La ‘4T’ ha convertido a su partido y a sus gobiernos en estructuras de movilización y campaña permanentes. Siempre encuentran el pretexto “necesario” para inventar una gira nacional, para vulnerar las prohibiciones legales, adelantar las precampañas y organizar mítines con la pretensión de posicionar la marca y sus candidaturas; aprovechan para denostar, en cualquier punto de la República y por cualquier motivo, a sus adversarios políticos. La gira presidencial de Claudia Sheinbaum, que ella refirió como de rendición de cuentas, se llevó a cabo del 3 al 26 de septiembre, coincidiendo con el inicio de los procesos electorales concurrentes.
Los eventos realizados en las 32 entidades federativas, según datos del oficialismo, implicaron la movilización de alrededor de 850 mil personas; varios fueron el escenario para fustigar a los opositores. Recordemos la visita a Colima, donde aparecieron diversos activistas pro medio ambiente, de comunidades pesqueras y salineros artesanales que gritaban consignas que molestaron a la primera mandataria, quien señaló: “No, no, no, nada de violencia, nada, nada, nada de eso, son muy irrespetuosos, así es el PRIAN, seguro pertenecen al PRIAN, aquí de infiltrados”. Cero tolerancia a las críticas y legítimas demandas de grupos sociales organizados que defienden sus causas y un dardo al corazón en contra de la oposición.
El discurso de cierre de la gira en la CDMX incluyó frases como: “La ‘4T’ defiende conquistas después de 36 años de traiciones y fraudes electorales por los gobiernos del pasado”. Otro dardo en contra de los partidos opositores en plena organización de las elecciones de 2027. Cada evento fue el espacio ideal para presumir la supuesta honestidad del régimen y sus buenos resultados; claro que no habló de las demandas que diversos grupos le plantearon con sus protestas en Colima, Oaxaca y Veracruz, pero sí aprovechó para posicionar los puntos clave que sus candidaturas seguirán al pie de la letra en los procesos electorales en marcha: la defensa de la soberanía nacional y en contra de la injerencia extranjera.
Como ocurre en las mañaneras, la presidenta y sus corifeos pintaron el mundo ideal que dicen haber construido resaltando la política social, pero omitiendo rendir cuentas sobre los hechos delincuenciales señalados por agencias de Estados Unidos en contra de Andy López Beltrán y sus aliados. Tampoco se refirió a los graves problemas de inseguridad que vive el país o al desatino de la FGR sobre el errático decomiso de 59 millones de litros de combustible en Guanajuato. En cambio, enfatizó como grandes logros las 27 reformas constitucionales impulsadas por su gobierno y 76 a legislaciones secundarias, aunque impliquen claros retrocesos democráticos. La retórica oficialista resalta su vocación reformista, como si los cambios legales fueran suficientes para solucionar la problemática nacional.
El yerro de la FGR en el caso Guanajuato evidencia la desconexión del régimen con la realidad nacional; vendieron el supuesto decomiso como un logro monumental del gobierno, que sólo fue un mecanismo publicitario que terminó en uno de sus mayores errores. El gobierno de la ‘4T’ sólo acepta como legítimo su propio discurso que enfrenta graves deficiencias, pues en algunos casos justifican atrocidades como la reforma judicial impulsada para sanear a ese poder de la corrupción, mientras en los hechos defienden la corrupción de políticos visibles y cercanos a López Obrador. La rendición de cuentas no debe mezclarse con propaganda electoral y, menos aún, ser selectiva, resaltando temas convenientes y guardando silencio en asuntos incómodos.