Retrato Hablado

Nacer y renacer sin un hilo conductor

“Es impresionante que la diversidad siga siendo tan escandalosa”, le dice Ophelia Pastrana a María Scherer.

Ophelia Pastrana ha nacido y renacido. Así lo pone ella: su vida no tiene un hilo conductor. ¿Cuál es la infancia de una vida que se ha vuelto a hacer una y otra vez? “Y no, no estoy hablando de la transexualidad, sino de haber estudiado física y una maestría en econometría. Mi vida no era para hacer esto, pero heme aquí”, afirma la célebre youtuber transgénero, nombrada dos veces por la revista Forbes una de las mujeres más poderosas de México.

-¿Te sientes poderosa?

-Lo primero que me dijo mi hermana cuando me dieron el galardón fue: “Tu poder es falso. En esta casa no puedes pedir tu pizza con piña”. Me queda la duda, pero sufro del síndrome del impostor, y puede ser él quien está hablando. A veces pienso que haberme incluido en esa lista responde a una acción afirmativa, pero me da igual; lo puedo usar como un arma para la gente que piensa que una persona trans no puede ser exitosa.

También fue nombrada por la BBC una de las 100 mujeres más influyentes del mundo. “Es impresionante que la diversidad siga siendo tan escandalosa”, opina. El premio que Ophelia Pastrana más aprecia es un Elliot, que le otorgó la revista Líderes, por su trabajo como influencer. “Éste me lo traigo más al corazón porque representa lo que es mi trabajo. Como comunicadora independiente mi misión es visibilizar la problemática LGTB”.

Pastrana ha sido científica, teatrera y comediante antes de desarrollarse en la comunicación. Sabe adaptarse a las situaciones inéditas y dar marcha atrás, sin miedo. Estudió física por accidente. Su padre, ingeniero doctorado en fluídos y termodinámica, la influyó, pero se equivocó cuando rellenaba un formulario de aplicación para la universidad y terminó estudiando física con enfoque en astronomía en Florida. Siguió con estudios de economía en Australia y volvió por poco tiempo a Estados Unidos. Vino a México, donde vive su padre con su segunda esposa, y se estacionó. Nunca volvió a su natal Colombia.

Pastrana desarrollaba software en español y construía websites. Después elaboró contenido para esos sitios. “México es la meca de los contenidos en español: la industria de cine mexicana es de fama mundial, tenemos la televisora más grande de habla en español, en México es donde más se imprimen libros y revistas en español y es el país en el que hay más internautas que hablan español. México es el epicentro de esta bestia”.

-¿Por qué saltas de una cosa a otra? ¿Te aburres?

-Por darle chance a las cosas que te avienta la vida. A veces pierdes buenas oportunidades sólo por el miedo de tomarlas.

-¿Y qué estás picando ahora?

-Estoy rascando el tema de la música solamente porque le tengo gusto de hace muchos años. Toqué el violín, pero lo abandoné conforme fui creciendo. Mi pareja hace música a nivel profesional. Tiene un proyecto espectacular que se llama Renee Goust. Hacen música de protesta, música feminista con mucha alma. El ver a los profesionales es muy intimidante, pero muy atractivo.

-¿Nunca te pasó por la cabeza dedicarte a la política?

-La política siempre está presente en mi vida, no necesariamente por mi papá; en mi familia hay no uno, sino dos presidentes de Colombia, y mi abuelo fue alcalde de Bogotá; me crié con esta noción de la política y con mucho respeto para los políticos, pero nunca me llamó la atención por las dinámicas tóxicas de poder que se manejan. No tengo la energía para enfrentarlas. Soy demasiado sensible para las negociaciones duras. Mi carrera como comunicadora comenzó porque yo quería hacer divulgación sobre la ciencia, justo porque no quería hablar de política y actualidad. Sin embargo, como persona abierta del LGBT mi mera existencia es política, tristemente porque no debería ser política ni partidista el tema los derechos humanos, pero estamos en eso. Mi acercamiento a la política consiste en hacerme muy visible en el rubro de la diversidad. A veces puedo servir como un megáfono para la izquierda porque sabes, porque por lo general la derecha rechaza mi existencia.

-Vaya tiempos que se viven ahora en México y en Colombia, tus dos países.

-Sí, Latinoamérica está rota, eso un hecho. Es complejo. Aun antes de la pandemia estábamos en plena protesta por los mismos motivos Colombia, Chile, Venezuela, Bolivia. Estamos atravesando los mismos problemas y rompe el corazón saber que no hay una solución pronta, fácil y justa.

Ophelia Pastrana recuerda con amargura sólo una temporada, “una etapa muy tonta de mi vida, entre los 16 y los 18 años. Sufrí mucho entonces porque nunca aprendí a bailar bien, y en Colombia tiene mucho más peso que en México saber hacerlo. En los eventos sociales es culturalmente necesario saber bailar bien salsa y merengue. Yo era muy torpe, y eso me dejó heridas y malos recuerdos de mis dificultades para socializar cuando era chiquito. También tuvo que ver con el hecho de que yo no me identificaba con quien era. Bailar requiere que una persona tenga una relación con su propio cuerpo, y para una persona que está pasando por estos dilemas de quién soy yo y qué representa mi cuerpo, era como tratar de subir dos montañas cargando una mochila de piedras.

-¿Ahora bailas?

-Ahora bailo. Mi pareja es norteña, así que me ha tocado conocer y aprender acerca de la dinámica del baile de la gente del norte, y me la gozo, porque por algún motivo, mientras más alcohol consumen, mejor bailan, mientras peor se ponen de su motricidad, lo hacen mejor.

COLUMNAS ANTERIORES

‘Contar y escuchar historias me ha salvado’
Cerqueda, de vuelta al origen, ahora para gobernar

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.