, que ganó Coyoacán gracias a las estructuras que le transfirió Mauricio Toledo.

Por eso su plan está lejos de empezar por ahí. “Las estructuras se van a ir con el poder, siempre. Primero hay que convencer a los ciudadanos de que somos capaces de tener éxito, y después se vienen las estructuras con nosotros”. Salmerón apuesta además a los triunfos de MC en los estados para motivar al voto flotante.

El dirigente recuerda la ciudad con Marcelo Ebrard, cuando empezó a ponerse “de moda”. Pero el sistema, dice, se volteó a la extracción de recursos y la extorsión; el cártel inmobiliario es producto de eso. Se dieron permisos de construcción sin agua ni servicios, y la vida se concentró en algunos kilómetros en una ciudad de este tamaño. “La gente lo que quiere es que el gobierno no se meta en su vida, pero que al mismo tiempo le ofrezca un cambio. Y el cambio está en las cosas más básicas: que haya agua, que arreglen la banqueta, que la calle no tenga baches”. Y advierte: con la inseguridad desbordada del Estado de México, “vamos derechito a donde estábamos antes de Marcelo: secuestros, extorsión y cobro de piso”.

En manos de Salmerón está una de las plazas más difíciles para su partido, y el encargo de Álvarez Máynez cabe en una sola palabra: ganar. Sostiene que a MC lo golpean desde los dos lados porque algunos no acaban de aceptar que exista un partido mediano que no viva de aliarse. “Nuestro modelo no es sobrevivir pactando. Es crecer y conquistar”.

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