Retrato Hablado

‘Derecha, sin base sólida para competir con el obradorismo’

Puede darse una especie de regreso a los años 60 y 80, cuando, en lugares como Guanajuato, incluso gobernados por el PRI, fueron bastiones de la derecha más recalcitrante.

“El PRI, cuya mitad al menos se puede considerar históricamente de derecha, y las derechas están desfondadas en lo electoral; no tienen perspectiva ni horizonte. Sin embargo, social y culturalmente los grupos más conservadores podrían convertir su semilla en algo más interesante. Hay personajes dentro del PAN que considerarían como una opción la escisión y la fundación de un partido de una derecha más dura. No sé si por convicción o por conveniencia, muchos diputados y senadores han adoptado un discurso de derecha dura, muy alineado a lo que pasa en otras partes del mundo”, opina Luis Herrán, experto en derechas latinoamericanas.

Herrán nació en la Ciudad de México, pero creció en Villahermosa, Tabasco. Su padre trabajó ahí para Conasupo durante casi tres décadas, hasta que Fox la desmembró. Regresó a la ciudad para cursar Estudios Latinoamericanos en la UNAM. El movimiento zapatista y la huelga universitaria de 1999 despertaron en él el interés por los sucesos y los conflictos políticos. “Me atrajo el caldo de cultivo político de la huelga, el momento de polarización, previo a la elección del 2000, la energía de la oposición que desafiaba al PRI. Estaba muy enrarecido el clima político y me llamó mucho la atención la reacción tan visceral de los grupos más conservadores. Eso me hizo querer entender el conflicto político en México”.

La vocación de su madre, maestra en el Instituto Tecnológico de Villahermosa, también le ayudó a trazar la suya. Herrán solicitó una beca Fulbright y con ella llegó a la New School for Social Research, “una institución heterodoxa” donde estudió la maestría y el doctorado en Política, guiado por su mentor, el historiador argentino Federico Finchelstein. Desarrollaron un proyecto sobre las derechas en México, Colombia y Argentina durante la Guerra Fría. “Estudiar las derechas no es la cosa más popular ni la más atractiva para la mayoría en el ámbito académico. El impulso es estudiar a las fuerzas progresistas o a las izquierdas”.

-El estereotipo es que los académicos tienden a ser de izquierda.

-Sí, es justamente un estereotipo. O que los historiadores tienden a sentirse atraídos a lo que llamamos progresista. Yo me considero, en términos amplios, de una izquierda socialdemócrata, pero estudiar la derecha me pareció importante porque solemos hacer una caricatura de la derecha y también por un interés de conocer al enemigo para combatirlo mejor, debo decir.

Tras doctorarse, Herrán dio clases de Política Comparada e Historia de América Latina en la New School. “Dar clases sobre América Latina en Estados Unidos es un reto doble, porque hay mucha ignorancia respecto no sólo a México, sino al resto del continente”. Con esa experiencia en el aula, dio más clases como adjunto en Connecticut College y después en Minnesota, en Carleton College, una institución privada, como profesor visitante. “Aprendí mucho más sobre la cultura académica y educativa en Estados Unidos”.

Actualmente, Herrán es profesor investigador en la Universidad de Nuevo México, “un lugar extraño de Estados Unidos”. Vive en Albuquerque, una ciudad de medio millón de personas que no escapa a la criminalidad. “La comunidad mexicana aquí es grande, en su mayor parte compuesta por chihuahuenses. De lo mejor de mi experiencia en este país ha sido la convivencia con las distintas comunidades de mexicanos, que me han ayudado a entender México de una manera distinta, más allá de sus fronteras”.

Sus clases sobre historia de México del siglo 20, sus cursos de historia de la América Latina moderna (después de la Independencia) y sus asignaturas de posgrado sobre violencia en América Latina y América Latina y la Guerra Fría han confluido en varios artículos y un libro sobre anticomunismo y la derecha en México en los años 60 y 70, en el que trabaja ahora. “Quiero mostrar cómo las derechas mexicanas siempre han tenido un aspecto internacional o global, siempre han estado conectadas con otros movimientos e ideologías y plataformas, no sólo latinoamericanas, sino más amplias”.

-¿Ves descolocada a la derecha frente a López Obrador?

-Desde que llegó López Obrador a la presidencia ha sido muy interesante ver cómo las derechas históricas como el PAN, pero también los grupos más extremos, no han sabido cómo reaccionar al fenómeno obradorista. Lo que han hecho es tratar de revivir viejos discursos y estrategias, por ejemplo, el miedo al comunismo, algo trasnochadísimo. Su discurso aún es muy despectivo entre ciertas capas de la población. México está muy conectado a los flujos o influjos de discursos latinoamericanos sobre comunismo en parte por los fenómenos de Chávez, en Venezuela, o de Evo, en Bolivia; el problema es que ideas como la del anticomunismo tienen un alcance muy limitado, movilizan a unos cuantos, a lo mejor clases medias urbanas, pero en términos electorales –lo vimos– está claro que la derecha no tiene una base sólida y no puede competir con el obradorismo ahora.

-¿Se reducirá electoralmente la derecha a algunos bastiones, como Aguascalientes o Guanajuato?

-Puede darse una especie de regreso a la situación de los años 60 y 80, cuando, en lugares como Guanajuato, incluso gobernados por el PRI, fueron bastiones de la derecha más recalcitrante. El PRI pactaba a nivel local para mantener los puestos políticos, pactaba con el clero, con organizaciones cívicas, etcétera. Lo que veo es que, frente a Morena, que tiene aspiraciones de partido hegemónico, efectivamente lo que vamos a ver son partes del país donde, quizás el PAN, mantendrá ese voto, no sé si llamarlo duro, mientras espera a que Morena se autodestruya, antes que por la oposición, por sus propias batallas internas.

COLUMNAS ANTERIORES

‘El feminismo simplemente es parte de quien soy’
‘Mi oficio es dar clases y hacer política’

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.